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Madre De Acero, Hogar De Cristal

Madre De Acero, Hogar De Cristal

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Traición / Completas
Popularitas:12.3k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Susena creía vivir en un paraíso: un hogar impecable, tres hijos amados, un bebé en camino y un esposo que parecía perfecto. Pero cuando Julián muere en un trágico accidente, su mundo de cristal estalla.

Entre deudas ocultas y el descubrimiento de una impactante doble vida, Susena se queda en la calle y sin nada. Sola con sus hijos y una tía a su cargo, deberá abandonar su fragilidad para transformarse en una madre de acero. Una historia de traición y coraje donde una mujer deberá luchar contra la pobreza y el engaño para reconstruir su destino.

¿Hasta dónde llegarías para salvar a los tuyos cuando descubres que tu vida entera fue una mentira?

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: El momento equivocado

El miércoles en la Torre D'Angelo fue uno de esos días donde el tiempo parece volar cuando el trabajo tiene sentido. Susena llegó temprano, con una energía que desafiaba cualquier lógica. Nadie hubiera dicho que esa mujer de cuarenta años cargaba cuatro meses de embarazo, el peso de una traición y la responsabilidad de tres hijos y una tía. Se movía por su oficina con una agilidad y una pasión que habían empezado a silenciar los chismes del piso. Sus compañeros, que al principio la miraban con desprecio y curiosidad morbosa, comenzaban a rendirse ante la evidencia: Susena Vallejo era una publicista extraordinaria.

Jennifer entró a su oficina cerca de las cuatro de la tarde.

—Susena, el señor D'Angelo necesita los contratos del lanzamiento firmados antes del cierre de hoy. ¿Puedes subírselos tú misma? Su secretaria ya se fue.

—Claro, enseguida —respondió Susena, tomando la carpeta sin darle mayor importancia.

Lo que Susena no sabía...

En el piso sesenta, Maximiliano D'Angelo estaba solo en su despacho, revisando los índices del mercado asiático con la concentración de quien ha construido un imperio con sus propias manos. Había sido un día largo, lleno de reuniones estratégicas y llamadas desde distintas partes del mundo, pero su mente, a pesar de todo, volvía una y otra vez a una sola imagen: Susena el lunes, con ese vestido verde esmeralda, defendiendo sus ideas con los ojos brillantes de pasión. Hacía décadas que una mujer no lo ocupaba así.

El sonido de la puerta al abrirse lo sacó de sus pensamientos. No era su secretaria, ya se había marchado. Era Vivienne Laurent, una modelo francesa de veintiocho años, de piernas largas y cabello rubio, con quien había tenido una relación esporádica durante los últimos meses. La joven entró sin anunciarse, con una sonrisa calculada y un vestido rojo que pretendía no dejar nada a la imaginación.

—Max, mi amor, te he extrañado —dijo Vivienne, cerrando la puerta a sus espaldas y caminando directamente hacia él.

—Vivienne, no tenemos una cita hoy. Estoy trabajando —respondió Maximiliano con frialdad, sin apartar los ojos de la pantalla.

—Eso no importa —ronroneó ella, ignorando el tono—. Me siento sola. Y además necesito hablar contigo de algo importante.

Maximiliano la conocía demasiado bien. Sabía que "algo importante" para Vivienne siempre se traducía en la misma ecuación: más atención o más dinero. Suspiró, dejando los documentos sobre el escritorio, listo para poner fin a la situación de la manera más directa posible.

—Vivienne, creo que es momento de que hablemos claramente sobre lo que hay entre nosotros, o más bien, lo que ya no hay —empezó él, con una firmeza que no admitía rodeos.

Pero Vivienne, experta en leer el terreno y consciente de que lo estaba perdiendo, tomó una decisión desesperada. Antes de que Max pudiera terminar la frase, la modelo se acomodó en sus piernas, rodeándole el cuello con los brazos y plantándole un beso largo y posesivo en los labios. Maximiliano reaccionó de inmediato, agarrándola por los brazos para apartarla, furioso por la maniobra.

—Vivienne, basta. Esto se acabó —gruñó él, justo en el momento en que las puertas del despacho se abrieron.

Susena entró con la carpeta de contratos bajo el brazo, con una sonrisa profesional lista para el saludo de costumbre. Pero la sonrisa se congeló en su rostro. La escena que tenía frente a sus ojos le golpeó el pecho como un bloque de hielo. Una mujer despampanante, joven y con un vestido rojo que gritaba provocación, estaba sentada en las piernas de Max, con los labios todavía sobre los suyos.

El dolor fue instintivo e inmediato, y eso la asustó. ¿Por qué le dolía? Max no era su hombre. Él nunca le había prometido nada. Pero el corazón no entiende de lógica, y el de Susena acababa de recibir una herida que no esperaba. En una fracción de segundo, su armadura de acero se volvió a colocar, impenetrable.

—Disculpe la interrupción, señor D'Angelo —dijo Susena con una voz que no traicionó absolutamente nada—. Los contratos del lanzamiento. Los dejo aquí.

Depositó la carpeta en la mesa más cercana con una precisión quirúrgica, sin mirar a la modelo ni volver a mirar a Max. Se giró hacia la puerta con la misma elegancia con la que había entrado.

—Susena, espere —la voz de Max sonó urgente, una urgencia que nadie en esa oficina le había escuchado nunca.

Pero ella ya había cerrado la puerta a sus espaldas. Caminó hacia el ascensor con pasos firmes, sin apresurarse, sin derrumbarse. Solo cuando las puertas metálicas se cerraron y se vio sola en el espejo de la cabina, permitió que sus ojos se llenaran de lágrimas por un segundo. Solo uno. Luego las secó con el dorso de la mano, se miró fijamente al espejo y dijo en voz baja, solo para sí misma:

—Tú no lloras por hombres, Susena. Ya aprendiste esa lección.

En el piso sesenta, Maximiliano había apartado a Vivienne de un movimiento brusco y se había puesto de pie. Su expresión, que pocas personas en el mundo habían visto alterada, estaba cargada de una furia y una urgencia que la modelo nunca esperó.

—Sal de mi oficina, Vivienne. Hoy y para siempre —dijo él, con una voz que heló el aire de la habitación.

Tomó su chaqueta y caminó hacia el ascensor, sin importarle los papeles sobre el escritorio ni las llamadas pendientes en su teléfono. Solo había una persona a la que necesitaba alcanzar antes de que el ascensor tocara el lobby.

1
Shony Zatarain
excelente 🌹
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
voy a buscar otras novelas tuyas. espero sean también cortas
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Marta Bettucci
me encantó
Corta y sin tantos dramas.
Yolanda Morocho
hojala Julián no esté muerto paraq vea q ella está con un hombre mejor q el
Yolanda Morocho
seguro q no está muerto q por tantas deudas finjio su muerte
Yolanda Morocho
me gusta q ses una mujer fuerte y le aya puesto muy claro todo
Mercedes Elena Bernaez Balza
/Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Good//Good//Ok//Heart//Rose/
Yolanda Villamar
😍m gusto mucho cortita pero muy bella gracias escritora
Yolanda Villamar
😄😍haaaay yo quiero uno de esos
Yolanda Villamar
q vien por ella q le demuestre Al maldito muerto q va salir sola
Carmen Rodriguez
/Drool/
Graciela Alvarez
gracias por compartir tan bonita historia 😍
Rossi
mientras Julian cambió a su esposa por una mujer de 25, Max cambió.las de 25 por una hermosa mujer/madre de 40 🥰
Rossi
lo que me da rabia y tristeza, es que Julian nunca pensó en sus hijos, 😭
Helizahira Cohen
muy bonita he leído dos novelas tuyas cortas, bien narrada, buena trama y ortografía 👏👏
Helizahira Cohen
con tantas cosas ya debería tener 5 meses y visitar al medico
Helizahira Cohen
Es un poquito loca, él la dejo en el apartamento y luego hablo de la recepcionista, me perdí, pero esta buenísima
Helizahira Cohen
ni siquiera la casa, que descaro y aun se despidió esa mañana como si nada, estará muerto de verdad ?
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