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Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Apocalipsis
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Ybet Renú

Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.

NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un Lobo romántico.

Un Lobo también sabe susurrar cuando la guerra calla.

Y Enzo, con Vittoria dormida en el pecho, no habla como Don.

Habla como hombre. Como el de los siete días.

La promesa de Enzo, ahora sin guerra

La casa huele a amor y a paz.

Ella duerme. El vestido rojo en el suelo. La corona de rosas en la mesita.

Él la mira. Como si mirarla fuera rezar.

Le aparta el pelo de la cara. Tiene veinte años y ya le tocó ver el infierno.

Le roza los labios con el pulgar. Dormidos.

> Enzo. Yo no sé de poemas —dice—.

Los capos no escriben. Firmamos. Matamos. Mandamos.

Pero contigo... contigo me sale hablar.

Le besa la frente. Donde no hay cicatriz, pero la hubo. La del miedo. La del primer día.

> Enzo. No te prometo vida fácil —dice—. Mi apellido pesa. Mi cama es fría cuando no estás. Mi nombre trae balas.

Le toma la mano. La del corte. La besa, despacio, venda y todo.

—Pero te prometo esto —dice—. Te prometo que cada mañana que abras los ojos, los míos te estén mirando. Que cada noche que tengas frío, mi cuerpo sea tu manta. Que cada miedo que tengas, lo mate yo antes de que te toque.

La abraza. La mete debajo de su piel.

--Te prometo flores, limoneros, dulces, vida —susurra—. Todo lo que ardió se olvidé.

Plantemos juntos árboles. Uno por cada año que me regales. Uno por cada risa que me robes.

Le apoya la mano en el vientre. Vacío hoy. Lleno mañana, si Dios y la guerra quieren.

> Enzo. Te prometo hijos con tus ojos —dice, y se le rompe la voz—. Para que cuando yo no esté, Sicilia me recuerde en ellos. Para que tengas algo mío cuando todo lo demás se vaya al infierno.

Le besa el cuello. El pulso. Donde la vida le late fuerte.

Te prometo que nunca te vas a dormir llorando dice. Y si lloras, que sea en mi pecho. Y si te vas... que sea porque yo me fui primero.

Se queda callado. Escucha cómo respira. Es el sonido más pacífico que Villa Rinaldi oyó en veinte años.

Yo no te amo bonito, Vittoria —susurra—.

Te amo fuerte. Te amo como se aman las cosas que duelen. Te amo como se ama en Sicilia: con todo. O nada.

Te amo hasta que se me acabe la sangre —dice—. Y cuando se acabe... que te ame mi nombre.

La tapa. La besa en la sien.

Duerme, anima mia—dice—. Que el futuro sea incierto.

Pero este momento... este momento es nuestro. Y es eterno.

Que nunca te duermas llorando

En la mafia, la venganza es ley. En su cama, la ley es ella. Primero su paz, luego la guerra.

"Limoneros por cada año que me regales"

No le da joyas. Le da raíces. Le da tiempo. Le da vida que crece.

"Te amo hasta que se me acabe la sangre"

No promete para siempre. Promete hasta el final. Porque los capos saben que el final llega. Y aun así, eligen amar.

Vittoria sigue dormida.

Pero en sueños, sonríe.

Porque hasta dormida sabe que el Lobo ya no muerde.

Ahora cuida.

Y afuera, bajo la luna de Corleone, un limonero nuevo saca su primera flor.

Blanca. Pura.

Como la promesa que Enzo acaba de hacer.

El futuro es incierto.

Pero esta noche, el amor es cierto.

*Un año después. El futuro sigue incierto.*

*Pero dentro de Vittoria, el futuro patea.*

Y Enzo Rinaldi, Il Lupo de Sicilia, sonríe como un chiquillo.

Llegó Octubre. Villa Rinaldi ya no huele a quemado.

Huele a pintura. A madera nueva. A vida nueva.

> Los agujeros de bala en las columnas fueron tapados.

Pero el jardín... el jardín es otro.

Donde cayeron los limoneros viejos, ahora hay doce nuevos. Pequeños. Verdes.

Uno por cada hombre que murió defendiéndolos.

Uno más grande al centro.

Con una placa.

“Per la madre di Sofia. Che abbia radici libere.”

Y entre ellos camina Vittoria.

Ocho meses.

Ahora usa un vestido blanco, suelto, de lino. Sin tacones. Descalza sobre la tierra.

La Glock ya no va al cinto. Va en el cajón de la mesita. Porque Enzo se lo ordenó.

—Un Rinaldi no nace oyendo pistolas —le dijo—. Nace oyendo latidos.

Se toca el vientre. Grande. Redondo. Vivo.

El bebé patea. Fuerte.

> Vittoria. Shhh —le susurra—. Papá viene hoy. Pórtate bien con él. Que ya tiene bastantes guerras.

Y como si la oyera, el portón suena.

No una vez. Tres.

El código. Familia. Casa. Paz.

Zia Carmela grita desde la cocina:

—¡Donna! ¡Es él!

Vittoria no corre. No puede. Pero camina rápido. Con una mano en la espalda. Con la otra en el vientre. Con el corazón en la garganta.

Enzo baja del coche antes de que pare.

Tres días en Nápoles. Negociando con los Bruno. Sin dormir. Sin disparar. Solo hablar. Porque ahora es padre. Y los padres no vuelven en bolsas negras.

Enzo la ve.

Se frena en seco.

Vittoria está yendo a su encuentro. El pelo suelto. El vestido blanco. El vientre de ocho meses.

Y Enzo Rinaldi, el hombre que no llora, el que vio morir a su padre, el que enterró a veinte hombres...

Se lleva la mano a la boca.

Como un niño.

—Madonna mia —susurra.

Camina. No. Casi corre.

Se para frente a ella. A un paso. No la toca. Aún no.

La mira. Solo la mira. El vientre. La cara. Las ojeras de no dormir. La vida que carga.

> Enzo. Estás... intenta hablar. No le sale. Sei bellissima, amore mio.

Vittoria sonríe. Cansada. Enorme. Feliz.

> Vittoria. Llegaste tarde —dice—. Te perdiste la patada de las 3 AM.

Enzo se arrodilla. Ahí. Delante de sus hombres. Delante de Sicilia.

Il Lupo. De rodillas.

Le pone las dos manos en el vientre. Con miedo. Con cuidado. Como si tocara dinamita bendita.

Y el bebé, como si lo reconociera, patea. Duro. Justo en su palma.

Enzo levanta la cabeza. La mira. Y tiene los ojos brillando. Agua. No balas.

> Enzo. Me habló —susurra—. _Mi figlio mi ha parlato.

Se levanta. La agarra de la cara. La besa.

No como Don. No como Lobo.

Como Enzo.

Largo. Profundo. Con un año de miedo soltándose en su boca.

Cuando se separan, le apoya la frente en la suya.

> Enzo. Volví. Dice . Y esta vez, no me voy. Roma puede esperar. Nápoles puede arder. Greco puede pudrirse en su exilio.

Le besa el vientre. Por encima del vestido.

> Enzo. Yo me quedo aquí —dice—. Contigo. Con él. Con ella.

Vittoria le agarra el pelo. Tira.

> Vittoria. ¿Él? —dice—. ¿Y si es niña?

Enzo se ríe. La primera risa de verdad en un año.

> Enzo. Si es niña —dice, mirándola a los ojos—, le pongo Mi Vittoria.

Vittoria llora. Por fin. Pero no de guerra. De esto. De amor puro y sincero.

> Vittoria. Te odio —susurra—. Te odio por hacerme esto.

> Enzo.Lo sé —dice él, limpiándole las lágrimas con el pulgar—. Ódiame. Pero quédate.

La carga. Como la noche de bodas. Como la noche de la granada.

Pero ahora pesa el doble. Vida doble.

Y no le importa.

> Enzo. Tomás —grita, caminando hacia adentro—. Que cierren el portón. Que nadie entre. Ni Dios.

—¿Y si llama Roma, jefe? —pregunta Tomás sonriendo.

—Que espere —dice Enzo—. El Lobo está ocupado siendo padre.

Entra a la casa. La acuesta en la cama nueva. La que no huele a sangre.

Se acuesta a su lado. Le pone la oreja en el vientre.

Y por una hora entera, Don Enzo Rinaldi no es capo.

Es solo un hombre escuchando a su hijo.

Afuera, los doce limoneros se mecen con el viento.

En Palermo, Sofia Greco recibe una foto. De Vittoria. Del vientre. Sin texto. No hace falta.

Y sonríe. Por primera vez en un año.

En Roma, Don Greco quema la foto de la boda.

Y Marco, ya caminando, ya odiando, afila un cuchillo.

Porque el futuro es incierto.

Pero esta tarde, en Villa Rinaldi, el futuro patea.

Y tiene el apellido Rinaldi.

Y Enzo es feliz.

Más feliz que nunca.

Más feliz que cuando ganó Sicilia.

Porque Sicilia se gana con balas.

Esto... esto se gana con amor.

---

Un año después...

El Lobo está ocupado siendo padre...

La frase que hiela Roma. Porque un Don que elige a su familia antes que la guerra... o es débil, o es imparable.

Recuerda su promesa... Si es niña, le pongo Vittoria Sofía.

Cumple la promesa. Honra a la mujer que traicionó a su padre por ellas. Y le da a Sofia Greco el final que su madre no tuvo: vivir en otra.

... Y los Greco sobreviviendo lejos de todo...

Marco camina. Greco odia. Roma mira.

Pero hoy no importa. Hoy hay patadas. Hoy hay vida. Hoy Enzo sonríe.

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Emely Rumion
más suspenso así no bustarme uno queda cn ganas de mad
Veronica Albarracin
Muy buena tu novela autora empese a leerla y no e parado 👏👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
Emely Rumion
está buena la cosa. pero le falta cm más acción autora pero muy buena 🥰
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Ybet Renú.
🥰🥰🥰
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰
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