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Bajo El Juramento De Sangre

Bajo El Juramento De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:790
Nilai: 5
nombre de autor: Crismeldy Vásquez P

En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .

NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5: Sombras cercanas

La noche cayó lentamente sobre Valenora.

Desde la ventana de su habitación, Alessia observaba las luces del puerto reflejadas sobre el agua oscura. La ciudad parecía tranquila, elegante, casi inmóvil. Pero dentro de ella todo seguía moviéndose.

No había dejado de pensar en lo ocurrido aquella tarde.

La cafetería.

Las palabras de Mikhail.

Y esa manera extraña en que el aire cambiaba cuando estaba cerca de él.

Apoyó las manos sobre el alféizar.

No le gustaba sentirse así.

No porque fuera miedo.

Sino porque la volvía menos previsible.

Y eso, en su mundo, podía ser peligroso.

La puerta se abrió suavemente.

—Sabía que te encontraría aquí.

Alessia se giró.

Giulia entró con una copa de vino en la mano y una expresión demasiado curiosa.

—No pongas esa cara —dijo Alessia.

—¿Qué cara?

—Esa cara de que ya sabes algo.

Giulia sonrió.

—No sé nada. Solo noto cuando alguien está pensando demasiado.

Alessia apartó la mirada hacia la ventana.

—Hoy me encontré con él.

Giulia se quedó inmóvil.

—¿Con Mikhail Orlov?

Ella asintió.

—En la cafetería del puerto.

—Valenora definitivamente quiere problemas.

Alessia soltó una risa breve.

—Tal vez.

Giulia se acercó.

—¿Y cómo fue?

La pregunta parecía simple, pero Alessia tardó en responder.

—Extrañamente fácil.

—Eso sí es peligroso.

Las dos guardaron silencio.

Después Giulia habló en voz más baja.

—Ten cuidado.

—Lo sé.

—No lo digo solo por él.

Alessia frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Giulia dudó apenas.

—Hoy escuché a dos de los hombres de tu padre hablar en el pasillo.

—¿Sobre qué?

—Sobre movimientos internos. Dijeron que alguien dentro de los Bellandi está filtrando información.

El corazón de Alessia se tensó.

—¿Estás segura?

—Sí.

El silencio se volvió más pesado.

Aquello explicaba demasiadas cosas.

El ataque.

Las rutas alteradas.

La tensión de su padre.

Alessia bajó la vista.

—Entonces está más cerca de lo que pensábamos.

Al otro lado de la ciudad, en el edificio Orlov, Mikhail estaba solo en su despacho.

La luz del escritorio iluminaba papeles, mapas y registros del puerto.

Yuri entró sin tocar.

—Traigo algo.

Mikhail levantó la vista.

—Habla.

Yuri dejó una carpeta sobre la mesa.

—Encontramos al intermediario.

—¿Quién es?

—Todavía no tenemos nombre real.

—Eso no me sirve.

—Pero tenemos algo mejor.

Mikhail abrió la carpeta.

Había fotografías.

Registros de movimientos.

Una lista de fechas.

Y un detalle que lo hizo detenerse.

—Bellandi —dijo en voz baja.

Yuri asintió.

—Hay contactos dentro de ambos lados.

Mikhail levantó la mirada.

—Entonces alguien quiere rompernos desde adentro.

—Exacto.

Se hizo un breve silencio.

—¿Viktor lo sabe? —preguntó Mikhail.

—Todavía no.

Mikhail cerró la carpeta.

—Por ahora se queda entre nosotros.

Yuri lo observó.

—¿Porque no confías en nadie o porque quieres protegerla?

Mikhail lo miró con calma.

—Porque todavía no sabemos quién está mirando.

Pero incluso él sabía que esa no era toda la verdad.

A la mañana siguiente, la residencia Bellandi estaba más silenciosa de lo habitual.

Alessia bajó temprano.

Encontró a su padre en el despacho.

Vittorio estaba de pie frente a la ventana, con las manos a la espalda.

—Quería hablar contigo —dijo sin girarse.

—Yo también.

Él volvió la cabeza.

—Anoche desapareciste rápido.

—Necesitaba pensar.

Vittorio la estudió unos segundos.

—¿Lo viste otra vez?

La pregunta fue directa.

Alessia no esperaba que lo supiera.

—Sí.

—¿Dónde?

—En el puerto.

El rostro de su padre se endureció apenas.

—No me gusta.

—A mí tampoco me gusta que me oculten cosas.

El silencio cayó entre ambos.

Alessia decidió arriesgarse.

—Hay alguien dentro.

Vittorio se giró por completo.

—¿Quién te dijo eso?

—Lo escuché.

Su padre no respondió enseguida.

Y esa pausa confirmó todo.

—Entonces es verdad —dijo ella.

Vittorio exhaló lentamente.

—Sí.

El corazón le golpeó con fuerza.

—¿Lo sabes desde cuándo?

—Desde hace unos días.

—¿Y no pensabas decirme nada?

—Quería protegerte.

—No puedes protegerme manteniéndome a ciegas.

La tensión volvió a crecer.

Vittorio la observó con una mezcla de cansancio y preocupación.

—Escúchame bien, Alessia. A partir de hoy quiero que no te muevas sola.

—Papá…

—No es una petición.

Ella apretó la mandíbula.

No respondió.

Pero dentro de sí sabía algo.

No iba a quedarse quieta.

Esa misma tarde, Alessia condujo hasta el puerto.

No por impulso.

Por necesidad.

Necesitaba ver con sus propios ojos qué estaba ocurriendo.

El viento soplaba más fuerte que otros días.

Los barcos se movían lentamente.

Caminó entre contenedores, observando a los trabajadores, los guardias, las entradas.

Entonces vio algo.

Un hombre con gorra oscura entregó discretamente un sobre a otro sujeto junto al muelle lateral.

No era un intercambio normal.

Alessia se acercó apenas, procurando no ser vista.

El segundo hombre giró la cabeza.

La vio.

Todo ocurrió muy rápido.

El hombre comenzó a caminar hacia ella.

El pulso se le aceleró.

Retrocedió un paso.

Luego otro.

Y entonces una mano firme sujetó su brazo.

Por un instante el cuerpo se le tensó.

Hasta que escuchó una voz conocida.

—Ven conmigo.

Mikhail.

La llevó detrás de un contenedor, alejándola de la vista del hombre.

Ambos respiraban con rapidez.

—¿Qué haces aquí? —preguntó él.

—Podría preguntarte lo mismo.

—No viniste a pasear.

—Tú tampoco.

Él la miró con intensidad.

—Te están observando.

El corazón de Alessia golpeó fuerte.

—Lo sé.

—No. No lo sabes.

Su tono había cambiado.

Era más serio.

Más urgente.

—Esto ya no es solo entre nuestras familias.

Ella sostuvo su mirada.

—Entonces dime qué está pasando.

Mikhail dudó.

Después habló.

—Hay alguien dentro de ambos lados.

Alessia se quedó inmóvil.

—Yo también lo sospechaba.

El silencio cayó entre los dos.

Aquello cambiaba todo.

Ya no era una intuición.

Era real.

Y estaban en medio.

A pocos metros se escucharon pasos.

Mikhail se acercó apenas.

Lo suficiente para cubrirla de la vista exterior.

La cercanía volvió a tensar el aire.

—No deberías estar aquí sola —murmuró.

—Y tú tampoco.

—La diferencia es que yo sabía dónde mirar.

—Yo también.

Él bajó la mirada un segundo.

Y por primera vez había algo distinto en sus ojos.

Algo más vulnerable.

Más humano.

—Alessia…

Ella levantó la vista.

Lo tenía demasiado cerca.

Podía sentir su respiración.

El latido acelerado.

Por un instante pareció que el mundo se detenía otra vez.

Entonces sonó un teléfono.

Mikhail se apartó.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—Tengo que irme.

—¿Otra vez?

Una sombra de sonrisa apareció en él.

—Parece que siempre pasa.

—Empiezo a creer que es costumbre.

Él guardó el teléfono.

—Te llamaré.

La frase la sorprendió.

—No tienes mi número.

—Lo conseguiré.

Antes de que pudiera responder, él se alejó.

Alessia se quedó inmóvil.

Mirándolo desaparecer entre el movimiento del puerto.

Y por primera vez tuvo una certeza clara.

Las sombras ya estaban demasiado cerca.

Y ella acababa de dar un paso hacia dentro.

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