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EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Sombras en el Diván

El Palacio de Topkapi era un organismo vivo, y ese día, su pulso era errático. Los rumores corrían por los pasillos como el agua entre las grietas: el Gran Visir, Ibrahim Pasha, estaba bajo la lupa. No había acusaciones públicas, no había guardias en su puerta, pero el aire se había vuelto gélido a su alrededor. La Valide Sultan había solicitado los registros de la aduana del puerto de Gálata, y lo había hecho con una discreción tan absoluta que solo alguien con un instinto asesino podría notar el peligro.

Dorian observaba el caos silencioso desde la seguridad de su nueva posición. Sus aposentos en el ala este eran un oasis de mármol blanco y seda color arena. A diferencia del Harén común, donde el ruido de las risas y las disputas era constante, aquí solo se escuchaba el canto de los pájaros en el jardín de los naranjos y el paso rítmico de los dos jenízaros que Selim había apostado en su puerta.

Dorian estaba sentado en el suelo, rodeado de pergaminos. Había pedido acceso a la biblioteca, alegando que deseaba aprender la lengua del imperio, pero su verdadero objetivo era mapear las alianzas de la corte a través de la caligrafía y los sellos de los documentos oficiales que lograba interceptar visualmente.

—Eres un enigma, Dorian —la voz de Selim resonó desde el umbral.

Dorian no se levantó, ni se inmutó. Siguió trazando caracteres en un papel de práctica, aunque su corazón dio un vuelco ante la presencia del Alfa. Selim entró en la habitación solo, habiendo dejado atrás su séquito. Vestía una túnica de seda azul oscuro, casi negra, que hacía que sus ojos ámbar resaltaran como brasas en la oscuridad.

—Aprender el idioma es el primer paso para no depender de traductores mentirosos, Majestad —respondió Dorian sin mirarlo.

Selim caminó hacia él y se sentó en el diván cercano, observando al omega con una mezcla de curiosidad y un deseo que ya no intentaba ocultar. —Mi madre está actuando de forma extraña. Ha convocado a tres tesoreros diferentes en una mañana. Y lo más curioso es que nadie sabe de dónde sacó la idea de que el puerto está perdiendo oro. Ibrahim Pasha está a punto de tener un ataque de nervios; sospecha que uno de sus propios escribas lo ha traicionado, o quizás un espía de la embajada veneciana.

Dorian dejó la pluma y finalmente levantó la vista. Sus ojos azules eran un mar de inocencia calculada. —Es natural que un hombre con secretos vea fantasmas en cada rincón, ¿no creeis? Si el Visir es inocente, no tiene nada que temer. Si es culpable... entonces el fantasma tiene dientes.

Selim soltó una risa queda, inclinándose hacia adelante. El aroma a sándalo y poder del Sultán inundó el espacio de Dorian, una invitación silenciosa a la rendición que el omega seguía ignorando. —Nadie sospecha de ti, Dorian. Para ellos, solo eres la nueva obsesión del Sultán, un juguete hermoso que ha cautivado mis ojos. Incluso Ibrahim te miró hoy en el jardín y te ignoró como si fueras un pétalo caído. Estás a salvo bajo tu disfraz de favorito.

—Ese es el mejor lugar para esconderse, Selim —dijo Dorian, permitiéndose una pequeña sonrisa triunfal—. Nadie teme a lo que desea poseer.

El Sultán se levantó del diván y se arrodilló frente a Dorian, quedando a su misma altura. La tensión eléctrica entre ambos se volvió casi insoportable. Selim extendió una mano y, con una delicadeza que contrastaba con su fuerza, tomó un mechón del cabello claro de Dorian y lo llevó a sus labios.

—Tú no eres un juguete —murmuró Selim, su voz bajando a ese tono grave que hacía que el instinto de omega de Dorian suplicara por contacto—. Eres un arma de doble filo. Y lo que más me aterra, y a la vez me fascina, es que no sé si esa arma está apuntando a mis enemigos... o a mi propio corazón.

Dorian sintió el calor de los dedos de Selim rozar su mejilla. Por un segundo, su resolución flaqueó. La soledad de ser un prisionero en una tierra extraña lo empujaba a buscar refugio en el único hombre que parecía verlo de verdad. Pero recordó las cadenas, recordó el Bósforo y recordó que, en este juego, el primero que se enamoraba perdía la cabeza.

—No me toquéis con esa familiaridad, Majestad —dijo Dorian, apartando el rostro con suavidad pero con firmeza—. No he ganado este lugar para ser vuestro consuelo.

Selim no se molestó. Por el contrario, sus ojos brillaron con un respeto renovado. —Ibrahim Pasha ha organizado una cacería para mañana en los bosques de Belgrado. Quiere demostrarme su lealtad y, de paso, intentar descubrir quién es el informante entre sus hombres. Quiere que tú vengas.

Dorian frunció el ceño. —¿El Visir me invita a una cacería? Eso es... inusual.

—Él cree que, al tenerte cerca, podrá ganarse mi favor a través de ti. Cree que eres una pieza que puede comprar con lujos y halagos —Selim se puso en pie, ofreciéndole la mano a Dorian para ayudarlo a levantarse—. Ven conmigo. Quiero ver cómo te manejas en un terreno donde las fieras no son solo los lobos, sino los hombres que sostienen los arcos.

Dorian aceptó la mano solo para ponerse en pie, soltándola inmediatamente después. —Iré. Pero no como vuestro adorno, Selim. Iré como vuestra sombra. Si Ibrahim Pasha está buscando un traidor, lo mejor es que encuentre a alguien que no existe.

Selim lo miró intensamente. —Mañana cabalgarás a mi lado. Te daré un caballo blanco, tan puro como tu piel y tan indomable como tu lengua. Pero ten cuidado, Dorian. En el bosque, los accidentes ocurren con facilidad, y las flechas no siempre dan en el blanco que se pretende.

—No os preocupéis por mí, Sultán —replicó Dorian, caminando hacia el ventanal para observar el atardecer—. Las flechas solo alcanzan a los que corren asustados. Yo planeo estar muy cerca de quien las dispara.

Cuando Selim abandonó la habitación, Dorian se quedó mirando el horizonte. El Gran Visir sospechaba, pero su paranoia lo estaba cegando. Mientras él buscara espías entre sus generales y escribas, Dorian seguiría moviendo las piezas desde el corazón del palacio.

Sin embargo, una duda cruzó su mente. Al proteger el trono de Selim, ¿estaba protegiendo su propia vida, o estaba empezando a proteger al hombre detrás de la corona? Dorian apretó el puñal de marfil que llevaba oculto en su faja. Mañana, entre los árboles y el caos de la caza, sabría si su ingenio era suficiente para sobrevivir a una traición que aún no se había consumado.

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Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
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