Alana Díaz es una estudiante decidida a graduarse por sus propios méritos, lejos de los lujos y el caos de la gran ciudad. Pero su vida da un giro irreversible al entrar como pasante en el imperio de Leonardo Salvatore, un CEO tan influyente como implacable que no está acostumbrado a que le digan que no.
Lo que comienza como una relación profesional se convierte en un juego de seducción y peligro. Tras un violento "accidente" que deja a Alana vulnerable y bajo el cuidado personal de Leonardo en su lujoso Penthouse, la barrera entre el jefe y el protector se desvanece, dando paso a una pasión que ambos intentaron contener.
Sin embargo, el amor no es lo único que crece entre ellos. Mientras Alana lucha por mantener su independencia, una red de envidias, secretos de élite y una madre dispuesta a todo por mantener el "apellido" amenazan con destruirlo todo. En un mundo donde el dinero lo compra todo, ¿podrá el amor de una "pueblerina" sobrevivir a la furia de quienes lo quieren ver cae
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CAPÍTULO 9
ALANA DÍAZ
12 en punto. Me levanté de la silla.
—Me retiro señor Salvatore. Pasaré por recursos humanos.
—Ve primero al comedor. Después pasa a recursos humanos. Seguramente ellos ya se fueron a almorzar.
— Esta bien.
Salí muy obediente al comedor. Tomé un plato y me serví. Despues de tanto tiempo hoy almorzaré algo decente.
¿Se verá mal si tomo una porción extra? Mire a los lados y dudé un poco, pero al final lo tomé.
Me senté a comer. Se acercó una mujer.
— Eres nueva aquí.
— Sí. Soy pasante.
— mmm... Es un milagro, porque el CEO no acepta pasante. ¿Eres un familiar o conocido de él?
— No. La universidad me asignó aquí.
— Qué bueno, es la primera vez, como dije. Así como es la primera vez que el CEO viene al comedor.
Dirigí mi vista hacia él. ¿Por qué hace esto? No creo que sienta interés por mí o es solo pesar después de aquel desmayo.
— Me llamó Lía. Soy del área de marketing. Déjame presentarme.
— Alana, estudiante del último año de administración de empresa.
— Verdad que el CEO es muy atractivo.
— Supongo que sí.
— Bueno, te dejo. Voy a saludarlo.
Lía se levantó y se acercó al CEO. Ella le sonreía de oreja a oreja, pero él no puso mayor interés.
Terminé de almorzar.
Me dirigí a la oficina de RRHH. Me dieron 3 uniformes, falda negra con camisa blanca de manga larga, junto a unos zapatos negros de tacón fino.
— Es necesario ese tipo de zapato. Jamás he usado unos así.
— Si, si se fija todas las mujeres trabajadoras lo usamos, es parte del uniforme.
— Parecen de mi talla.
Tomé las cosas y las guardé en mi bolso.
—Ahora veremos el contrato.
—¿Contrato?
— Si, aunque sea pasante, usted tiene derechos y obligaciones. Así como un seguro médico y un salario. El contrato se extiende durante los meses de su pasantía.
—¿Está usted segura?
— Sí, son políticas de la empresa.
Leí el documento. Parecía como si fuera un contrato para empleada. Terminé firmando. Gracias a esto, terminaré titulándome.
— Debería agradecerle al señor Salvatore, es muy generoso de su parte. Lo sabía.
— Sí.
Salí de la oficina y fui a la universidad. Realicé la entrega de las corbatas. Y entré a mi única clase del día.
Me topé con la chica que había abofeteado.
Sentía que la odiaba.
— Perra maldita — lo dijo con una voz suave, pero la alcancé a escuchar.
Me detuve.
— Repite lo que acabas de decir — le dije en tono molesta. Siendo incapaz de ignorar esa ofensa.
— Perra maldita— me miró desafiante — por tu culpa me hicieron un llamado de atención desde decanatura. Eres una zorra pobretona, que todo mundo sabe que no puedes pagar la universidad y caminas vendiendo pedazo de tela barata para sobrevivir. O ¿le haces favores sexuales a los maestros de aquí?
Quise darle una cachetada, ella me agarró la mano.
— Suéltame — le dije un par de veces — no me vuelvas a insultar, porque la que se prostituye eres tú, no yo. O se te olvida que dijiste que tienes patrocinador — me solté de su agarre.
Nos quedamos viendo sin decir más. A ver quien se retiraba primero.
Algunos estudiantes se acercaron. Y murmuraban cosas desagradables. Doblegué mi orgullo, y di la media vuelta. Contuve todo lo que sentía. Solo un poco más y saldré de este infierno.
Con el dinero que me había ganado con la venta de las corbatas, fui a comprar sopa ramen. Caminé hasta llegar a mi casa. Toda esa caminata me sirvió para canalizar mis emociones.
Cuando llegué a la casa. Estaba el dueño y venía por el dinero del alquiler. No tenía nada.
— Mil disculpas, no tengo el dinero aún. Puede darme un chance, le prometo que el próximo mes le pago los dos meses juntos.
— Yo dependo también de ese dinero. Si no tienes para pagar, toma tus cosas y vete. Yo no soy centro de beneficencia pública.
— Solo por este mes.
— Coge tus cosas y vete. Dame las llaves de tu cuarto.
Se las di. No valía la pena discutir. Entré al cuarto y tomé mi maleta. No dije más. Caminé un poco, me senté en una acera y no soporté más. Lloré.
Si regreso donde mi tía, ella querrá que deje de estudiar y la ayude... Si regreso donde mi mamá, seguro me busca hombre, esa es la realidad de las mujeres de pueblo... ¿Por qué nunca hice amigas? Maldición... Piensa Alana, piensa.
¿Mi maquina de costura? Que estúpida, la dejé en el cuarto. Tomé mi maleta y regresé a la casa.
— Dejé mi máquina de coser.
— En el cuarto no hay nada.
— Yo dejé mi maquina ahí. Estoy segura.
— A, pues si había, queda como pago por este mes que no pagaste.
— No me haga eso, es un regalo que valoro, además es mi herramienta de trabajo.
— Vete o llamo a la policía. No has pagado y seguro me darán la razón.
— Me va a robar. Usted es un ladrón.
— Vete. Mala inquilina.
No me dejó entrar. Cerró la puerta.
Viejo ladrón— grité.
Llevé mi brazo a mi cara tapando mis ojos qué no dejaban de llorar.
Caminé hasta la casa de mi tía, con la esperanza qué me recibiera.
Golpee la puerta varias veces pero nadie salió.
— Muchacha, la señora vendió la casa y se regresó a su pueblo.
Salió una vecina.
—Gracias.
Tomé la maleta y caminé sin rumbo. Empezaba a caer la noche.
Iglesia cerrada. Universidad cerrada. Qué triste como la vida se ensancha conmigo.
Sin darme cuenta llegué a la empresa Salvatore. Algunos empleados iban saliendo. ¿Y si me escondo en el baño?
Ya. Me doy por vencida. Otra vez, aquellas lágrimas que no me dejaban en paz.
pobre leo cuando lo sepa 🥺🥺
leo
creen que eres un niño que pueden jugar contigo demuestrsles que no
debe pagar