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El Lado Oscuro De Mi Tutor.

El Lado Oscuro De Mi Tutor.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:13.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Roxana Fernández

Para Alexander Rivas, el control lo es todo. Como el profesor más temido de la facultad, su arrogancia es su armadura y su intelecto, su arma más letal.

Pero cuando se cruza con Valentina Soler, una alumna que no baja la mirada y que desafía cada una de sus reglas. Siente que su dominio y autocontrol está tambaleando ante el deseo de tenerla.

​Lo que comienza como una guerra de voluntades pronto se convierte en sombras y un deseo voraz que amenaza con destruirlos a ambos.

Sin embargo, en el juego de la seducción, el peligro no es solo ser descubiertos.

Un secreto familiar, enterrado bajo años de mentiras, comienza a salir a la luz.

¿Qué pasará cuando descubran que sus vidas han estado entrelazadas desde mucho antes de conocerse?

¿Lograrán mantenerse unidos después de revelar ese secreto que puede destruirlos a ambos?

NovelToon tiene autorización de Roxana Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6. Cerca del borde.

Capítulo 6

Cerca del borde.

Alexander le explicó los ejercicios a Valentina. Mientras lo hacía, sus dedos rozaron los de ella sin querer. Fue algo mínimo. Pero ambos lo sintieron, una sensación electrizante que dejó el ambiente tenso a su alrededor.

—Estás distrayéndote —dijo él, acercándose un poco más—. Cálculos no es algo que puedas resolver mirando a otro lado.

—Lo intento. Pero es difícil concentrarse.

—¿Por qué?

—Quizás por la misma razón por la que usted se rehúsa a mirarme fijo por mucho tiempo.

—No me rehúso, simplemente no es lo correcto.

—¿Y tú siempre hace lo correcto, Alexander? —su nombre en sus labios sonó distinto. Menos académico. Más íntimo.

Él no respondió. Solo bajó la mirada a la libreta. Pero algo dentro de él dio un vuelco.

Desde afuera, no había nada. Ni un roce. Ni una palabra fuera de lugar. Solo dos cuerpos separados por una mesa… y una atracción que ninguno estaba dispuesto a admitir.

Dos días más tarde, la lluvia golpeaba los cristales de la biblioteca.

Era viernes por la tarde y el campus estaba casi vacío. El clima lluvioso había ahuyentado a todos, excepto a ella. Quizás por necesidad académica. O porque sabía que él estaría ahí.

No podía evitarlo. Aunque sabía que Alexander no volvería a dejarla acercarse, su cuerpo la traicionaba.

Lo deseaba. Soñaba con tenerlo cerca. Y, por momentos, lo odiaba por hacerla sentirse vulnerable.

Sentada al fondo del segundo piso, con el cabello recogido en un moño revuelto y una sudadera gris que le caía por un hombro, fingía leer un poco de cálculo vectorial. Pero sus ojos iban más allá del libro. Lo buscaban entre las estanterías, entre las sombras. Como si su sola presencia bastara para incendiar la biblioteca.

Hasta que lo vio.

Alexander caminaba hacia la sección de análisis. Su camisa estaba pegada a su espalda, húmeda por la lluvia. El cabello, ligeramente revuelto. Tenía esa expresión cansada y oscura que siempre llevaba consigo, como si luchara constantemente contra algo que nadie más podía ver.

Él también la vio. Sus miradas se cruzaron y por un segundo que se sintió eterno, ninguno apartó la vista.

Alexander desvió la mirada. Tomó un libro en un estante cercano. Pero sus manos temblaban levemente, como si supieran que ya no tenía escapatoria.

Ella se levantó. Lo hizo sin pensarlo. Sin medir las consecuencias de sus actos y caminó hacia él con pasos suaves.

Se detuvo a su lado, fingiendo buscar un libro cualquiera en el mismo estante.

—¿Problemas con el clima? —preguntó ella en voz baja.

Alexander tardó en responder.

—No. Estoy acostumbrado a las tormentas.

—Yo no estoy acostumbrada a andar tan... mojada.

Él giró tragó saliva, cerrando sus ojos lentamente. Traicionado totalmente por sus deseos más oscuros.

Estaban tan cerca que podía escuchar los latidos erráticos de su corazón.

—Es viernes, deberías estar en casa.

—Usted también.

Hubo un silencio de esos que se llenan de todo lo que no se puede decir.

—No deberías seguir buscándome —murmuró Alexander—. No es seguro para ti... Ni para mí.

—Y usted no debería seguir evitándome.

Él apoyó una mano contra la estantería, cerca de su cabeza. Su cercanía se sentía como un incendio forestal.

—Valentina...

Ella sintió una descarga eléctrica recorrer su cuerpo al oírlo decir su nombre otra vez de esa forma tan... seductora.

—¿Va a pedirme que me aleje de nuevo? ¿Va a fingir que no siente nada al tenerme cerca?

Alexander cerró los ojos un instante, como si sus palabras fueran una puñalada directa a su autocontrol.

—No te imaginas todo lo que estoy evitando —susurró con los dientes apretados.

Valentina lo miró fijo. No había miedo en sus ojos. Solo deseo.

—Entonces no lo evite más. Que pase lo que tenga que pasar.

Alexander la miró como si estuviera a punto de romperse. Como si cada fibra de su cuerpo gritara por rendirse.

Y durante un segundo, creyó que iba a besarla. Estaba seguro de que lo haría, Pero no lo hizo.

Se separó de golpe, como si el contacto con ella lo quemara.

—Vete —ordenó.

—Soy una mujer, Alexander. Quiero que me mires como tal.

—Y yo soy tu profesor. Y esto... está mal.

Ella no respondió. No tenía por qué justificar lo que ambos sabían. Dio un paso hacia atrás. Luego otro. Y se fue.

Se detuvo en el pasillo. Apoyó la espalda contra la pared y exhaló con fuerza.

Lo había enfrentado. Lo tentó como le indicó Cata y, aún así… él se resistía.

Esa noche, Alexander no durmió. Dio vueltas en su cama, con los recuerdos aún calientes en su cabeza. El olor de su piel. La cercanía de su cuerpo. Esa frase.

Se levantó. Fue hasta el baño y dejó correr el agua fría para apagar ese fuego tan intenso que ardía en su piel. Pero no sirvió. Porque el fuego venía de adentro.

Y Valentina... ella era dinamita pura.

—Maldita sea —murmuró, golpeando con fuerza el borde del lavamanos.

Mientras tanto, en su habitación, Valentina se recostó sobre su cama, apagó la lámpara de noche y dejó que su mente la llevara de regreso a la biblioteca. A su voz. A su cuerpo tenso. A la forma en que sus dedos se clavaban en los estantes para no tocarla.

El deseo la envolvió. Y por primera vez, no huyó de él. Se dejó arrastrar por esa fantasía prohibida.

Cerró los ojos, su respiración se volvió errática. Mordió su labio inferior, mientras sus dedos recorrían su propio cuerpo con timidez e incertidumbre, guiados únicamente por la necesidad de calmar esa ansiedad que, de cierta forma, no sabía cómo manejar.

Era su primer contacto con el deseo más crudo. Con la urgencia del cuerpo por sentir lo que la mente no comprendía del todo. Y aun así, en su interior, algo gritaba que solo él podía completar esa sensación. Solo él.

Al otro lado de la ciudad, en su departamento, Alexander encendió su portátil, pero no podía concentrarse en los archivos frente a él. Cerró con fuerza su laptop. Apoyó la cabeza sobre su escritorio y dejó que la noche lo envolviera.

Y ahí, en medio de la oscuridad de su despacho y con un nudo en el estómago, supo que ya no podía seguir fingiendo.

Valentina Soler lo había arrimado al borde de un abismo. Y él... estaba peligrosamente cerca de caer.

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Alcira Ascanio Felizola
excelente historia
Yura Ran
Romana muchas gracias por tan hermosa novela. excelente /Rose//Rose//Rose//Rose//Rose//Beer/
Yura Ran
muy hermoso y tierno. 👌😊
Xair Victoria
Ese amor es invencible ☺️
Xair Victoria
Me encanta esta novela
Marita Peña
HERMOSA HISTORIA
Marita Peña
👏👏👏👏TREMENDO FINAL
Marita Peña
NO IMPORTA EL DINERO NI LA EDAD
Marita Peña
ME IMAGINO QUE SI DUELE EN DEFINITIVAMENTE ES SU PADRE
Marita Peña
ESTA PAREJA ARDE
Marita Peña
INTERESANTE
Marita Peña
POR SUERTE TODO SALIO A LA LUZ
Marita Peña
👏👏👏
Marita Peña
HERMOSO CAPÍTULO
Marita Peña
👏👏👏POR SUERTE SE SACARON UN CLAVO
Marita Peña
SIEMPRE LO E DICHO ELLOS JUNTOS SON INVENCIBLES
Marita Peña
EXACTO JUNTOS
Marita Peña
👏👏EXCELENTE
Helizahira Cohen
he leído varias con el mismo estilo pero con diferencias
Marita Peña
Y SI TOD@S VÍCTIMAS DE ESTE SOLER
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