Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 11: El choque
El sonido del agua aún vibraba en sus oídos cuando Aura salió del tocador.
Había logrado calmarse.
O al menos… eso creía.
Empujó la puerta.
Dio un paso.
Y chocó con alguien.
—Lo siento—
Alzó la mirada.
Y el mundo se detuvo.
Mauricio.
Frente a ella.
A centímetros.
Más duro. Más frío.
Pero inconfundible.
El aire desapareció.
Sus ojos negros se clavaron en los suyos… y en ese instante, seis años dejaron de existir.
—…Tú.
Salió de sus labios grave, contenido… como si llevara años atrapado en su pecho.
A Aura le falló el aliento.
—Mauricio…
Silencio.
Él fue el primero en romperlo.
—Vaya… —su voz sonó áspera—. Pensé que estabas muy ocupada con tu nueva vida.
El golpe fue directo.
Aura no retrocedió.
—Y yo pensé que tú ya no te interesabas por la mía.
Mauricio soltó una risa seca.
—Créeme… no me interesa.
Mentira.
Ambos lo sabían.
El silencio volvió, más tenso.
Más peligroso.
—Desapareciste —dijo él, dando un paso más cerca—. Sin decir nada.
Aura sostuvo su mirada.
—No desaparecí… me fui.
—¿Ah, sí? —su tono se volvió más duro—. ¿Y dejarme los papeles del divorcio firmados también fue “irte”?
Ahí dolió.
Pero esta vez… ella no dudó.
—Los firmé —respondió—. Porque tú me los enviaste.
Mauricio frunció el ceño.
—¿Qué...?
—Tu me enviaste esos papeles...—replicó ella, firme—. Dejaste bastante claro lo que querías.
El aire se volvió más pesado.
Algo no encajaba.
Pero ninguno estaba dispuesto a ceder.
—Te fuiste —insistió él, la rabia subiendo—. Sin dar la cara.
—No tenía nada más que decir —respondió ella, conteniendo la emoción—. Todo estaba dicho.
—¡No! —su voz se tensó—. Lo que hiciste no tiene perdón...
Aura lo miró.
Dolida.
De pronto…
la tomó del brazo.
Fuerte.
Aura se tensó al instante.
—¿Dónde está? —preguntó él, su voz baja, cargada de rabia—. ¿Dónde está tu amante?
El golpe fue brutal.
Aura lo miró como si no lo reconociera.
—Suéltame.
—Respóndeme —insistió, apretando más.
Pero ella no lo hizo.
No iba a hacerlo.
Sus ojos brillaron… por dignidad.
Por furia.
Con un movimiento firme, se soltó de su agarre.
—No tienes derecho —dijo, con voz baja pero firme.
Y eso…
fue peor que cualquier grito.
Mauricio se quedó quieto.
Ella lo sostuvo un segundo más con la mirada.
Un segundo cargado de todo lo que aún existía.
Y se giró.
Se fue.
Sin mirar atrás.
Cruzó el restaurante con pasos rápidos, el corazón desbordado… conteniendo todo lo que amenazaba con salir.
......................
Detrás de ella…
Mauricio no se movió.
La rabia seguía ahí.
Ardiendo.
Mauricio pasó una mano por su rostro, intentando recomponerse, pero no lo logró del todo. Su mandíbula seguía tensa, su mirada oscura.
Se giró con brusquedad y regresó a la mesa.
Silvana levantó la vista al verlo.
—¿Todo bien? —preguntó, observando su expresión.
—Sí —respondió seco.
Mentira.
Se sentó sin decir más.
Tomó la copa… pero no bebió.
Su mente no estaba allí.
Estaba en el pasillo.
En ella.
En sus palabras.
“Tú me enviaste los papeles del divorcio…”
Apretó la copa con más fuerza de la necesaria.
Algo no encajaba.
El jamás envío esos papeles...el los recibo de parte de su abogado.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En otra mesa…
Adrián terminaba de pagar la cuenta.
Aura había vuelto.
En silencio.
Controlada.
Pero con la mirada distinta.
—¿Lista? —preguntó él.
—Sí.
Salieron del restaurante.
El aire exterior fue un golpe de realidad.
Pero no suficiente para calmar lo que llevaba dentro.
Caminaron hacia la entrada.
Y entonces…
Los vio.
Mauricio.
Y Silvana.
De pie, uno al lado del otro, esperando el valet.
Cercanos.
Familiares.
Como si nunca se hubieran separado.
Como si…
todo lo que ella le dijo hace años fuera verdad.
El corazón de Aura dio un vuelco.
Ahí estaban.
Juntos.
Su pecho se tensó.
Entonces, siguen juntos…
El recuerdo de aquellas palabras regresó como un golpe:
“Estamos juntos… vamos a tener un hijo…”
Aura desvió la mirada de inmediato.
No iba a detenerse.
Adrián notó el cambio.
Pero no dijo nada.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mauricio levantó la vista.
Y la vio.
Saliendo del restaurante.
No sola.
Con Adrián.
Sus ojos se oscurecieron de inmediato.
La observó.
Cómo caminaba a su lado.
Cómo él estaba demasiado cerca.
Demasiado cómodo.
Demasiado… presente.
Y entonces, algo en su interior se quebró.
—Así que… —pensó con amargura—. este es.
Su mirada se endureció.
El amante.
Apretó la mandíbula.
Una idea cruzó su mente.
¿Qué pasaría si te denuncio por bigamia…aún eres mi esposa? — pensó.
El pensamiento le quemó por dentro.
Porque aunque la odiara…
Aunque supiera que lo traicionó…
Seguía siendo su esposa.
Nunca firmó.
Nunca cerró esa historia.
Y ahora…
La veía con otro hombre.
Sus ojos se clavaron en Adrián.
Con odio.
Adrián lo sintió.
Giró levemente la cabeza.
Sus miradas se cruzaron.
Dos hombres.
Dos intenciones completamente distintas.
Pero ninguno apartó la mirada.
Silvana, a un lado, notó el cambio.
Siguió la dirección de los ojos de Mauricio.
Y entonces…
La vio.
Aura.
El tiempo pareció detenerse un segundo.
Pero Silvana reaccionó rápido.
Demasiado rápido.
Su expresión no cambió.
Pero por dentro…
algo se tensó.
Porque entendió.
En ese instante.
Que el pasado…
acababa de regresar.
Y esta vez…
no iba a ser tan fácil controlarlo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La noche llegó tranquila...
Después de la cena, del baño y de las risas que Christopher siempre lograba arrancarle, Aura lo acomodó en la cama.
El libro abierto entre sus manos.
—…y entonces el pequeño príncipe encontró su camino de regreso a casa —leyó con voz suave.
Christopher la miraba con atención.
Aura cerró el libro despacio.
—¿Te gustó?
—Sí...es hora de dormir.
Pero el niño no cerró los ojos.
—Mamá…
—¿Sí?
—En mi escuela… los niños tienen papá.
El tiempo se detuvo.
Christopher continuó.
—Van a buscarlos… juegan con ellos… —hizo una pausa—. ¿Por qué yo no tengo?
Esa pregunta…
Sabía que llegaría.
Sus ojos se humedecieron apenas, pero se obligó a mantenerse firme.
—Mi amor…
¿Cómo decirle que sí tenía un padre… pero que estaba a solo unos metros de su vida sin saberlo?
Christopher la miraba.
Esperando.
Aura acarició su mejilla.
—Tú tienes a varias personas que te aman
—dijo finalmente, con suavidad—. A tus abuelos… a mí…
El niño no apartó la mirada.
—Pero no tengo papá.
—Lo siento…
Fue lo único que pudo decir.
Christopher se quedó quieto en sus brazos.
—¿Algún día lo voy a tener?
Aura apretó los labios.
El corazón le dolía.
Porque la respuesta…
no era sencilla.
Lo miró.
Y en ese instante…
Vio a Mauricio en él.
En sus ojos.
En su expresión.
En todo.
—Sí… —susurró finalmente, aunque no sabía cómo—. Algún día.
El niño sonrió levemente.
Satisfecho con esa promesa.
Se acomodó en la cama.
Y poco a poco…
se quedó dormido.
Aura se quedó ahí.
Con el corazón hecho pedazos.
Porque esa pregunta…
había abierto algo que ya no podía seguir evitando.
Y esta vez…
sabía que el pasado no iba a quedarse donde estaba.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...