Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Amber 1
Ayer, en lo que perfectamente podría catalogarse como “la peor siesta laboral de la historia”… o “la mejor, dependiendo del punto de vista”, todo cambió.
Ella recordaba estar sentada frente a su escritorio, con la espalda hecha un nudo y los ojos ardiendo de cansancio. Había suspirado, mirando la pantalla con odio silencioso, y murmuró algo como.. “solo cinco minutos… nadie se dará cuenta”. Se levantó, caminó tambaleante hasta la pequeña habitación de descanso y se dejó caer en la cama.
Cinco minutos.
JA.
Apenas cerró los ojos, un ruido estruendoso sacudió todo. Algo así como una explosión, o tal vez alguien tirando un archivador gigante… o el universo diciéndole.. “hasta aquí llegaste, reina”.
Y luego… nada.
Silencio.
Oscuridad.
Y después…
—¿Eh…?
Sus ojos se abrieron lentamente, pero el techo que vio no era el blanco barato de la oficina. No. Era alto, decorado con molduras doradas, con una lámpara de cristal que parecía sacada de una película histórica. Parpadeó varias veces, convencida de que seguía soñando.
Se incorporó de golpe.
—…¿Dónde está mi… computador? ¿Mi café frío? ¿Mi dignidad laboral?
Nada.
En su lugar, estaba sentada sobre una cama enorme, con sábanas suaves como nubes. Levantó una mano… y se quedó congelada.
—…¿ESTA MANO ES MÍA?
Dedos largos, piel impecable, uñas perfectas. Bajó la mirada lentamente… muy lentamente… como quien no quiere enfrentarse a la realidad.
Vestido elegante. Tela fina. Bordados delicados.
Corrió hacia un espejo que estaba a un lado de la habitación… y entonces lo vio.
Cabello castaño largo cayendo como en comercial de shampoo caro. Ojos verdes brillantes. Rostro… ridículamente hermoso.
Se quedó en silencio unos segundos.
—…ok. Ok. Okey. Esto puede explicarse.. Claramente… esto es un sueño. Sí. Un sueño. Probablemente me quedé dormida en el trabajo y ahora mi cerebro decidió compensar mi miseria dándome cara de diosa.
Se acercó más al espejo.
—Aunque debo admitir… excelente elección, cerebro.
Se pellizcó la mejilla.
—Au.
Silencio.
—…No desperté.
Respiró hondo.
—…No desperté.
Volvió a pellizcarse. Más fuerte.
—¡AU!
Nada.
—…Perfecto. Simplemente perfecto. Me morí por una siesta.
Se dejó caer en una silla cercana, mirando al vacío.
—Mi jefa va a decir.. “¿Dónde está?” y alguien responderá.. “murió durmiendo en la hora de colación”. Qué forma tan poco digna de irse…
Pero entonces.. Un leve dolor punzante en la cabeza.
—¿Eh?
Se llevó la mano a la sien… y de pronto, como si alguien hubiera abierto una puerta en su mente, los recuerdos comenzaron a filtrarse.
Fragmentos. Imágenes. Voces.
Un nombre.
Un título.
Una vida.
Una familia.
—…espera… —susurró, frunciendo el ceño.
Más recuerdos llegaron, esta vez más claros. Ella… no era solo ella. Era otra persona también. Una joven noble. Una dama de alta sociedad. Alguien… importante.
Se puso de pie de golpe.
—…¿soy rica?
Más recuerdos.
Vestidos.
Eventos.
Sirvientes.
—…¿SOY RICA?
Se llevó ambas manos a la cara, conteniendo un grito.
—¡¿ME ESTÁS DICIENDO QUE CAMBIÉ MI TRABAJO HORRIBLE POR SER UNA BELLEZA ARISTOCRÁTICA?!
Se quedó en silencio unos segundos.
Luego sonrió.
Una sonrisa lenta… peligrosa… satisfecha.
—…bien, universo. Te perdono.
Se giró con elegancia improvisada, casi tropezándose con el vestido en el proceso.
—Primero.. entender dónde estoy. Segundo.. confirmar exactamente CUÁN rica soy. Tercero…
Se miró otra vez al espejo, acomodándose el cabello como si llevara toda la vida haciéndolo.
—…disfrutar esta mejora absurda de vida.
Se detuvo.
Parpadeó.
—Aunque… una cosa.
Miró alrededor.
—¿Por qué siento que esto va a salir mal en cualquier momento?
El golpe en la puerta aún resonaba en la habitación cuando ella abrió la boca para responder..
—Yo no—
Pero no pudo terminar.
Un vértigo brutal la atravesó de pronto, como si su mente hubiese decidido abrir demasiadas ventanas al mismo tiempo. Su respiración se volvió irregular, sus manos temblaron… y antes de que pudiera sostenerse, cayó de espaldas sobre la cama.
—…ah… —un susurro débil escapó de sus labios.
Y entonces, los recuerdos llegaron.
No como antes, fragmentados y confusos… sino como una avalancha.
Imágenes claras.
Nítidas.
Innegables.
Un nombre se impuso sobre todos los demás..
Amber Clifford.
La sexta hija de la familia Clifford.
Vio un gran salón iluminado por candelabros, su reflejo deslizándose entre nobles con una elegancia natural. Escuchó risas, conversaciones refinadas, elogios susurrados a su paso. Era hermosa… no, deslumbrante. Inteligente, educada, con una reputación impecable.
—…soy… ella… —murmuró, con la mirada perdida.
Las imágenes continuaron.
Su familia. Sus hermanas. Su padre, un hombre respetado, influyente… involucrado en importantes negocios con el Imperio de Oriente.
Riqueza.
Prestigio.
Poder.
Pero entonces..
El tono cambió.
Como si alguien hubiera rasgado la tela de una pintura perfecta.
Oscuridad.
Frío.
El sonido de cadenas.
Amber.. ella.. estaba de rodillas en un calabozo húmedo. Su cabello, antes brillante, caía desordenado sobre su rostro. Sus manos… marcadas. Su mirada… vacía, pero aún resistiendo.
—…no… —susurró la Amber actual, aferrándose a las sábanas.
Más imágenes.
Gritos.
Soldados.
Una firma.
Un contrato.
Traición.
Su padre… perdiéndolo todo. Negocios fallidos. Deudas impagables. El Imperio de Oriente retirando su favor… y aplastando todo lo que quedaba.
La familia Clifford… cayendo.
Despojados.
Humillados.
Perseguidos.
—…no… no… no… —negó, sacudiendo la cabeza mientras lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
Otra escena.
Una más.
La más dolorosa.
Sus hermanas… separadas.
Su padre… desaparecido.
Y ella…
Encerrada.
Sola.
Abandonada a un destino cruel.
El peso de esos recuerdos.. no, de ese futuro.. la aplastó. Su pecho subía y bajaba con dificultad, como si le faltara el aire.
—…eso no… eso no puede pasar… —susurró con voz quebrada.
Pero lo había visto.
Lo había sentido.
No era una posibilidad lejana.
Era su destino… si no hacía nada.
Poco a poco, las imágenes dejaron de atacarla y comenzaron a ordenarse, como piezas de un rompecabezas finalmente encajando en su lugar. Su respiración se estabilizó, aunque su cuerpo seguía temblando levemente.
Se llevó una mano al pecho.
—…Amber Clifford… —repitió, ahora con más firmeza.
Sus ojos verdes, aún húmedos, se abrieron lentamente.
Ya no había confusión en ellos.
Había miedo, sí.
Pero también algo más.
Determinación.
—…no voy a terminar así.
Se incorporó despacio, apoyándose en la cama. Su reflejo en el espejo ya no le parecía ajeno.
Era ella.
Y esta vez… sabía lo que venía.
—Si ese es el futuro… entonces lo voy a cambiar.
Un nuevo golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos.
—Señorita Amber..
Ella se quedó en silencio unos segundos.
[asi que ahora soy Amber Clifford]