Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 3.
Bastian
Diez horas de vuelo.
Diez horas sin dormir.
Y ni siquiera había salido del aeropuerto cuando ya sentía que algo no encajaba.
Ajusté el cuello de mi camisa mientras caminaba hacia la salida, ignorando el murmullo de la gente a mi alrededor. Mi teléfono vibró en la mano.
Sofía.
Contesté sin detenerme.
—¿Dónde estás?
—¡Bas, hermanito! —respondió con demasiado entusiasmo—. Voy llegando.
Fruncí el ceño.
—¿De dónde vienes?
—Estoy a diez minutos, no seas gruñón.
Me detuve en seco.
—Tú te ofreciste a recogerme. “Sofía puntual”, fueron tus palabras… si no recuerdo mal.
Ella rió al otro lado de la línea.
—Salí con tiempo.
—Claro.
Colgué sin decir más.
Cinco minutos después, su auto apareció frente a la entrada.
Sofía bajó corriendo y, sin ningún tipo de vergüenza, se lanzó encima de mí.
—¡Te extrañé!
—Sofía… —murmuré, sosteniéndola para que no me tirara—. Todos nos están mirando.
Sonrió aún más.
—¡Mejor! Así ninguna arpía se te acerca.
La miré con incredulidad.
—Eso suena terrible viniendo de mi hermana.
Ella solo rió.
Siempre había sido así.
Demasiado expresiva para mi gusto.
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Guardé mi equipaje en el maletero y extendí la mano.
—Las llaves.
Sofía las apartó de inmediato.
—Es mi auto. Yo conduzco.
Suspiré.
—Bien. Luego no te quejes.
Me acomodé en el asiento del copiloto mientras ella arrancaba con energía.
El tráfico era denso. Caótico.
Como siempre.
Saqué mi teléfono, revisando algunos correos atrasados, cuando noté su mirada.
Levanté la vista.
—No.
Ella sonrió.
—¿Qué?
—No me mires así mientras conduces.
—Está feo para adelantar —respondió, ignorándome por completo.
Segundos después, ya estaba cambiando de carril sin señalizar.
—Sofía.
—Relájate.
Negué con la cabeza.
—Detén el auto.
—¿Qué?
—Ahora.
Su sonrisa desapareció ligeramente, pero obedeció. Nos detuvimos a un lado de la avenida.
Salí del auto sin decir nada y rodeé el vehículo.
—Muévete.
—Por eso te amo —dijo mientras cambiábamos de lugar.
—Ajá.
Arranqué el auto con precisión, incorporándome al tráfico sin dificultad.
—¿Vas a ir al evento? —preguntó después de unos minutos.
—Sí.
—¿Ni siquiera vas a descansar?
—Necesito una empresa que maneje importaciones desde China y Singapur —respondí sin apartar la vista del camino—. Este evento es una oportunidad.
Ella suspiró.
—Te vas a enfermar.
—Estoy bien.
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Llegamos a la casa de mis padres poco después.
Mi madre fue la primera en salir.
—¡Bastian!
Me abrazó con fuerza.
—Pero qué delgado estás…
—Mamá, estoy bien.
Sofía apareció detrás y me dio un golpe en la cabeza.
—No le hagas caso.
Le devolví un pequeño golpe en el brazo.
—Eres una atrevida.
—No deberías pegarme —respondió indignada—. Soy más pequeña que tú.
—Tú no entras en ninguna regla por ser mi hermana.
Mi padre rió desde la puerta.
Por un momento… todo fue normal.
Demasiado normal.
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Salí de la casa entrada la noche.
Demasiado tarde.
Tomé un taxi.
—A esta dirección —dije, mostrándole la ubicación.
El conductor asintió sin mirarme mucho.
El trayecto comenzó tranquilo.
Pero algo… no cuadraba.
Miré por la ventana.
Luego al frente.
Luego al retrovisor.
—Esa no es la ruta —dije con calma.
—Es un atajo —respondió el hombre, tenso.
Negué ligeramente.
—No. Es más larga.
El silencio se volvió incómodo.
Lento.
Pesado.
Entonces lo noté.
Una camioneta detrás de nosotros.
Luces altas.
Demasiado cerca.
Demasiado constante.
Mis sentidos se activaron de inmediato.
—Detenga el auto.
El conductor no respondió.
Aceleró.
Suspiré.
—Mala decisión.
Me quité el cinturón con rapidez y, en un solo movimiento, lo sujeté desde atrás.
El golpe fue preciso.
Controlado.
Lo suficiente para noquearlo sin matarlo.
El taxi se desvió ligeramente, pero tomé el control del volante.
Detuve el vehículo en seco.
Respiré una vez.
Rápido.
Eficiente.
Moví al conductor hacia el asiento trasero, atándolo con el cinturón.
Miré por el espejo.
La camioneta seguía ahí.
—Perfecto… —murmuré.
Aceleré.
El motor rugió mientras me incorporaba a la autopista.
—No llevo ni diez horas en el país… y ya tengo problemas.
La camioneta intentó acercarse.
Pero no lo logró.
No conmigo conduciendo.
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Minutos después, me detuve frente a una estación de policía.
Salí del auto con calma, como si nada hubiera pasado.
—Intentaron desviarme —expliqué—. Ese hombre no está solo.
Los oficiales intercambiaron miradas.
Sabían lo que eso significaba.
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Esa noche, finalmente llegué a mi casa.
Pero no descansé.
Porque algo era claro.
Mi regreso… no había pasado desapercibido.
Bastian Kros.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro