Ella fue a la cárcel por un crimen que no cometió su marido la dejo sola, los 5 años que estuvo en prisión cuando salía la persona la juzgaba y decidió irse a otro país y cumplir sus sueños 6 años después regresa solo para visitar a su familia y por una promesa que le hizo a su madre muerta, allí se vuelve a encontrar con su marido.
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Fuerte como un roble, frágil como sus hojas
Narrador
Es un día gris. En este momento está lloviendo; cae sin pausas como si quisiera llover todo el día. Por lo pronto, no se detendrá.
Estacionado frente a la cárcel de la ciudad, un auto se estacionó; dentro de este se encuentra una mujer, a la espera de la liberación de una persona muy importante para ella. Hoy era el día que por fin su amiga saliera de ese sitio de oscuridad. Fueron cinco duros y largos años en los que su amiga luchó para tener una posibilidad de ser escuchada.
Cinco años le llevó a Victoria Campos demostrar su inocencia. Fue acusada y condenada por un crimen que ella no cometió; no se hicieron las investigaciones correspondientes, no tenía opción que luchar ella sola una justicia injusta.
Anna, la mujer del auto y su hermana del corazón, se encontraba allí, a la espera de su salida.
La ansiedad consumía a Anna; por años estuvo esperando este reencuentro fuera de aquel sitio. Ahora solo faltaba un momento. Quería abrazar a su amiga y darle todo ese sentimiento de seguridad que necesitaría ahora. La vida para Victoria ahora comenzaría con una batalla nueva que enfrentar.
El tiempo parecía una eternidad, pero por fin las puertas se abrieron. Y dejaron ver la figura de una mujer atravesando por ella.
No era la mujer de hace cinco años; estaba más delgada, su piel estaba pálida. Su cabello corto, ahora, llegaba hasta su cintura. Pero lo más significativo era su mirada; era una mirada triste, de desgano. No quedaba nada, al parecer, de la muchacha alegre y risueña. Su sonrisa, esa que llevaba siempre en sus labios, ya no estaba.
Anna corrió hacia ella. Como si fuera una ráfaga de viento, la envolvió en sus brazos. Ese abrazo que Victoria estaba necesitando para darle valentía, y hasta ese momento no se había dado cuenta de que lo estaba necesitando.
Duró unos minutos.
Cuando se separaron, Victoria sintió un vacío.
Subieron al auto de Anna, en silencio. Pero Anna cortó ese silencio.
—Mi querida amiga... Me encantaría decirte muchas cosas, pero no me alcanzarían las palabras para explicar lo que siento.
Anna estaba muy feliz; ver a su amiga le llenaba el alma.
Desde que Victoria fue encerrada, Anna intentó ayudarla. No contaba con los medios, ni mucho menos los recursos, para llevar una investigación. Así que lo hizo, pero en silencio y en secreto. Sin saber, en ese momento, que Victoria desde la cárcel estaba intentando contactar con la única persona que podía darle una cuartada y ayudarla a salir.
Se pudo demostrar la inocencia de Victoria, pero algo aún seguía oculto. ¿Quién era el verdadero asesino?
Victoria sacó a Anna de sus recuerdos.
—Shh.. No tiene que decirme nada, sé lo que has luchado para ayudarme a demostrar mi inocencia.
Victoria miró por última vez la cárcel. Mientras Anna encendía el auto y se alejaba de allí.
Volvieron a guardar silencio.
Victoria pasó cinco años tras las rejas. Al alejarse del lugar, comenzó a relajarse por un momento. Pero en el siguiente la invadió un sentimiento de miedo.
Fue juzgada no solo por la justicia en su momento, sino por toda una sociedad. Todos hablan de ella por ser la asesina de su suegra. Y a pesar de que ahora salió a la luz su inocencia, sabía que delante de la sociedad ella seguía siendo culpable. Era una nueva batalla con la cual lidiar ahora.
Y le temía, temía a la mirada de la gente.
Porque no solo se puede dañar físicamente; las miradas, las palabras también pueden ser puñaladas dadas al alma.
Anna, que notó que su amiga estaba perdida en sus recuerdos, volvió a hablar para romper ese silencio.
—No pienses tanto.
Sabía en lo que ella se encontraba pensando, y en este momento debería estar disfrutando el afuera y no pensando en el mañana.
—¿Lista para volver a tu vida?
Volver a su vida, como si eso pudiera pasar. Sabía que su amiga no se lo preguntaba con malas intenciones. ¿Podía volver a la vida de antes? Eso era completamente imposible.
Victoria miraba a la nada.
—¿Lista?… No. Y volver a mi vida, eso no lo creo posible. Hoy comienza una nueva vida, una que no me siento preparada para enfrentar —suspiró. —Soy libre... Pero con una condena social aún, van a mirar cada paso que dé, y me juzgarán más que antes.
—Lo sé. Y también sé que eres fuerte y que vas a poder con los obstáculos del camino.
Victoria volvió a suspirar. Sus ojos estaban llenos de tristeza.
—¿Quiere saber algo? —Miraba a la nada. —A veces me siento fuerte como un roble... Y muchas otras, frágil como sus hojas.
Hizo una pausa...
Victoria recordó al hombre que le hizo un juramento ante Dios. Y ese mismo hombre la acusó, sin siquiera darle un mínimo de duda.
Ella entendió su dolor. Era su madre la que falleció de una forma tan devastadora. Y ella era su esposa, y se preguntaba cada noche: ¿Por qué no hubo dudas de su parte? ¿Por qué se comportaba tan extraño? Desde el viaje de negocios, antes de lo sucedido, su Daniel ya no era el mismo que una vez conoció.
—Aquí estamos para darte fuerzas. —Hablo Anna. —Vamos a ese reencuentro que tanto esperaste.
Sí estaba esperando ese reencuentro, fuera de aquel sitio. Quería abrazar con todas sus fuerzas a su padre.
En silencio pasaron los siguientes treinta minutos. Al llegar al lugar, se estacionaron frente a una hermosa casa blanca, repleta de flores en su jardín, y un gran cerezo se imponía majestuoso en este. Al fondo se veía un gran ventanal con cortinas beige.
Y detrás de las cortinas se asomaba la cabeza de un joven. Cuando la vio, salió corriendo a su encuentro.
Al estar a escasos metros, se lanzó a sus brazos y la abrazó con tanta fuerza que parecía que iba a romperla.
—Bienvenida a casa, hermana.
Le besó la frente.
—No te imaginas cuánto te extrañé.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Mi pequeño…
Victoria acarició su cabeza, sin poder contener su propio llanto.
—¿Cómo estuviste?
—Bien… pero ahora mejor. Entra. Hay un hombre ahí adentro que hace años espera este momento.
La tomó de la mano y la llevó hacia la casa.
Ya adentro, Lorenzo comenzó a llamar a su padre.
—Papá, papá... Ven. —Grito Lolo.
Un hombre de cabello blanco apareció en la sala, y al ver a la mujer parada allí, pensó por unos minutos estar viendo una alucinación. Pero no, ella estaba allí de verdad; sus ojos se pusieron cristalinos. Su amada hija había vuelto a casa; se acercó a ella y la abrazó...
—Mi bebé… mi pequeña…
La apretó contra su pecho como si el mundo pudiera volver a arrebatársela.
Pero esta vez no.
Esta vez, Victoria estaba en casa.
pero era amigo del verdadero Daniel y lo podía descubrir.