Maximiliano "Max" Vogel no cree en el amor; cree en los resultados, en el poder y en el control absoluto. Es guapo, insultantemente rico y sabe que es inalcanzable. Para él, las mujeres son un juego de una sola noche, piezas de ajedrez en un tablero que siempre domina. Pero su estructura perfecta se tambalea cuando su hermano y mejor amigo, Luca, le pide un favor que no puede rechazar: supervisar la entrada de su mejor amiga al mundo laboral.
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trabajo
Media hora después, Poli llegó a la entrada de la planta de Lozano. Se estacionó justo al lado de la caseta de seguridad, se quitó el casco y sacudió su melena pelirroja, que brillaba bajo el sol matutino a pesar del desorden del viento. Estaba guardando sus guantes cuando el deportivo negro de Max frenó bruscamente a su lado, levantando una pequeña nube de polvo.
Max bajó del auto antes de que el motor terminara de apagarse. Se ajustó el saco del traje, pero sus ojos estaban encendidos. Se acercó a ella con pasos largos, deteniéndose a escasos centímetros, rodeándola con su sombra.
—Si vuelves a hacerme algo así —dijo con una voz peligrosamente baja, tan cerca que Poli pudo ver las motas doradas en sus ojos verdes—, te juro que confiscaré esa chatarra aunque sea lo último que haga.
Poli le sostuvo la mirada, con la respiración aún algo acelerada por la adrenalina del viaje.
— Llegué a tiempo, no es lo que querías.— dijo poli sonriendo.
—Lo que quería era que llegaras entera, no que jugaras a ser corredora de carreras en una autopista llena de camiones —dijo Max, acortando la distancia hasta que apenas quedaba aire entre ellos.
— señores ya pueden pasar.— dijo el hombre de vigilancia, interrumpiendo la pelea de ambos.
Al entrar, el ruido ensordecedor de la maquinaria y el olor a metal caliente los golpeó de lleno. El comité de recepción, encabezado por el mismísimo Lozano —un hombre robusto y de mirada esquiva—, se adelantó para estrechar la mano de Max.
—Señor Vogel, un honor —dijo Lozano, ignorando olímpicamente a Poli—. No esperábamos que trajera... compañía. ¿Su secretaria?
— Buenos días señor Lozano, no soy ninguna secretaria soy la analista financiera encargada de certificar que cada centavo en esta planta esté donde su informe dice que está —lo interrumpió Poli, adelantándose un paso y extendiendo la mano con una firmeza que dejó al hombre descolocado—. Mi nombre es Poli.
—¿Analista? —Lozano soltó una risita nerviosa, sin llegar a estrecharle la mano—. Señor Vogel, con todo respeto, esta planta es un laberinto de logística y números técnicos. No dudo de la capacidad de la... señorita, pero tal vez se sienta más cómoda en la sala de juntas con un café mientras nosotros recorremos el área pesada. El ruido y el calor pueden ser... abrumadores.
Poli sonrió, pero no fue una sonrisa amable. Fue la sonrisa de alguien que acaba de detectar una debilidad.
— Para nada, la señorita poli, nos acompañará.— dijo Max.
Lozano tragó saliva, visiblemente incómodo ante la respuesta tajante de Max.
—Como desee, señor Vogel —balbuceó Lozano, haciendo un gesto forzado para que avanzaran—. Pero les advierto que el suelo está sucio y hay mucha actividad. Tengan cuidado con... bueno, con todo.
Poli no esperó a que le dieran permiso. Se ajustó la gabardina y comenzó a caminar con paso firme, ignorando el calor sofocante que empezaba a humedecer su frente. Sus ojos no se detenían en las grandes máquinas, sino en las etiquetas de los suministros, en el ritmo de los operarios y en los códigos de barras de los contenedores que esperaban en la zona de carga.
Max caminaba a su lado, manteniendo una distancia mínima. Su presencia era como un escudo; cada vez que un trabajador se quedaba mirando a Poli más de la cuenta, una sola mirada gélida de Max bastaba para que volvieran a sus tareas de inmediato.
Así pasaron la mañana y parte de la tarde revisando todo.
Lozano, en cambio, estaba deshecho. Su camisa antes impecable estaba pegada a su espalda por el sudor y su nerviosismo era casi palpable.
—Bueno... creo que con esto cubrimos todo —dijo Lozano, limpiándose la frente con un pañuelo—. Como han visto, todo está en perfecto orden. Las discrepancias que la señorita mencionó al principio deben ser simples retrasos de carga. Si les parece bien, podemos ir a mi oficina para firmar el acta de conformidad y...
— eso no pasará señor Lozano la Producción no declarada. Es por qué Están vendiendo por fuera de los libros y Max mientras te piden una inyección de capital para "sobrevivir" está claro en la producción de estás horas.
—Eso... eso es una acusación muy grave, jovencita —tartamudeó Lozano, intentando recuperar un poco de autoridad—. Usted no entiende cómo funciona esta industria. Hay mermas, hay excedentes de stock que...
—No me hable de mermas, Lozano —lo cortó Poli, cruzando los brazos y sosteniendo su tableta con los gráficos en rojo brillando en la pantalla—. He cotejado el consumo de energía de las últimas seis horas con las unidades que oficialmente han salido de la línea de montaje. Los números no mienten.
—Señor Vogel, puedo explicarlo, es solo que los costos de mantenimiento...
—No te molestes —Max levantó una mano, silenciándolo al instante—. Mis abogados y el equipo legal estarán aquí en una hora para confiscar cada servidor y cada libro contable. Estás fuera. Y reza para que Poli no encuentre más agujeros, porque cada centavo que falte te costará un año de cárcel.
Max tomo a poli por la cintura asta la salida ella sintió un escalofrío, pues el jamás la había tocado.
— Vamos sube a mi auto.— dijo Max abriendo la puerta sin darle tiempo a poli de oponerse.
— Max, mi moto... —alcanzó a decir ella, señalando la "cafetera" que descansaba cerca de la caseta.
— Se quedará ahí. Mandaré a alguien de seguridad para que la recoja y la lleve a la casa en una plataforma —dijo Max, mirándola fijamente—. Estás pálida, Poli. Has estado ocho horas bajo un calor. No voy a dejar que te subas a esa cosa con el cansancio que llevas encima. Sube.
Poli, agotada y con la adrenalina empezando a descender, decidió no pelear. Se deslizó en el asiento de cuero del deportivo, que se sentía increíblemente fresco y cómodo comparado con la dureza de la planta. Max rodeó el auto y se subió al lugar del conductor. Antes de arrancar, se quitó el saco y la corbata con un movimiento fluido, desabrochando los dos primeros botones de su camisa.
El camino a la casa fue silencioso Max, parecía un robot manejado.
— Creí que iríamos a la oficina.— dijo poli mirándolo confundida.
— Mañana nos vemos temprano como siempre, no voy a dejar que me culpe Luca si te pasa algo.— dijo Max mientras poli bajaba del auto y el volvía a arrancar el auto.
ahora vien Max debe ya de aclarar sus sentimientos eso de que el ni quiere nada serio entonces va a estar con poli y luego se va con otras ojalá poli pinga las cartas sobre la mesa y dejarle claro que ella no es de compartir y que de una vez deje a la vanessa esa