Jules vende su intimidad en internet para pagar una deuda familiar que la ahoga. Ha aprendido a sobrevivir separando su cuerpo de sus emociones. Pero la llegada de un nuevo profesor despierta en ella una duda peligrosa: quizá nunca ha conocido el amor… solo el vacío. Y por primera vez, alguien podría enseñarle la diferencia. ❤️
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Y
...Al día siguiente......
—Dijiste que tú estabas dispuesto a ayudarme —no me da miedo decirle.
Asintió, bebió y nuestro contacto visual hizo chispas. ¿Qué pensara sobre mí?
—Así es. Dije que te ayudaría.
—Pues esta vez si voy a necesitar que me ayudes.
Noté que estaba complacido con mi petición. ¿Qué pensamientos cargaba Francisco? ¿Qué ideas ocultas no me evidenciaba aún?
—¿Qué puedo hacer por ti?
Francisco me veía con determinación y eso me pareció excelente.
—Se trata de mi hermano. ¿Cómo puedo hacer que pague todo el mal que me ha hecho? —Clavo mis pupilas en sus ojos—. La verdad es que, no se me ocurre una buena forma para hacer que él pague por el daño que me ha causado. ¡Pero necesito hacer que pague por lo que me ha hecho estos años!
Estábamos terminando de comer en un restaurante pequeño, sonaba música de fondo y no me daba miedo hablar con él. De cierto modo, sentía una profunda confianza en mi profesor.
—¿Qué hizo esta vez?
—Me encarriló con el hermano de su esposa. Planeó una cita el día de ayer entre su cuñado y yo.
—¿Hablas de una cita?
—Sí.
Parece interesado en el tema, su mirada se tornó muy curiosa.
—¿Y fuiste?
—Tuve que ir, no quise ser descortés con el sujeto.
—¿Te hizo daño el hombre con el que saliste?
—No. En realidad no, pero mi hermano sí. ¡Germán me ha lastimado tanto! Siempre me ha usado a su conveniencia y ya no lo soporto. Me convirtió en un objeto y por eso, a veces me cuesta mucho trabajo quererme. Siempre quiere usarme para salirse con la suya y obtener beneficios.
Mi profesor parecía meditar en lo que yo acababa de referirle. Estaba siendo muy franca con él. ¡Sentía que era lo correcto!
—Está bien. ¡Te ayudaré!
—¿Qué harás?
—Un par de llamadas.
Me sacó de onda un poco.
—¿Llamadas telefónicas?
—Así es.
¿A quién llamaría? ¿Cómo podría solucionarse mi problema con un par de llamadas? Su forma de sacar el celular, su mirada, su semblante; el hombre frente a mí se veía diferente al Francisco que me da clases. Aquí, él se veía autoritario.
Sus cejas fruncidas, los dedos sobre la pantalla de su celular y las venas marcadas en sus manos me hicieron pensar en querer sentirlo tocándome la piel con…
—¿Quién eres? —Me atreví a preguntarle.
Tragué saliva, me obligue a controlar mis pensamientos candentes.
—Soy Francisco.
—No sí, eso lo sé. Me refiero a ¿quién eres para hacer solo un par de llamadas y así poder ayudarme?
Sonrió ligeramente, se veía despreocupado.
—Soy tu protector.
Se estaba poniendo interesante esto.
—¡No inventes! Estás siendo dramático.
—¿Tiene algo de malo que sea dramático? —Su mirada, sus labios y su voz estaban tan llenos de seguridad.
—No, pero...
—Todo estará bien. ¿Quieres que tu hermano sufra?
¿Que es lo que yo quería en realidad?
—Me gustaría que dejara de buscarme.
—Perfecto.
—¿Qué harás para ayudarme? —Quise saber.
Enfoca sus ojos en mis pupilas, no sonríe y es como si el tiempo se detuviera. ¿Qué tanto piensa este hombre? ¿Por qué siento que está jugando a ser misterioso? ¡Qué desgaste siente mi corazón!
—Aparte de ser profesor y aparentar ser muy intachable, soy el jefe de algo más grande que un hombre endeudado. ¡Soy el poder que dicta más allá de un simple deseo!
—¿Cómo? No te estoy entendiendo.
Asintió. Bebió más de su copa y parecía que mi reacción no era una sorpresa para él.
—Te he estado vigilando desde hace un tiempo y solo estaba esperando a que acudieras a mí por ayuda.
¿Qué está sucediendo? De pronto no entiendo nada pero me obligo a darle secuencia.
—¿Sabias que llegaría este momento?
Asiente.
—Sé lo que pasó el día de ayer y creo que eres más fuerte que lo que yo pensaba. ¡Te subestimé un poco! Aparte de hermosa, eres muy fuerte.
Yo no estaba entendiendo lo que él decía.
—Francisco, sé más claro. No te estoy entendiendo y me da la impresión de que comienzas a obsesionarte conmigo.
Se ríe, se acaricia la barbilla y no deja de mirarme.
—Tenía una novia. Quería casarme con ella y sentía que podía ser feliz a su lado —dijo.
De verdad que no estaba entendiendo esto.
—¿Por qué me cuentas esto?
—Porque no pude ayudarla tanto. Ella se alejó de mí.
—No entiendo por qué...
—Desapareció de la faz de la tierra.
¿Qué significaba eso? ¿Desaparecer de la faz de la tierra? ¿Qué tenía que ver eso conmigo?
—¿Murió? —Me atrevo a preguntarle.
—Así es. Se quitó la vida.
Sus palabras me impactaron. ¿Su novia? ¿Muerta? ¿Por qué? ¿Qué la llevó a eso?
—¡Lo lamento mucho! —Fue lo primero que se me ocurrió decir.
—Han pasado cinco años. Ya lo he superado.
—Eso está bien, yo sé lo que se siente perder a alguien que amas.
—Por eso quiero ayudarte.
¿Ayudarme para evitar que algo malo me suceda?
—¿Eres un espía secreto? —Se me ocurrió preguntarle.
Sonrió ligeramente.
—A veces también lo soy —dijo sin pena.
Esto estaba siendo demasiado curioso. ¡Neta que estaba muy fumado! Ni siquiera tenía ganas de creerle.
—Sabes que, no es necesario que me ayudes. Intentaré hacer las cosas de otro modo. ¡Estaré bien!
—Temo que no puedo aceptar que rechaces mi ayuda. ¡Fuiste amable conmigo desde la primera vez!
Recordé aquel día en que lo conocí. Su papeleo estaba regado por todo el suelo y me acerqué a ayudarlo.
—Sí, lo recuerdo bien. Pero, no es necesario. No me debes nada y yo tampoco.
—Dijiste que querías que tu hermano pagara por todo el daño que te ha causado. ¿Ya no quieres seguir sufriendo por culpa de él?
—Solo quiero que ya no me busque más.
—No tengas miedo entonces, yo puedo encargarme de él.
—A lo mejor si puedes encargarte de Germán, pero, empiezo a creer que eso me pondría en una situación compleja, seguro estaré en deuda para contigo. ¡Y no quiero deberte nada!
—No me deberás nada.
Negué ligeramente.
—Yo...
—¿Puedo acostarme contigo? —Pidió.
En sus ojos miel, hubo oscuridad. ¿Miel con limón? ¿Sol y luna? ¿Noche sin estrellas?
—¡¿Qué dices?!
—Sí. Me gustaría acostarme contigo. ¿Eso es malo?
Nuestro contacto visual era fuerte. ¿Qué comunicaban nuestras miradas? Mi deseo candente quería que las manos fuertes de Francisco me tocaran íntimamente y acariciaran lo más profundo de mi alma. ¡Quería sentirlo tocándome! Pero, creo que debía controlarme. ¡Mi mente se estaba poniendo cachonda en un momento importante!
—¡Te lo dije! Sabía que me pedirías algo a cambio.
—¿Es malo lo que te estoy pidiendo?
—Bueno, en realidad no. Pero, eres mi profesor.
Sonrió ampliamente.
—¿Y eso que tiene de malo? Tú eres mayor de edad y no estás bajo ningún compromiso con nadie. En mi caso es igual. ¿Qué tiene de malo que quiera acostarme contigo para dormir?
¿Acostarnos para dormir? ¿A qué rayos estaba jugando este hombre?
—¿Dormir conmigo? Tú no...
—No me estoy refiriendo a acostarme contigo para tener sexo. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste abrazada a tu madre?
Su pregunta me puso a pensar.
—Eso no importa ahora. No dormirás conmigo y punto.
—Percibo que te falta recibir cariño y también quiero ayudarte con eso.