reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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Episodio 8: Ya no puedes controlarme
Lucía apenas cruzó la entrada del ducado cuando lo vio, no fue sorpresa, de hecho ya lo esperaba, esa forma de estar de pie, rígido, con la mirada fija como si ya hubiera tomado una decisión antes de escuchar cualquier cosa, y detrás de él, como si fuera parte del mismo cuadro, Nieves, con los ojos húmedos, sujetándose ligeramente el brazo como si necesitara apoyo, como si hubiera pasado por algo terrible, y Lucía, sin detenerse del todo, sin apurarse tampoco, simplemente los miró con esa calma que ya se había vuelto costumbre en ella, “predecible”, pensó, y siguió caminando como si no hubiera nada más importante que hacer.
—Lucía.
La voz de Kilian la obligó a detenerse, no porque quisiera, sino porque sabía que no lo haría parar hasta obtener lo que quería, así que giró apenas el rostro, lo suficiente.
—¿Sí, duque?
El tono… educado, pero frío.
Eso le molestó más de lo que esperaba.
—Discúlpate con Nieves.
Directo.
Sin rodeos.
Como si fuera lo lógico.
Lucía lo miró unos segundos, en silencio, luego su mirada pasó a Nieves, que bajó la vista con una expresión débil perfectamente ensayada.
—¿Por qué?
Preguntó con calma.
Kilian frunció el ceño.
—Sabes lo que hiciste.
—No.
Respondió sin cambiar la expresión.
—No lo sé.
Eso lo irritó.
—La humillaste en público.
—Ah…
Lucía asintió ligeramente.
—Entonces sí lo sé.
Una pequeña pausa.
—Pero no veo el problema.
El ambiente se tensó.
Nieves apretó ligeramente la tela de su vestido.
Kilian dio un paso al frente.
—Te estás pasando.
—No.
Respondió ella.
—Solo estoy respondiendo.
Silencio.
—Si no quieres que alguien quede en ridículo…
Continuó, mirándolo directamente.
—No lo pongas en una situación ridícula.
Eso lo dejó sin respuesta por un segundo.
Solo uno.
Pero se notó.
—Discúlpate.
Insistió, más frío.
—No.
Lucía no dudó.
—No lo haré.
Y antes de que él pudiera decir algo más, añadió con total tranquilidad.
—Y no vuelvas a darme órdenes como si tuviera que obedecerte.
La mirada de Kilian cambió.
Eso…
No lo esperaba.
Pero antes de que la situación escalara más, Lucía simplemente pasó a su lado, sin empujarlo, sin mirarlo otra vez, como si ya no valiera la pena seguir hablando, y eso… fue lo que más le molestó.
No el rechazo.
Sino la indiferencia.
Los días siguientes no fueron silenciosos.
Fueron… interesantes.
Porque lo que pasó en la boutique no se quedó ahí.
Se habló.
Mucho.
Sirvientes, comerciantes, personas que estuvieron presentes… todos tenían una versión, todos contaban lo mismo con pequeñas diferencias, pero el punto era claro.
La duquesa Lucía ya no era la misma.
Y lo más importante…
No había sido humillada.
Había hecho quedar mal a Nieves.
Y eso…
En un lugar donde las apariencias lo eran todo…
Pesaba.
Lucía lo notó rápido.
Las miradas cambiaron.
El trato también.
Más respeto.
Más cuidado.
Más atención.
—Mmm…
Pensó mientras caminaba por uno de los pasillos.
—Esto sirve.
No era algo que buscara directamente.
Pero le convenía.
Y mucho.
Porque si quería salir de ese matrimonio…
La reputación iba a ser clave.
No perdió tiempo.
Si algo tenía claro, era que no podía depender solo de palabras, necesitaba pruebas, algo sólido, algo que pudiera usar cuando llegara el momento, así que empezó a observar más, a escuchar más, a recordar detalles, horarios, movimientos, visitas.
Kilian no era discreto.
Nieves tampoco.
Eso jugaba a su favor.
—Primero pruebas…
Pensó.
—Luego aliados.
No era un plan perfecto.
Pero iba tomando forma.
Incluso empezó a acercarse a ciertos sirvientes, no con amabilidad exagerada, sino con justicia, con firmeza, dándoles razones para estar de su lado sin que pareciera obvio.
—Todo suma…
Murmuró un día mientras revisaba unos documentos.
Kilian, por su parte, no estaba tranquilo.
Al inicio pensó que era algo temporal, un capricho, una reacción pasajera, que en cualquier momento Lucía volvería a ser como antes, insistente, emocional, buscando su atención, pero los días pasaron… y eso no ocurrió.
Al contrario.
Se alejaba más.
Lo ignoraba más.
Y lo peor…
No parecía afectarle.
—¿Qué le pasa…?
Murmuró una noche.
Recordando esa forma en que lo miraba ahora.
Sin nada.
Ni amor.
Ni tristeza.
Nada.
Eso era… incómodo.
Molesto.
Pero también…
Extraño.
—Está diferente…
Y por primera vez, no estaba tan seguro de tener el control.
Nieves tampoco estaba tranquila.
Aunque intentaba mantener su imagen, esa calma perfecta, esa dulzura que todos veían, por dentro estaba irritada.
Porque algo había cambiado.
Y no a su favor.
—Los rumores…
Murmuró mientras caminaba por el jardín.
—No me gustan.
Antes todo era simple.
Lucía era inferior.
Lucía era débil.
Lucía era fácil.
Pero ahora…
—Es molesta…
Y peligrosa.
Porque no reaccionaba como debía.
Y eso rompía el juego.
El tiempo pasó.
Días.
Semanas.
Y sin darse cuenta…
Tres meses y medio.
El embarazo de Lucía avanzaba bien, su cuerpo se veía más fuerte, más saludable, su presencia en el ducado ya no era ignorada, y su nombre… empezaba a tener peso propio.
Ya no era solo “la esposa del duque”.
Era…
La duquesa.
Por sí misma.
Ese día, mientras caminaba por el jardín con tranquilidad, una mano descansó sobre su vientre de forma natural, no por debilidad, sino por costumbre.
—Vamos bien…
Murmuró en voz baja.
Su mirada se levantó ligeramente.
Tranquila.
Firme.
—Todo está saliendo bien.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…
No solo estaba sobreviviendo.
Estaba ganando.