Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: La idea de Victoria
Narra Santiago
Me sorprendió muchísimo que Victoria, mi mujer, dijera que iba a colaborar para transferir ese dinero a México.
Yo no esperaba eso de ella. No porque no confiara en su inteligencia, sino porque esto era otro nivel, otro mundo completamente diferente al que ella estaba acostumbrada. Victoria no solía meterse en problemas, y mucho menos en algo tan delicado como esto. Pero desde que todo comenzó a desmoronarse en nuestras vidas, parecía que cada uno estaba mostrando una versión diferente de sí mismo.
Estábamos los tres en la sala: Scarlett, Ángel y yo. Karina también estaba ahí, aunque se notaba claramente incómoda, como si quisiera desaparecer.
Victoria respiró hondo y habló.
—Mira, amor —me dijo mirándome directamente— sé que te vas a admirar con lo que voy a decir, pero yo te apoyo.
La miré sin decir nada, esperando.
Scarlett cruzó los brazos, observándola con atención.
Ángel frunció el ceño, ya desconfiando de todo.
Victoria continuó.
—Podemos ayudar más de lo que creen. Yo puedo colaborar con el traslado del dinero.
Esa frase hizo que todos nos quedáramos en silencio.
—¿Cómo? —pregunté finalmente.
Victoria no dudó.
—Tengo una idea mejor de la que han estado pensando hasta ahora.
Scarlett ladeó la cabeza.
—Te escuchamos —dijo con calma, pero firme.
Victoria asintió, como si ya lo hubiera planeado todo.
—Podemos hacerlo disfrazados.
Ángel abrió los ojos de inmediato.
—¿Disfrazados?
Victoria miró alrededor de la sala, asegurándose de que todos la escucharan.
—Sí. Yo y mi cuñada Scarlett podríamos disfrazarnos de monjas.
Scarlett parpadeó lentamente.
Yo también la miré confundido.
Victoria siguió hablando como si fuera lo más normal del mundo.
—O si no, otra opción es tú y yo, Santiago, disfrazados de personas mayores. Abuelos. Nadie sospecha de personas así viajando.
El silencio que siguió fue pesado.
Karina, la novia de Ángel, solo nos miraba con los ojos abiertos, claramente asustada, sin saber cómo terminó metida en esa conversación.
Scarlett no dijo nada al principio. Solo observaba, analizando.
Ángel fue el primero en reaccionar.
—Yo no estoy de acuerdo con todo eso —dijo de inmediato—. Karina no tiene nada que ver en esto.
Karina bajó la mirada rápidamente.
—Yo… yo no quiero estar metida en esto —dijo en voz baja.
Pero su voz parecía perdida entre tantas decisiones ajenas.
Victoria la miró un segundo, pero no se detuvo.
—No es obligatorio que todos participen —dijo—. Pero si queremos que esto funcione, necesitamos opciones reales.
Scarlett dio un paso adelante.
—Esto no es un juego de disfraces —dijo con frialdad—. Estamos hablando de algo serio.
Victoria la miró directamente.
—Precisamente por eso —respondió—. Nadie sospecha de lo que parece normal.
El ambiente empezó a ponerse más tenso.
Yo levanté la mano.
—Calma —dije—. Nadie está decidiendo todavía.
Scarlett me miró.
—Pero ya se están diciendo cosas peligrosas —respondió.
Victoria no se echó atrás.
—Santiago, escúchame —dijo mirándome a mí—. Esto no es improvisado. Es estrategia. Si vamos a mover ese dinero hasta México, tenemos que hacerlo sin llamar la atención.
Ángel se pasó la mano por la cabeza, nervioso.
—Esto no me gusta nada…
Karina seguía en silencio, abrazándose a sí misma.
Scarlett caminó lentamente hacia la mesa.
—¿Y qué pasa si algo sale mal? —preguntó.
Victoria respondió sin dudar.
—No va a salir mal si lo hacemos bien.
Scarlett soltó una pequeña risa sin humor.
—En este mundo todo puede salir mal —dijo—. Todo.
El silencio volvió a caer.
Yo miré a todos.
Scarlett, Ángel, Victoria, Karina…
Todos estaban al límite de algo.
Yo respiré hondo.
—Esto no es solo un traslado —dije—. Es una prueba. Si fallamos, no solo perdemos esta oportunidad… perdemos todo lo que estamos intentando construir.
Scarlett me miró fijamente.
—Y si nos descubren, también nos ponemos en peligro —añadió.
Asentí.
—Sí.
Victoria cruzó los brazos.
—Por eso mismo hay que hacerlo con inteligencia.
Ángel negó con la cabeza.
—No quiero meter a Karina en esto —repitió.
Karina lo miró con los ojos llenos de miedo.
—Ángel…
Él le tomó la mano.
—Te voy a proteger —le dijo en voz baja—. Pero esto ya se salió de control.
Karina no respondió.
El ambiente se volvió aún más pesado.
Yo miré a Victoria.
—¿Estás segura de esto? —pregunté.
Ella asintió.
—Sí, Santiago. Estoy segura.
Scarlett habló entonces.
—Si lo hacemos, lo hacemos bien. Sin errores.
Victoria asintió de inmediato.
—Exacto.
Ángel miró al suelo.
—No tenemos otra opción… —dijo finalmente, aunque con duda.
Silencio.
Todos lo sabíamos.
No era una decisión perfecta.
No era segura.
Pero era la única que teníamos.
Scarlett me miró.
—Esto ya no es solo una idea —dijo—. Es un punto sin retorno.
Asentí lentamente.
—Lo sé.
Victoria dio un paso más cerca.
—Entonces díganlo —dijo—. ¿Sí o no?
Miré a mis hermanos.
Scarlett firme.
Ángel dudando, pero sin salida.
Karina asustada, sin poder decidir.
Respiré hondo.
Y finalmente dije:
—Sí.
Scarlett asintió.
Victoria también.
Ángel cerró los ojos un segundo… y luego asintió.
Karina no dijo nada.
Pero tampoco se fue.
Y en ese silencio entendí algo muy claro:
ya no estábamos imaginando un plan…
estábamos empezando a vivirlo.