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La Segunda Esposa de la Mafia

La Segunda Esposa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Sustituto/a / Amor eterno / Tú no me amas / Completas
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Senja

Keyla nunca imaginó que una noche de terror la encadenaría al hombre más peligroso de la ciudad. Dominic Alfred, heredero del imperio mafioso más poderoso, la obliga a casarse para proteger un secreto. Lo que empieza como una prisión de lujo se transforma en un campo de batalla donde el orgullo, la pasión y un embarazo inesperado reescriben las reglas del juego.

Pero cuando la exnovia de Dominic regresa dispuesta a destruirlos, y el hermano de este cae en las garras de una mujer con sed de venganza, dos parejas descubrirán que el amor más intenso nace donde menos lo esperas: entre balas, mentiras y besos robados.

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Capítulo 10 El tesoro detrás de la selva

—¡Todo esto es culpa tuya, mamá! ¡Si no hubieras tendido la trampa a Keyla con la intención de venderla, Dominic jamás se habría cruzado con ella! —estalló Clara, rompiendo el silencio de la lujosa habitación de hotel donde se hospedaba Siska.

La respiración de Clara era agitada; sus ojos, enrojecidos de furia, perforaban a su madre, que permanecía inmóvil en una esquina de la cama.

Siska se mordía las uñas sin parar, un hábito de cuando se sentía acorralada. Desde que Clara llegó esa tarde, no le había dado ni un segundo para defenderse.

Los objetos del tocador —frascos de perfume caro, polveras, hasta un florero— yacían desperdigados por el suelo tras el arrebato de Clara.

—¡Ahora tú vas a hacerte responsable! ¡Haz lo que sea para que Dominic se separe de Keyla! ¡No pienso ser la segunda esposa! ¡No tolero que mi propio marido me desplace, y menos por esa mujerzuela! —Clara arrojó un cojín contra el espejo, descargando todas sus emociones.

—¡Escúchame primero, cariño! —respondió Siska—. Al principio lo hice para que esa chica desapareciera de nuestras vidas de una vez. ¡Quería que se esfumara para que nadie supiera que es tu hermanastra! ¿Acaso quieres que, estando en la cima de tu carrera, todo el mundo se entere de que tu padre tuvo una aventura y engendró una hija ilegítima? ¡Lo hice para proteger tu nombre!

—¡Sí, pero no metiéndola en la cama con mi marido! —gritó Clara con la cara encendida.

—¡Yo nunca la metí con Dominic! ¿Cómo iba a saber que Dominic entraría en esa habitación? —Siska se incorporó, su voz también subió de tono por la frustración—. Originalmente vendí a Keyla al señor Hanzo. ¿Sabes quién es, no? ¡Ese viejo era quien debía acostarse con Keyla, no tu marido!

Clara se quedó helada. Sabía perfectamente quién era Hanzo. Un multimillonario despiadado, rival comercial de la familia de Dominic.

No entendía cómo su madre se había involucrado con un hombre tan peligroso. Si realmente era Hanzo quien debía estar ahí, significaba que la noche anterior se había producido un error fatal.

—¿Y ahora qué vas a hacer? —preguntó Siska, mirando a su hija, que lucía destrozada.

—¡Qué voy a saber! —escupió Clara, limpiándose las lágrimas con brusquedad—. Mañana tengo que volar a París para una sesión de fotos internacional. Tendré que dejar a Dominic solo con esa mujerzuela durante una semana. Dios, la idea me resulta insoportable, mamá.

Clara se acercó y sacudió los hombros de su madre con violencia.

—¡Piensa algo! ¡Usa esa cabeza retorcida que tienes para deshacerte de ella mientras yo no estoy! —añadió.

Siska hizo una mueca de dolor, pero sus ojos se desviaron hacia el lujoso bolso de Clara.

—Y... ¿qué hay de la mensualidad de mamá? Ya sabes, mis tratamientos de belleza y el círculo social me salen muy caros —dijo.

Esas palabras fueron como gasolina sobre el fuego. Clara la soltó y la miró con incredulidad.

—¿Sigues pensando en dinero mientras a tu hija la está traicionando su marido? ¿Sigues pensando en tu club de señoras mientras mi posición está amenazada? —le escupió Clara.

Siska se quedó muda y volvió a agachar la cabeza. Si no le pedía dinero a Clara, ¿a quién más podría pedírselo? El padre de Clara era solo un jubilado cuyo patrimonio ella ya había exprimido hasta la última gota.

—¡Eres una interesada de lo peor! —chilló Clara.

—¿A dónde vas? —preguntó Siska al ver a Clara caminar a grandes zancadas hacia la puerta.

—¡A casa! No quiero que mi marido siga a solas con Keyla en esa mansión. Acuérdate de lo que te dije: piensa cómo separarlos. Si no lo haces, ¡no te vuelvo a transferir ni un centavo! ¡Que te conviertas en mendiga de una vez! —amenazó Clara antes de azotar la puerta con tanta fuerza que la vibración recorrió toda la habitación.

Siska se quedó pálida como un fantasma.

—Dios mío, eso no. Si me quedo sin dinero, me expulsan del grupo de señoras —murmuró presa del pánico.

* * *

Diego acababa de regresar del trabajo y fue recibido con las noticias candentes sobre su hijo menor.

—No estarás bromeando, ¿verdad, cariño? ¿Dominic se casó otra vez? —preguntó Diego. El hombre de mediana edad aún lucía muy gallardo con su traje de oficina; abrazaba a Elise por la espalda mientras ella se cepillaba el cabello frente al espejo.

—Por supuesto que no, Diego. Hasta yo me quedé en shock cuando apareció esta tarde con esa jovencita —dijo Elise, girándose en el abrazo de su marido para acariciarle el rostro cansado—. Se llama Keyla. Me da lástima, aunque Clara diga que solo es una chica de club nocturno.

Diego bufó y soltó el abrazo para aflojarse la corbata.

—¡Mira que el muchacho se fue a buscar una chica de club! ¿Tan mal le va con su esposa que tiene que andar picoteando por ahí?

¡Plas!

Elise le dio un golpe en el brazo bastante fuerte.

—¡Cuida esa boca! Nuestro hijo no es tan ruin. Seguro hay una razón poderosa detrás de su decisión. No podemos tomar partido por uno solo. Tenemos que ver ambos lados antes de juzgar —dijo Elise.

Diego soltó una risita y atrajo a Elise de vuelta a sus brazos.

—Confío en tu criterio, cariño. A todo esto, ¿qué cocinaste? Me muero de hambre —dijo Diego mientras le robaba un beso fugaz en los labios.

—La comida favorita de todos los de la casa, por supuesto. Ahora ve a ducharte y prepárate. Bajaremos a cenar con ellos. Quiero ver cómo Dominic trata a su nueva esposa delante de nosotros —dijo Elise empujando a su marido.

—Báñame tú —gimoteó Diego con un tono mimoso que no pegaba en absoluto con su cara de pocos amigos.

—¡Oye, viejo! ¡Mírate al espejo, que ya tienes tres nietos! ¡Que te dé vergüenza con Zoey! —Elise se rio.

—¡Me da igual! ¡Nietos son nietos y esposa es esposa! —replicó Diego mientras arrastraba a Elise hacia el baño, haciendo caso omiso de toda la tensión que reinaba en la casa.

—¡Abuelo! ¡Abuela! ¡Bajen lápido! ¡Zoey ya no aguanta más, los gusanitos de la panza de Zoey se están muliendo de hamble! —un chillido agudo resonó justo al otro lado de la puerta, seguido de los golpes enérgicos de las manitas de Zoey.

Diego, que estaba a punto de echar el cerrojo del baño, se quedó petrificado. Su rostro intimidante palideció de golpe.

—¡Maldición! ¡Esa niña otra vez molestando! —gruñó Diego masajeándose las sienes—. ¡La cabeza de arriba me duele por lo de Dominic y la de abajo me la arruina mi propia nieta!

Elise se rio al ver la expresión frustrada de su marido. Con agilidad se abrochó de nuevo el botón de la blusa que se le había abierto.

—¡Te lo mereces! ¡Ya te dije que pusieras el cerrojo antes de pedir tu cuota a la hora de la cena! —dijo Elise sacándole la lengua a Diego.

—Sí, sí, cariño. Ríete ahora —siseó Diego con picardía, subiendo y bajando las cejas con mirada provocadora—. Esta noche te aseguro que no vas a poder escapar a ningún lado. Sin Zoey, sin nadie. Solo tú y yo.

—¡Abuelo! ¡Abuela! ¡Vamos! ¡Zoey quiele pollo flito!

Los golpes en la puerta se volvieron cada vez más feroces.

Diego al fin se rindió y abrió la puerta. Allí estaba Zoey, con los brazos en jarras y las mejillas infladas.

—¡Taldaron mucho! ¿Abuelo estaba jugando a las escondidas con abuela adentlo? —preguntó Zoey con suspicacia, olfateando el perfume de su abuela.

—Abuelo estaba... buscando un tesoro detrás de la selva —respondió Diego al vuelo mientras levantaba a su nieta en brazos.

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Rosa Escalona
felicitaciones, beeeella, excelente, gracias por compartir.
Marta Luisa Nebreda Escalante
me gustaría saber las edades de ella ( la pequeña ) y del Dom. Tal vez se me pasó por alto al principio, pero no creo, presto mu ha atención a lo q leo🤔
Karina Moreno
está buena la trama me gusta
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