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Dónde Caen Las Estrellas

Dónde Caen Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Secuestro y encarcelamiento / Romance / Aventura
Popularitas:219
Nilai: 5
nombre de autor: Beatriz zafra

Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.

Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.

Sin embargo, la isla no está desierta.

Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e

NovelToon tiene autorización de Beatriz zafra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Me quedé inmóvil después de escuchar a Lou.

—¿Qué quieres decir con que pertenezco a él? —pregunté lentamente.

Lou evitó mirarme directamente.

Eso no ayudó en absoluto a mi tranquilidad.

Kai seguía frente a mí observándome como si esperara que aceptara todo aquello sin problemas. La luz de las antorchas hacía que sus ojos dorados brillaran todavía más dentro del templo.

Era intimidante.

Mucho.

—Lou —dije intentando mantener la calma—. Explícale que las personas no pueden pertenecer a otras personas.

Ella tradujo mis palabras con cierta inseguridad.

Kai escuchó sin interrumpirla.

Después respondió algo corto y firme.

Lou suspiró.

—Dice… que en esta isla sí.

—Pues en mi mundo no.

Kai volvió a hablar.

Más serio esta vez.

Incluso dio un paso hacia mí.

Instintivamente retrocedí.

Mala idea.

Mi espalda chocó contra una de las columnas de piedra del templo y Kai terminó quedando demasiado cerca otra vez.

Mi corazón empezó a latir rápidamente.

—Lou… —murmuré sin apartar la vista de él—. ¿Por qué me mira así, acaso tengo en la cara o que?

Ella dudó unos segundos.

—Porque está interesado.

—¡Ya entendí eso! Pero apenas me conoce.

Kai frunció ligeramente el ceño al escuchar mi tono alterado. Parecía notar mi rechazo incluso sin entender mis palabras.

Y honestamente… eso parecía irritarlo.

Lou volvió a hablar con él intentando tranquilizarlo, pero Kai respondió algo más largo esta vez.

Su voz grave resonó dentro del templo.

Yo seguía sin entender nada.

Hasta que Lou se giró hacia mí nuevamente.

—Kai dice que el océano te trajo a él.

Parpadeé.

—…¿Qué?

—Dice que sobrevivir no fue casualidad.

Sentí un escalofrío incómodo.

No me gustaba cómo sonaba eso.

Kai levantó lentamente una mano y tomó un mechón de mi cabello entre sus dedos observándolo con curiosidad. Parecía fascinado con el color claro.

Yo me quedé completamente quieta.

No sabía si apartarme o dejar que terminara.

Él dijo algo más mientras seguía mirándome.

Lou pareció sorprendida esta vez.

—¿Qué dijo ahora este? —pregunté nerviosa.

Ella tragó saliva.

—Dice… que eres hermosa.

Abrí los ojos.

—¿Qué? O sea si sé que soy hermosa pero no puedes decirle que me incomoda que me toque el cabello.

Lou asintió lentamente.

Sentí calor subir inmediatamente a mis mejillas.

No.

No iba a ponerme nerviosa por eso.

No importaba que Kai fuera absurdamente atractivo. Seguía siendo un hombre salvaje que me había secuestrado y decidido convertir en su pareja sin preguntarme.

Tenía que concentrarme.

Buscar una forma de salir de allí.

Kai pareció notar mi incomodidad porque una pequeña sonrisa apareció apenas en una esquina de su boca.

Y eso fue peor.

Porque de repente dejó de parecer solo intimidante.

Ahora también era peligroso de otra manera, pero a la vez atractivo.

Sacudí la cabeza rápidamente intentando ignorarlo.

—Lou —dije en voz baja—. Necesito irme de esta isla.

Ella me miró sorprendida.

—No puedes.

—Claro que puedo.

Lou negó lentamente.

—Nadie sale.

La seguridad con la que lo dijo hizo que un nudo se formara en mi estómago.

Antes de que pudiera responder, varias mujeres mayores entraron al templo cargando telas, recipientes y cuencos de barro.

Todas se detuvieron al verme.

Y luego comenzaron a hablar rápidamente entre ellas.

No parecían precisamente felices.

Una anciana señaló mi ropa rota del accidente mientras murmuraba algo con desaprobación.

Kai respondió sin apartar la vista de mí.

La mujer inmediatamente bajó la cabeza.

Ah, genial. ( Encima que me miran rara)

Definitivamente él mandaba aquí.

Una de las mujeres se acercó y dejó unas telas claras sobre una piedra cercana. Luego señaló mi ropa y habló lentamente intentando hacerse entender.

Miré hacia abajo.

Mi camiseta estaba rota por varios lados y llena de tierra seca.

Fantástico.

Suspiré cansada.

—¿Quieren que me cambie?

Lou asintió.

—Ropa nueva.

Miré las telas nuevamente.

Parecían vestidos antiguos hechos a mano.

—No pienso usar eso.

Kai habló otra vez.

Solo una frase corta.

Y por alguna razón todas las mujeres obedecieron inmediatamente.

Lou me miró.

—Kai dice que ahora eres parte de la tribu. Debes vestir como ellos.

Me crucé de brazos.

—Dile a Kai que puede meterse sus reglas por donde no se le asoma— dices cansada y frustrada.

Kai pronunció mi nombre de repente.

—Rous.

Levanté la vista. Encima que dice mi nombre mal.

Él seguía observándome fijamente.

Luego señaló las telas y habló con voz calmada, aunque firme.

Lou tradujo en voz baja.

—Dice que quiere cuidarte.

Eso me tomó desprevenida.

Por un segundo no supe qué responder.

Porque aunque seguía siendo controlador y completamente dominante… había algo extraño en la forma en que Kai hablaba de mí.

Como si realmente creyera que me estaba protegiendo.

Y eso era lo más confuso de todo.

Porque una parte de mí quería odiarlo y alejarlo de mí.

Pero otra empezaba peligrosamente a sentir curiosidad por él, por su manera de pensar, de mirarme.

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