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El Cazador De Princesas

El Cazador De Princesas

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Héroes
Popularitas:555
Nilai: 5
nombre de autor: victor91

En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.

Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.

A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.

¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?

NovelToon tiene autorización de victor91 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Para dar muerte

Preus camina erguido en dirección a la princesa.

Leila lo observa con lágrimas en los ojos, mientras le habla a su padre sin mirarlo.

—No te preocupes, papá. Va a estar todo bien.

El rey ya no puede pronunciar palabra alguna. Está rodeado de guardias, pero ninguno intenta detenerlo.

Boran se maldice de dolor; no logra comprender lo que sucede a su alrededor.

Las pupilas de Leila se entrelazan con las de Preus. Existe una conexión que los une, una fuerza que los impulsa, algo inexplicable, fuera de toda lógica.

La princesa intenta salvar a su hermano, a su padre y a su pueblo ofreciendo su vida a cambio; y el cazador intenta cumplir con la misión para la cual fue concebido: salvar el planeta Tierra, su mundo.

Leila está nerviosa, tiene miedo. Desconoce lo que pasará después de la muerte, y eso la inquieta.

Preus avanza a paso firme. Por momentos sus labios se retuercen, cuando su cerebro explota en conexiones neuronales; aún así, está consciente de sus pensamientos, de las palabras que merodean en el vacío de su existencia.

—¿Estás preparado para dar muerte?

Preus detiene su marcha. Está a centímetros de ella; su respiración choca en el rostro de la chica.

—Me rindo —dice mientras llora—. Repugnante hombre…

El cazador baja la mirada. Lucha contra la vergüenza, contra la incertidumbre.

—Tu muerte es necesaria.

—Quizá en tu mundo lo sea —responde ella—, pero aquí, en Fileren, la muerte no pende de nuestras manos, como lo hacen tus hachas.

Preus observa el filo de sus armas: ambas están empapadas de sangre. Suspira de forma eterna, una exhalación que no termina, y contesta:

—Tu mundo consume la energía del mío. Está causando caos y destrucción. La situación se ha vuelto insostenible. —Mira a su alrededor—. Quizá tu mundo sea hermoso y lleno de vida, pero viven gracias al mío.

Levanta su mano izquierda. Por momentos los ojos se le retuercen, como si algo en su cabeza aún doliera. Entonces, con la mano temblorosa, apoya el filo sobre la piel del cuello de ella.

—¿Pero por qué yo? —pregunta la princesa.

Él vuelve a levantar la mirada. El terror se refleja en el rostro de Leila: un llanto incontrolable, una emoción desbordada ante el miedo de no saber si dolerá o no.

—Las princesas… todos estos mundos tienen una. Están ligadas directamente a ellos; su esencia se entrelaza con la naturaleza. Son el corazón de cada mundo.

Leila abre los ojos, sorprendida.

—Mírame a los ojos —exclama con los dientes apretados.

Preus se pierde en sus pupilas; un color verdoso se refleja en las lágrimas.

—Lo siento… —murmura, y aparta la vista.

El cazador ejecuta un sutil movimiento con la muñeca, como si se tratara de un bailarín en la cúspide de su acto.

La princesa se torna seria; sus labios se tocan, se pegan entre sí. Luego gira los ojos buscando los de Preus y dice:

—¿Podrás vivir con esto?

De repente, una fina línea roja se deja ver en su cuello, como una cinta que se aferra a la piel. Un destello de sangre brota de ella: una erupción de savia vital que se escapa por su garganta y empapa el rostro de Preus.

El rey grita desconsolado mientras recibe el cuerpo tibio de su hija agonizante. Maldice y ruge mientras sus ojos se apagan.

El príncipe sostiene con fuerza su brazo amputado mientras observa con furia y lágrimas la postura erguida del cazador.

—¡Maten a ese maldito! —gritó, escupiendo saliva.

Preus observa el hacha; del filo cae sangre caliente. Está en shock, intentando comprender la magnitud de su acto.

Escucha al príncipe gritar, al rey llorar desconsoladamente. Escucha a la multitud lamentar la muerte de su princesa.

Alza el rostro, casi hasta la copa de los árboles, y se detiene en las hojas: comienzan a hacerse cenizas, se desintegran una por una, dejándose llevar por la brisa fresca de la tarde.

Una mujer vestida de blanco observa el cielo. Suspira y llora, mientras dibuja formas en las nubes. En sus manos lleva un ramo de flores hermosas; su cabello ondulado cae por los hombros y sigue hasta los codos.

Ese era su día especial: el día en que se casaría con el príncipe del reino.

A su alrededor, la gente grita y corre asustada. A pocos metros de ella, la princesa Leila se desangra en brazos del rey; a un costado, su prometido lucha impotente con el dolor de haber perdido una mano.

Ella entrecierra los ojos; mil pensamientos recorren los túmulos de su mente, y todos terminan en la maldición que lleva su familia. Esa misma maldición de la que su padre hablaba, a la que atribuía la enfermedad que acabó con su vida.

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