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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: EL PRIMERO EN ROMPERSE

Siempre hay uno que no aguanta.

No importa qué tan fuerte parezca el grupo, no importa cuánto tiempo hayan actuado juntos, siempre hay alguien que no está hecho para soportar la presión, alguien que empieza a fallar cuando las cosas dejan de ser un juego y se convierten en algo real.

Y yo solo tenía que encontrarlo.

No fue difícil.

Porque el miedo ya no estaba oculto, ya no estaba disfrazado, ya no se escondía detrás de risas o miradas indiferentes, ahora estaba ahí, visible, filtrándose en cada gesto, en cada palabra mal dicha, en cada silencio que duraba más de lo normal.

Y él…ya estaba cediendo.

Lo noté en la forma en que evitaba el contacto visual, en cómo se alejaba un poco más cada vez que yo pasaba, en la tensión constante en sus hombros, como si su cuerpo ya estuviera reaccionando antes que su mente.

Daniel.

No era el líder.

No era el más fuerte.

Pero estaba ahí.

Y eso era suficiente.

Esperé hasta el momento adecuado, hasta que el flujo de estudiantes bajara, hasta que los pasillos no estuvieran completamente llenos pero tampoco vacíos, lo suficiente para que hubiera presión, para que hubiera testigos, pero no intervención.

Entonces lo seguí.

No de forma obvia.

No de forma apresurada.

Solo lo suficiente para que no pudiera escapar sin darse cuenta.

Cuando giró en uno de los pasillos laterales, más alejados del ruido principal, supe que ese era el momento.

—Daniel.

Mi voz lo detuvo en seco.

No gritó.

No corrió.

Pero su cuerpo se tensó.

Eso lo decía todo.

Se giró lentamente.

Y cuando me vio…no intentó fingir.

—Yo no hice nada —dijo de inmediato.

Demasiado rápido.

Demasiado directo.

Caminé hacia él.

Sin prisa.

Sin detenerme.

—No te pregunté —respondí.

Silencio.

Daniel dio un paso atrás.

Instintivo.

—No tienes que meterte conmigo —añadió—. Yo no era como ellos.

Me detuve frente a él.

Lo miré.

Fijamente.

—Pero estabas ahí.

Esa frase lo golpeó más que cualquier cosa.

Porque era verdad.

Y lo sabía.

—No es lo mismo —insistió, pero su voz ya no era firme.

Di un paso más cerca.

—Sí lo es.

Silencio.

Pesado.

Incómodo.

Daniel miró a los lados.

Buscando salida.

Buscando ayuda.

Pero no había nadie.

Y aunque la hubiera…nadie iba a intervenir.

—Escúchame —dijo, bajando la voz—. Esto se está saliendo de control.

Sonreí levemente.

—Ese es el punto.

Esa respuesta lo desarmó.

Porque no esperaba eso.

No esperaba que lo dijera tan claro.

—Tú no entiendes —añadió, nervioso—. Esto no empezó así… las cosas se fueron dando…Ahí estaba.

La grieta.

—Explícate —dije.

Silencio.

Dudó.

Miró al suelo.

Pensó.

Porque pensar demasiado en ese momento…solo lo iba a hundir más.

—Valentina… —empezó—. Ella fue la que empezó a decir cosas… al principio eran bromas…Se detuvo.

Tragó saliva.

—Luego Mateo siguió… y los demás… solo…

No terminó la frase.

No hacía falta.

—Solo qué —presioné.

—Solo… seguimos —respondió finalmente, casi en un susurro.

Ahí estaba.

La verdad.

Simple.

Cruda.

Real.

Nadie obligó a nadie.

Solo eligieron hacerlo.

Sentí cómo algo dentro de mí se afirmaba, cómo todo encajaba, cómo cada pieza tomaba su lugar, no para darme paz…

sino dirección.

—¿Y yo que? —pregunté.

Daniel bajó la mirada.

—Se te fuiste apagando… —murmuró—. Al principio respondía… luego dejaste de hacerlo…

Silencio.

Esa parte…ya la sabía.

Pero escucharla…la hacía más real.

Más concreta.

Más imperdonable.

Di un paso atrás.

No porque hubiera terminado.

Sino porque ya tenía lo que necesitaba.

—Yo no quería que terminara así —añadió rápidamente.

Lo miré.

Sin emoción.

—Pero terminó así.

Silencio.

Daniel no respondió.

Porque no podía.

Porque no había nada que decir.

Me giré lentamente.

Pero antes de irme…me detuve.

Sin mirarlo.

—Eres el primero —dije.

Su respiración se cortó.

—¿El primero qué? —preguntó.

Sonreí levemente.

Y esta vez…no fue amable.

—En entender.

Silencio.

No añadí nada más.

No hacía falta.

Porque ahora sabía.

Sabía quién empezó.

Sabía quién siguió.

Sabía quién permitió.

Y eso…lo cambiaba todo.

Mientras caminaba de regreso, sentí algo más.

Una mirada.

Diferente.

Giré levemente.

Adrián.

Otra vez.

Observando.

Pero esta vez…no solo mirando.

Había escuchado.

Lo suficiente.

Y eso…lo metía directamente en el juego.

Sonreí apenas.

Porque ahora…ya no había vuelta atrás.

Y cuando el primero se rompe… los demás no tardan en caer.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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