Daniela perdió a su madre a la edad de 3 años, su padre se vuelve a casar y le da una perversa madrastra que la maltrata y encierra en el sótano, sótano que guarda grandes secretos.
Acompáñame en mi nueva historia, que sé que será de su agrado.
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EL PODER ESTA EN LA SABIDURÍA
Apenas cruzó la puerta secreta de su refugio, el corazón de Daniela latía con fuerza, no por miedo, sino por la determinación que ardía dentro de ella. La idea que había surgido tras ver la furgoneta del ejército ya no era solo un pensamiento, era el camino que seguiría, y cada paso debía ser calculado con precisión absoluta, tal como lo enseñaban los manuales de su bisabuelo.

Se dirigió directamente a las estanterías de madera oscura, aquellas que guardaban el conocimiento acumulado de generaciones. Con manos firmes, sacó primero los grandes tomos de Derecho Civil, Derecho Internacional y Leyes de Sucesión, libros antiguos pero llenos de una letra clara y detallada que ella ya conocía bien, y junto a ellos, los pesados volúmenes de Táctica Militar, Estrategia de Guerra y Liderazgo. Se sentó ante la mesa de madera, encendió varias lámparas de aceite para tener luz suficiente, y se puso a estudiar con una intensidad feroz.
Quería empaparse de cada norma, de cada artículo, de cada ley que pudiera servirle. Leía y subrayaba, comparaba, tomaba notas y analizaba: sabía que para vencer a sus enemigos no bastaba con la fuerza física, ni con la inteligencia, ni siquiera con ser la verdadera heredera. Necesitaba conocer las leyes mejor que ningún abogado, necesitaba saber moverse dentro de las reglas que ellos mismos creían controlar. Y al mismo tiempo, estudiaba cómo se planifica una operación, cómo se engaña al enemigo, cómo se protege una posición y cómo se avanza sin ser detectado. “La guerra también se gana con papel y tinta”, decía una nota al margen escrita de puño y letra de su bisabuelo, y Daniela lo entendía perfectamente.
Pasó toda la noche en vela, absorbiendo todo ese saber, armando en su cabeza el esquema perfecto de lo que haría. Cuando los primeros rayos de sol comenzaron a filtrarse por la pequeña ventana oculta entre las raíces de los árboles, cerró los libros con un golpe seco. Ya lo tenía claro.
Al día siguiente, cuando Lupita subió a sus quehaceres, dejándola tranquila, Daniela tomó una hoja de papel grueso y de buena calidad —de las muchas que guardaba—, un lápiz afilado, y comenzó a escribir. No escribió una carta corta ni un resumen. Empezó a narrar, con letra clara, elegante y firme, la historia completa de su vida: la tragedia que fue perder a su madre, el cambio brutal en el comportamiento de su propio padre, la llegada de Renata y su hija Miriam, el desprecio, la indiferencia, y finalmente, el acto cruel de ser encerrada en aquel sótano frío y oscuro con apenas tres años.
Describió con detalle el horror de aquellos primeros tiempos, el llanto desconsolado, el miedo a la oscuridad, la soledad. Pero también escribió sobre la llegada de Lupita, sobre el descubrimiento del refugio secreto, sobre cómo había crecido allí, aprendiendo, leyendo, entrenando, sobreviviendo y volviéndose fuerte. Contó cómo había salido de noche para conocer el mundo, cómo había visto con sus propios ojos que todo lo que era suyo se usaba como si fuera de ellos.
Escribió todo aquello como si narrara una historia de terror, porque en verdad lo había sido: una niña arrojada al olvido por quienes debían amarla y protegerla. Y luego, llegó a la parte más importante, la petición a su padrino, Laureano.
“Señor y padrino mío, a quien mi madre amó y confió por encima de todos: he escrito esto no para pedir lástima, sino para pedir justicia y ayuda. Usted cuida mi fortuna, cree que soy una niña feliz y bien atendida, pero la realidad es esta que le cuento aquí. Necesito que crea cada palabra, porque de ello depende recuperar mi nombre, mi vida y todo lo que es justo y legalmente mío.”
Pero entonces, plasmó en el papel la parte más brillante y arriesgada de su plan, la que había ideado tras estudiar las leyes durante toda la noche:
“Padrino, escuche bien lo que le propongo, porque es la única forma de ganar. Si yo desapareciera oficialmente, si se creyera que he muerto, mi padre César reclamaría inmediatamente mi herencia completa. La ley le daría todo, y entonces Renata y él serían dueños absolutos del imperio de mi madre, y nada podría hacerlos pagar por sus crímenes. Yo no puedo ser declarada muerta, jamás. Debo existir, pero no aquí, no ahora, no donde ellos puedan verme o tocarme.”
Hizo una pausa en su escritura, y luego continuó, plasmando su genial estrategia:
“Lo que debemos hacer es lo siguiente: necesito a alguien que me suplante. Una persona que se quede aquí, encerrada en mi lugar, que finja ser la niña débil y olvidada que ellos creen que soy. Alguien que se quede en el sótano visible, que se mantenga oculta, que no hable ni se deje ver, para que Renata y mi padre sigan creyendo que sigo aquí, encerrada, indefensa y sin valor. Así, yo seguiré existiendo legalmente, nadie podrá reclamar mi herencia, porque sabrán que estoy viva, pero nadie sabrá dónde estoy realmente.”
“Mientras esa persona ocupa mi lugar en la sombra, yo podré irme. Iré al Ejército, tal como lo planeé. Allí me formaré, estudiaré, ascenderé y me haré fuerte y poderosa, tal como mi bisabuelo lo hubiera hecho. Allí aprenderé todo lo que hace falta para ser respetada y temida. Usted, padrino, debe ayudarme a conseguir a esa persona de confianza, alguien leal, discreta y valiente. Y cuando yo regrese, convertida en una mujer de autoridad, con rango y poder, entonces nos presentaremos juntos ante la ley, ante el mundo y ante ellos. Entonces revelaremos la verdad, entonces presentaremos las pruebas, y entonces cobraremos cada deuda. Ellos creen que ganaron porque me quitaron todo… pero no saben que yo solo estaba preparándome para recuperarlo todo, y mucho más.”
Firmó la carta con su nombre completo: Daniela, única heredera de Mariela, y la dobló con mucho cuidado. Sabía que enviarla sería el siguiente paso, y que cuando Laureano la leyera, todo su mundo cambiaría para siempre.

Ya no era solo una niña encerrada. Era una estratega, una heredera y una futura oficial, que estaba a punto de jugar la partida más importante de su vida, donde las piezas eran el honor, la justicia y una fortuna inmensa.
Ella misma les puso la trampa y tanto Alvaro como Mirian cayeron
Pobre Javier, todo lo que sufrió, por suerte volvió Daniela
Ojalá Alvaro también pague