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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

El olor a salitre y gasoil del puerto privado de Montenegro se mezclaba con el aroma del tabaco caro que Renzo Cavalli exhalaba con parsimonia. A sus treinta y cinco años, Renzo no solo poseía flotas navieras y bancos; poseía el aire que la gente respiraba a su alrededor. Era un hombre de facciones talladas en granito, con ojos tan oscuros que parecían absorber la luz del sol.

Frente a él, tres hombres con el rostro curtido por la violencia del desierto y el narcotráfico custodiaban una caja de madera de dimensiones humanas.

—Es una pieza única, Cavalli —dijo el líder de los capos, limpiándose el sudor de la frente—. La encontramos en un convento en la frontera. Veinte años recién cumplidos. Inmaculada.

Renzo no respondió. El silencio era su mejor arma; obligaba a los demás a hablar de más por puro nerviosismo. Hizo una señal casi imperceptible con la mano enguantada de cuero negro. Sus hombres abrieron la caja.

Dentro, atada de pies y manos con cuerdas que ya habían empezado a quemar su piel pálida, estaba Mía. No lloraba. Sus ojos, verdes como el veneno, recorrieron el muelle hasta clavarse en los de Renzo. Había un desafío salvaje en su mirada, algo que el multimillonario no había visto en ninguna de las mujeres que se lanzaban a sus pies por una tarjeta de crédito.

—Sáquenla —ordenó Renzo. Su voz era un barítono profundo que vibró en el pecho de la chica.

Cuando los guardias la pusieron en pie, Mía trastabilló, pero se negó a que la sostuvieran. A pesar de la ropa rasgada y el polvo, caminaba con la barbilla en alto. Se detuvo a escasos centímetros de Renzo. Él era mucho más alto, una mole de músculos envuelta en un traje de tres piezas hecho a medida que gritaba autoridad.

—Así que tú eres el comprador —escupió Mía. Su voz era rasposa, pero firme—. Esperaba a alguien más... viejo. Alguien a quien fuera más fácil asfixiar mientras duerme.

Dante arqueó una ceja, intrigado. El hombre que lideraba el intercambio se adelantó, escandalizado.

—¡Cállate, perra! Tenle respeto al señor Cav...

Antes de que el traficante pudiera terminar la frase, el guardaespaldas de Renzo ya le estaba apuntando a la cabeza. Renzo no apartó la vista de Mía. Se acercó tanto que ella pudo oler su perfume: sándalo, cuero y el metálico aroma del peligro.

—¿Asfixiarme? —susurró Renzo , extendiendo una mano para atrapar el mentón de la chica con una presión que rozaba el dolor—. Muchos lo han intentado, pequeña. Pero para hacer eso, primero tendrías que poder acercarte a mi cama. Y de momento, tu lugar está en el sótano, con el resto de mis adquisiciones que necesitan... educación.

Mía no retrocedió. Al contrario, se inclinó hacia él, reduciendo la distancia hasta que sus labios casi se rozaban. La tensión en el aire era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo.

—Puedes comprar mi cuerpo, "señor" Cavalli —dijo ella con una sonrisa gélida y provocadora—, pero te vas a gastar cada centavo de tu estúpida fortuna intentando que cierre la boca. Y te aseguro que cada vez que me toques, vas a desear haberme dejado en esa caja.

Renzo sintió una descarga eléctrica recorrerle la columna. No era solo deseo; era una pulsión de dominio, algo perverso que rugió en su interior al ver la insolencia de esa niña . Por un momento, sus ojos bajaron a los labios de Mía, que temblaban ligeramente a pesar de su valentía.

—Me gustan los retos —sentenció Renzo. Soltó su mentón con brusquedad y miró a sus hombres—. Llévenla a la mansión de la isla. Pónganle las esposas de seda. No quiero que se escape... todavía. Quiero que entienda que en mi mundo, ella no es una persona. Es mi obsesión privada.

Renzosacó un fajo de billetes y lo arrojó al suelo, sin molestarse en contar. Mientras se alejaba hacia su jet privado, escuchó los gritos de Mía maldiciendo en tres idiomas diferentes. Sonrió por primera vez en años. Iba a ser una cacería larga, oscura y exquisitamente dolorosa.

En su mente, ya estaba imaginando todas las formas en las que rompería ese orgullo, y cómo ella terminaría suplicando por el mismo toque que ahora juraba despreciar.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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