Maximiliano "Max" Vogel no cree en el amor; cree en los resultados, en el poder y en el control absoluto. Es guapo, insultantemente rico y sabe que es inalcanzable. Para él, las mujeres son un juego de una sola noche, piezas de ajedrez en un tablero que siempre domina. Pero su estructura perfecta se tambalea cuando su hermano y mejor amigo, Luca, le pide un favor que no puede rechazar: supervisar la entrada de su mejor amiga al mundo laboral.
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virginidad
—Pero cambiemos de tema por qué hablar de tu hermano ara que la comida me caiga mal en el estómago por qué mañana lo tengo que acompañar a la zona industrial, mejor dime si vendrá Carli?— dijo Poli mirando a Luca pues Carli era la novia de luca Pero ella vivía en España.
Luca soltó un suspiro, y por un momento, la sombra de preocupación por su hermano desapareció para dar paso a una expresión de añoranza. Dejó los cubiertos y se recostó en la silla, mirando su teléfono que descansaba sobre la barra.
—Ojalá pudiera decirte que sí, Poli —dijo con una sonrisa melancólica—.
Hablé con ella hace unas horas. El máster en Madrid la tiene absorbida por completo y ahora está con las prácticas en el hospital. Dice que las guardias son eternas, aunque... —Luca hizo una pausa y sus ojos brillaron con un plan secreto—, me dio una pista de que quizá pueda escaparse para tu cumpleaños. Pero no digas nada, que se supone que es una sorpresa para ambos.
—Me encanta ya necesito a una chica en este lugar — dijo Poli suspirando.
—te entiendo Pero me tienes a mi y lo sabes.— dijo Luca terminando su comida.
— Si Pero contigo no puedo hablar, que no he tenido novio por mucho tiempo de repente desaparecen y sigo siendo virgen y eso a mis veintidós años es horrible.— dijo poli suspirando.
Luca casi se atraganta con el último trago de agua. Tosió un par de veces, limpiándose los labios con la servilleta mientras miraba a Poli con los ojos como platos. Sabía que su amiga era franca, pero esa confesión lo había tomado totalmente desprevenido.
—¡Poli! —exclamó Luca en un susurro gritado, lanzando una mirada rápida hacia la escalera por si alguien estuviera escuchando.
Se inclinó hacia adelante sobre la barra, bajando el tono de voz, volviendo a ser ese confidente leal de toda la vida.
—Y no es horrible —continuó Luca con suavidad—. Es solo que... eres mucha mujer para los idiotas que han intentado acercarse. Tienes una lengua que corta y una inteligencia que intimida. La mayoría de los tipos de nuestra edad buscan a alguien a quien puedan impresionar con un coche caro, y tú... tú te ríes de sus coches mientras les explicas cómo funciona el motor.
— Eso me da la razón, acaso no encontré a alguien.?— suspiro de nuevo poli.
— Inténtalo entonces, Pero por dios no te vayas a acostar con cualquier tipo y menos uno como mi hermano y tranquila pronto vendrá Carli y hablaras mejor de esto con ella.— dijo Luca.
—Bueno, si ella viene para mi cumpleaños, tendré que asegurarme de seguir empleada para entonces —bromeó Poli, dejando los platos en el lavavajillas—. Y para eso, necesito dormir al menos unas horas antes de que tu hermano pase por mí como un huracán verde a las seis de la mañana.
—A las seis y media —corrigió Luca con una mueca de simpatía mientras se levantaba para ayudarla—. Mi hermano no conoce el concepto de "mañana", solo el de "ahora mismo". Y Poli...
Él se detuvo un momento, mirándola con esa mezcla de protección y complicidad que solo un mejor amigo sabe.
—No te sientas mal por ser quien eres. No es que no hayas encontrado a alguien, es que el mundo está lleno de hombres que le tienen miedo a una mujer que no necesita que la salven. El que llegue, tendrá que ser un gigante para estar a tu altura.
— Por eso te quiero.— dijo poli limado la cocina, al terminar miró el teléfono ya casi eran las diez y Max no había llegado, subió las escaleras asta su habitación se dió un bañó para después solo desplomarse en su cama con el teléfono en la mano para el despertador.
El sueño de Poli fue profundo, pero su reloj interno —forjado por años de no tener nada regalado— la despertó minutos antes de que la alarma siquiera se atreviera a sonar.
Poli bajó las escaleras en un silencio absoluto. Llevaba puesto un conjunto que gritaba profesionalismo: pantalones de sastre, una blusa de seda impecable con un escote sexy y una gabardina ligera. En su bolso, junto a su computadora un casco de motocicleta que siempre usaba.
Poli puso un pie en el último escalón. Max ya estaba allí, impecable en un traje color carbón que parecía recién planchado por los mismos dioses de la eficiencia. Estaba de espaldas, revisando unos planos en su tableta, pero se giró en cuanto escuchó el roce de la gabardina de Poli.
Sus ojos de Max se clavaron primero en el casco de motocicleta que ella sostenía y luego ascendieron con una lentitud deliberada. Se detuvieron un segundo de más en el escote de la blusa de seda, donde el brillo de la tela contrastaba con la determinación de su piel, antes de volver a chocar con la mirada de Poli.
— No me digas que pretendes llegar a la oficina en esa cafetera de dos ruedas hasta la zona industrial.— dijo Max mirándola con el ceño fruncido.
Poli ajustó el agarre de su casco y le dedicó una sonrisa cargada de esa confianza que tanto lo irritaba.
—Esta "cafetera", como la llamas, llega a lugares donde tu deportivo de lujo ni siquiera soñaría entrar, Max. Además, prefiero el viento en la cara que el aire acondicionado viciado de tu oficina —replicó ella, caminando hacia la puerta sin esperar a que Max se quitará.— Llegaré a tiempo a la oficina, jefe si eso es lo que le preocupa.
Max no se movió. Bloqueó el paso hacia la puerta principal con su imponente figura, cruzando los brazos sobre el pecho. La luz fría del amanecer que entraba por los ventanales laterales acentuaba la dureza de sus facciones y el brillo peligroso en sus ojos verdes.
—No me preocupa tu puntualidad, me preocupa que parezcas una adolescente rebelde en lugar de una analista de Vogel Enterprises —sentenció Max con esa voz ronca que parecía una orden en sí misma—. Deja el casco en la mesa del vestíbulo. No vas a ir en esa cosa.
La zona industrial de Nueva Jersey no es un circuito de carreras, y no tengo tiempo de explicarle a mi padre por qué su "huésped" terminó bajo las ruedas de un camión de dieciocho ejes.
Poli, subió a su moto y arranco enseguida.
— Me iré en mi moto, nos vemos allá y no llegues tarde Max.!!— dijo Poli rodeando el cuerpo de Max para salir enseguida de la cochera.
—¡Poli! —gritó él, pero ella ya era solo un punto rojo y negro perdiéndose en la distancia.
ahora vien Max debe ya de aclarar sus sentimientos eso de que el ni quiere nada serio entonces va a estar con poli y luego se va con otras ojalá poli pinga las cartas sobre la mesa y dejarle claro que ella no es de compartir y que de una vez deje a la vanessa esa