Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 7
Gracias a los recuerdos de la otra Amara, puede orientarme muy bien en los laberínticos pasillos de la mansión en la que por ahora vivía. Decir que este lugar era grande era un eufemismo, y es que nunca en mi vida había estado en un lugar tan gigantesco.
Los pasillos eran muy anchos, como de metro o metro y medio, y a ambos lados había puertas, algunas más grandes que otras, las cuales anunciaban qué tan grande era la habitación del otro lado.
Durante mi exploración abrí algunas puertas y puede darme una idea de cómo eran las habitaciones en ese lugar y es que sin importar su tamaño todas eras muy similares entres si, y es que todas tenían una cama con un dosel hermosamente tallado, varios muebles de madera que parecían obras de artes y sillones con los estampados más bellos que he visto, también todas la habitaciones tenían alguna tapiz con algún patrón en la paredes y grandes alfombras que cubrían casi en su totalidad el suelo, lo único que diferenciaba algunas habitaciones de otras era que no todas tenían chimenea y balcón, esos lujos solo se reservaban para las habitaciones más grandes.
Tras terminar de explorar el piso de arriba, decido bajar, por lo que me dirijo a las escaleras, las cuales, como todo en esta casa son enormes, unas 15 personas podrían bajar formados en estas escaleras sin chocar entre ellas, su barandal parecía ser de oro, pero a mí me parecía una cantidad enorme de este metal, por lo que asumo que solo están pintadas de ese color, pero la verdad no lo sé, los escalones eran de mármol de color gris con negro y blanco, y se veía muy liso, por lo que, por miedo a caerme casi me abrazo al barandal para bajar.
Una vez en el piso de abajo, lo primero que observo es la gran puerta de entrada, la cual era de madera y casi llegaba al techo; en sus caras estaban talladas lo que parecían ser dragones rodeados de sus propias llamas, que lucían más como enredaderas que como llamas. Era un tallado hermoso, que le daba a esa puerta un aspecto espectacular.
La puerta de entrada daba directo al recibidor, en el cual no había mucho, solo algunas pequeñas mesas con algunas macetas o estatuillas sobre estas; lo que más llamaba la atención al entrar era justamente la escalera por la que acababa de descender, la cual vista desde abajo era simplemente espectacular.
Tras llegar a bajo decido seguir explorando la mansión antes de ir al jardín, por lo que giro a mi izquierda para ver qué hay de ese lado y me encuentro lo que parece ser un salón de baile, este es hermoso, de techos altos, columnas con la base y el capitel bellamente cincelados, y un techo que fue pintado en su totalidad con una escena parecida a la que estaba tallada en la puerta de la entrada, unos dragones envueltos en sus propias llamas, algo que tiene sentido si tomamos en cuenta que el escudo de esta familia tiene un dragón en él, como en las demás habitaciones, hay varios candelabros de araña que seguramente brindan iluminación en la noche, el lugar también tiene grandes ventanales que van del suelo al techo que también funcionan como puertas hacia los jardines, a los cuales puedo darles un vistazo más de cerca y lo que vi desde el balcón de mi habitación no les hace justicia y es qué al verlos más cerca, son verdaderamente hermosos.
Una parte de mí quiere salir a explorarlo, pero me contengo; me dije a mí misma que primero terminaría de recorrer el interior antes de salir, por lo que me doy la vuelta y salgo del salón.
Me dirijo al otro lado, en donde encuentro al gunas puertas, la primera da a un enorme comedor como para una 30 personas puede que más, como todos los mubles de la casa, la mesa y sillas del comedor son hermosas, el lugar mantiene colores sobrios, en donde el color natural de la madera es el predominante, también las paredes del comedor están adornadas por varios cuadros con gruesos marcos de madera, la mayoría de los cuadros son de paisajes pero hay uno que otro retrato, asumo yo que de miembros de la familia.
Salgo del comedor y camino por el pasillo en donde los retratos abundan. A diferencia del piso superior, aquí no hay tantas habitaciones, por lo que hay más espacio para colgar cuadros en la pared, así que aquí hay varios retratos colgados, incluido uno mío de más joven.
Como en el piso superior, abro algunas de las puertas para saber que hay detrás de ellas, y todas las habitaciones que abrí eras salas de estar, en estas había de tres a cuatro sillones de dos a tres plazas cada uno, todos colocados en medio circulo alrededor de una mesita que tenía un florero en el centro, también tenían una pequeña mesa con sillas a juego para cuatro personas, estas sillas y mesas eran menos robustas que las que había en el comedor, pero no por eso no eran hermosas, a diferencia de las habitaciones, estas salas de estar no tenían tapiz en la paredes, si no que estas eran de un color liso, y los distritos cuadros qua había eran lo que adornaban el lugar, así como mesitas repartidas estratégicamente para lucir las estatuillas que sostenían, las cueles seguramente eran obras de arte.
Ya con esa sección explorada me dirijo a los últimos lugares que me faltan, y mientras me dirijo hacia ellos, puedo ver que los empelados me miran con una mezcla de tristeza y lastima, la misma mirada que me dio el médico, y es que a cada nuevo lugar que iba, quienes estaban trabajando me miraban igual, algo que para mí es irónico, ellos sienten pena por mí, ya que a sus ojos me voy a casar con un monstruo, pero en realidad el monstruo es otro y no es de mí de quien deberían sentir lástima, por lo que decido ignorar esas miradas y continuo con mi camino, aun queda mansión que explorar.