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REENCARNE EN NUEVA ESPOSA DE MI EXMARIDO.

REENCARNE EN NUEVA ESPOSA DE MI EXMARIDO.

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:486k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Luisa, una mujer con un ex marido y tratando de llevar esta situación lo mejor posible, fallece por una alergia.

Pero no fue un accidente. 5 años después, Gaya Santoro es la esposa de Sebastián Guillén, el ex marido de Luisa. Con un tráfico final e igual al de Luisa, falleció.

Sin embargo despertó Luisa Mendez, la primera esposa después de 5 años reencarna en otro cuerpo, joven y hermosa, es ahora que la venganza debe triunfar. Todos los que lastimaron pagarán.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 6 El abrazo

El coche era un Mercedes negro último modelo, con asientos de cuero blanco y un conductor uniformado que le abrió la puerta con una reverencia. Luisa se acomodó en el asiento trasero mientras Pauline se sentaba a su lado, y el vehículo se deslizó suavemente por las calles de la ciudad.

Las cosas habían cambiado en cinco años. Nuevos edificios habían brotado como setas, tiendas que no reconocía, anuncios de productos que nunca había visto. Pero también había cosas que seguían igual: los semáforos en los mismos lugares, los vendedores ambulantes en las esquinas, ese olor a ciudad que nunca se iba del todo.

Cuando el coche enfiló por la calle que llevaba a su antigua casa—a la casa de Sebastián, a la casa que ahora era de Gaya—Luisa sintió que el estómago se le encogía.

Los árboles seguían allí, los mismos robles que ella había visto crecer durante diez años. Las fachadas de las casas vecinas también eran las mismas, aunque algunas habían sido pintadas de nuevos colores.

Y entonces, allí estaba.

Su casa. La casa que había diseñado con tanto cariño, donde había criado a sus hijos, donde había plantado un rosal que ahora seguramente estaría enorme. La fachada blanca seguía igual, pero algo había cambiado.

Las ventanas tenían nuevas cortinas, más modernas, más frías. El jardín, que ella cuidaba personalmente los fines de semana, ahora parecía demasiado perfecto, como si lo mantuviera un equipo de jardineros profesionales sin amor por las plantas.

El coche se detuvo ante la puerta principal y el conductor bajó para abrirle. Luisa respiró hondo y puso un pie en el suelo.

Las piernas de Gaya temblaron ligeramente al pisar la entrada. Las baldosas eran las mismas, pero el color de la puerta había cambiado: antes era un marrón cálido, ahora era un gris moderno que no le gustaba nada. Antes de que pudiera tocar el timbre, la puerta se abrió.

Y allí estaba Sebastián.

Su exmarido. Su viudo. El padre de sus hijos. El hombre que había permitido que Vanesa destruyera su matrimonio, y luego su vida.

El tiempo no había pasado en balde para él. A sus casi cuarenta, seguía siendo guapo, pero ahora había algo diferente en su rostro. Las líneas alrededor de sus ojos eran más profundas, y su mandíbula parecía más dura.

Ya no llevaba un traje impecable, como siempre, pero había un cansancio en su mirada que Luisa no recordaba.

—Gaya —dijo, y su voz sonaba genuinamente aliviada—. Por fin en casa.

Y la abrazó.

El abrazo duró apenas unos segundos, pero para Luisa se hizo eterno. El olor de Sebastián era el mismo, ese perfume caro que ella le había regalado el primer año de casados.

Sus brazos eran los mismos que la habían sostenido durante diez años. Y sin embargo, todo era diferente. Ahora era el esposo de otra mujer. Ahora era, en cierto modo, su esposo otra vez.

—Sebastián —dijo, apartándose con suavidad—. Gracias por enviar el coche.

—Quería ir yo, pero la reunión... —comenzó a disculparse, pero ella levantó una mano.

—No importa. Estoy aquí ahora.

Lo dijo con una frialdad que lo sorprendió. Luisa lo vio en sus ojos: esa pequeña chispa de desconcierto, esa leve inclinación de cabeza que significaba "esto no es lo que esperaba".

La Gaya que él conocía se hubiera derretido con sus disculpas, le hubiera dicho que no se preocupara, que entendía. Pero ella no era Gaya.

—Pasa, pasa —dijo él, apartándose para dejarla entrar—. Los niños están en casa. Tomás no ha querido ir al colegio estos días, está muy preocupado por ti.

—¿Y Lauren?

Sebastián dudó.

—Lauren está en su habitación. Tiene un examen mañana y está estudiando. Ya bajará a saludar.

Mentira. Luisa lo sabía, lo olía, lo sentía en cada fibra de su ser. Lauren no estaba estudiando. Lauren estaba evitándola, como seguramente había evitado a Gaya desde el principio. Y Sebastián lo permitía, como siempre.

—Entiendo —dijo, cruzando el umbral.

El interior de la casa era a la vez familiar y extraño. Los muebles habían cambiado casi por completo; solo algunas piezas resistían al paso del tiempo y las nuevas decoraciones.

El sofá donde ella solía leer cuentos a los niños había sido reemplazado por un diseño minimalista de líneas rectas y colores neutros.

La mesa del comedor, sin embargo, seguía siendo la misma: aquella mesa de roble macizo que habían comprado juntos en una tienda de antigüedades.

Y en las paredes, las fotografías.

Las suyas habían desaparecido, por supuesto.

Ya no estaba aquella foto de bodas que tanto le gustaba, ni las imágenes de los niños pequeños, ni ese retrato familiar que les hicieron cuando Tomás cumplió un año.

En su lugar, había nuevas fotografías: Sebastián y Gaya el día de su boda (una ceremonia íntima, según los recuerdos), Gaya con los niños en algún parque, Gaya sola en poses que parecían sacadas de una sesión de moda.

Su vida había sido borrada. Era como si nunca hubiera existido.

—Gaya…

La voz de Tomás llegó desde lo alto de las escaleras y Luisa levantó la vista justo a tiempo para ver a su hijo—al hijastro de Gaya, al hijo de ella—bajando los escalones a toda velocidad.

Era más grande de lo que recordaba, claro, porque habían pasado cinco años.

Sus piernas eran más largas, su cara había perdido esa redondez infantil, pero sus ojos seguían siendo los mismos. Esos ojos dulces que siempre la miraban con amor.

Tomás se lanzó a sus brazos con tal fuerza que casi la tira al suelo. Luisa lo abrazó instintivamente, apretándolo contra su pecho, sintiendo el calor de su pequeño cuerpo.

Y por un momento, solo un momento, se permitió ser su madre otra vez.

—Pensé que te ibas a morir —murmuró el niño contra su blusa—. Pauline dijo que casi te mueres.

—Casi —susurró ella, acariciando su cabello—. Pero no fue así, ¿ves? Estoy aquí. Estoy bien.

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Maria Isabel Traslaviña Davila
😱😱😱😱 o por Dios 😱
Bienaventurada
Muy buena la novela 🥰 me encanta 🥰
Veronica Roa
Excelente
Bienaventurada
Me encanta la novela 🥰🤩 Gaya es Regia 🥰❤️
yudith del carmen betancourrt abanes
qué provoque esa putizorra le 😅😅
yudith del carmen betancourrt abanes
excelente la venganza empieza
yudith del carmen betancourrt abanes
excelente bofetada
yudith del carmen betancourrt abanes
me encanta exelente capítulos
Bienaventurada
Excelente novela 🥰 Gracias por tan bonita novela 🥰La disfruté mucho.
Bendiciones!
Bienaventurada
Muy buena la y🤩me gusta mucho
Bienaventurada
Bien por Sebastián ☺️
Mila
Fue una historia diferente a la que nos tienes acostumbradas, pero me gustó. Aunque Sebastián era medio huevo sin sal y Gaya - Luisa se lo llevaron por los cachos. Gracias por escribir👏👏👏👏👏
Mila
Esa mujer está loca, y lo triste que quién la tiene así es su madre. Queriendo tener una venganza ilógica.
Alondra Gonzalez
Muy buena novela, gracias autora /Drool/
Mila
Una cosa es ser agradecido y otra tonta. A veces la gente abusa debido a la gratitud.
Edith G Lopez
Hermosa Novela 🥰
Sant Marivick
muuuy buena la historia tristeza alegría y dolor todo junto pero final feliz gracias por la historia felicidades estritor
Miriam Piedrabuena
El tipo es un idiota!!! Luisa y Gaya son demasiado para ese tipo, un poco huevos
Martha Ruiz
me gusto mucho tu historia felicitaciones y mil bendiciones mi querida escritora
Lourdes Vázquez
excelente historia ESCRITORA Adrianex Ávila, gracias por compartirla, nunca me defraudas con tus historias son fenomenales
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