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Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Maltrato Emocional
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Ely Vazquez

"Aitana creció bajo el ruido de los pleitos de fin de semana y el silencio de un abuso que nadie vio; esta es la historia de cómo una niña rota buscó su hogar en manos ajenas, descubriendo que el pasado siempre reclama su lugar bajo la lluvia."


Me llamo Aitana y mi vida se divide en fragmentos. El primero se rompió cuando tenía seis años en el baño de una casa ajena; el último, cuando entregué la llave de mi alma a quien juró protegerme. He vivido entre el ruido de botellas vacías y el silencio de un secreto que me quemaba la garganta. Si buscas una historia de finales felices, sigue de largo; pero si quieres saber cómo se siente amar hasta quedar vacía y cómo se sobrevive cuando tu 'casa' se derrumba, quédate conmigo bajo la lluvia.


si sientes que esta historia no te gusta a favor de solamente dejar de leerla y absténgase a denuncias.

NovelToon tiene autorización de Ely Vazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La guardiana del vacío.

NARRADOR

La casa no se sintió más grande cuando Elena se marchó; se sintió más hueca, como un pulmón al que le han arrebatado el aire. Tras aquella fiesta de quince años, que terminó pareciéndose más a un funeral que a un festejo, el silencio se instaló en las paredes como una humedad que lo pudre todo desde adentro. La separación de sus padres no fue una explosión estrepitosa, sino un goteo constante de maletas arrastradas, el siseo de la cinta adhesiva cerrando cajas y el eco de una decisión que partiría a la familia en dos bandos irreconciliables.

Elena estaba en el umbral, con la hermana pequeña de la mano. Sus ojos, antes llenos de una chispa de lucha, ahora solo reflejaban un agotamiento absoluto.

— Vámonos, hija. Recoge tus cosas, nos vamos ahora mismo —dijo Elena, con una voz que no admitía réplicas.

Aitana miró el pasillo oscuro y luego giró la vista hacia la sala. Allí estaba Roberto, sentado en su sillón de siempre, rodeado de un aura de derrota y el olor agrio de la cerveza. Parecía un hombre pequeño, a pesar de su carácter. Un pensamiento la atravesó con la fuerza de un clavo: Si todos se van, él se va a desmoronar por completo.

— Yo me quedo, mamá —susurró Aitana, sintiendo que las palabras pesaban como piedras en su boca.

— ¿Estás segura? —preguntó Elena, apretando la mano de la niña pequeña—. Sabes que aquí las cosas no van a cambiar. Él no va a cambiar.

— Alguien tiene que quedarse con él, mamá. No puede estar solo.

Elena suspiró, una mezcla de lástima y resignación. Cruzó la puerta sin mirar atrás. Con ella se fue el ruido de la cocina, el aroma a comida caliente y la poca calidez que le quedaba al hogar. Aitana cerró la puerta y el "clic" de la cerradura sonó como el cierre de una celda. A sus quince años, acababa de convertirse en la guardiana de un mausoleo.

La realidad del abandono no tardó en golpear. Roberto no agradeció el sacrificio; simplemente lo aceptó como un derecho. Su rutina era un reloj de ausencias: se marchaba a las seis de la mañana y regresaba a las diez de la noche, a veces más tarde si el fútbol o los amigos se cruzaban en su camino.

Una mañana, antes de salir, Roberto dejó un fajo de billetes sobre la mesa de la cocina.

— Ahí tienes para la semana, Aitana —dijo él, sin mirarla a los ojos mientras se ajustaba la chaqueta—. Cómprate lo que necesites. Si falta algo, me avisas.

— Gracias, papá... —respondió ella, esperando que él agregara algo más. ¿Quizás un "¿cómo te fue en la escuela?" o un "¿quieres que cenemos algo?".

— No me esperes despierta, llegaré tarde. Tengo cosas que hacer —sentenció él antes de cerrar la puerta de la calle.

Aitana se quedó sola con el dinero sobre la mesa. El dinero nunca faltaba, pero era un consuelo miserable. Se convirtió en la "mujer de la casa": sus manos se llenaron de detergente y responsabilidades de adulta. Lavaba, planchaba y limpiaba una casa que le quedaba demasiado grande.

La soledad se agudizó cuando las clases se suspendieron por un largo tiempo. Sin la distracción de la escuela, los días eran desiertos de horas muertas. Su única vía de escape era un grupo de amigos de la colonia, incluyendo a su primo. Pero incluso en su cumpleaños, el vacío se hacía presente.

— Papá, es mi cumpleaños la otra semana —le recordó una noche mientras él abría una cerveza frente al televisor.

— Ya sé. ¿Quieres fiesta? —preguntó él, distraído.

— No... ya no quiero fiesta grande. Solo me la quiero pasar con mis amigos de la colonia.

— Está bien. Yo te compro la comida y el pastel. Rento una mesa y se sientan ahí afuera.

Y así fue. Roberto cumplió con el gasto, pero no con la presencia. Aitana sopló las velas rodeada de sus seis amigos, riendo por fuera pero sintiendo ese frío interno que ni el pastel más dulce podía quitar. Su padre estaba allí, pero estaba lejos, como si Aitana fuera un compromiso que debía cumplir económicamente pero del cual se había desconectado emocionalmente.

El punto de quiebre ocurrió un 14 de febrero. Era una fecha sagrada para su tío mayor, pues marcaba el aniversario de la muerte de su esposa y el hijo que nunca nació. La familia se reunió para una misa y una cena. Aitana estaba allí, buscando refugio en la casa de sus tíos, donde pasaba gran parte del tiempo porque su padre simplemente no estaba.

Roberto llegó tarde, con el paso inestable y la mirada nublada por el alcohol. El tío, cansado de ver a su sobrina siempre esperando en un rincón, estalló frente a todos los presentes

— ¡Ya deja de tratarla así, Roberto! —gritó el tío desde el porche—. ¡La niña vive sola! ¡Te vas con otras personas, llevas a tus otras hijas al cine, al zoológico, y a ella la dejas aquí como si fuera un mueble! ¿Qué clase de padre eres?

— ¡A ti qué te importa cómo educo a mi hija! —rugió Roberto, tambaleándose—. ¡A ella no le falta nada! ¡Diles, Aitana! ¡Diles que no te falta nada! ¡Habla!

Roberto se acercó a ella, señalándola con un dedo tembloroso frente a toda la familia de su tía política.

— ¡Hala! ¡Diles si es verdad que te abandono! ¡Diles cuánto dinero te dejo! —le gritó, exigiendo que ella lo defendiera en su propia humillación.

Aitana sintió que el mundo se encogía. Las lágrimas brotaron de inmediato, calientes y amargas. No podía hablar. El nudo en su garganta era tan grande que sentía que se asfixiaba. Estaba llorando amargamente, rodeada de gente que la miraba con lástima, mientras su padre la usaba como un escudo para su propia negligencia.

Fue su prima, ya mayor de edad, quien se interpuso.

— ¡Ya basta, tío Roberto! —dijo la prima, tomando a Aitana por los hombros—. Déjala en paz, no ves que está sufriendo. Entra a la casa y cállate ya.

A partir de esa noche, Aitana tomó una decisión silenciosa. Dejó de ir a casa de su tío. No porque no lo quisiera, sino porque no quería ser el motivo de los pleitos familiares. Prefirió encerrarse en su casa vacía. Si iba a estar sola, prefería estarlo detrás de cuatro paredes donde nadie pudiera ver su miseria, protegiendo la imagen de un padre que, aunque le daba dinero, le negaba la existencia.

Fue en ese aislamiento, siendo una sombra que cuidaba una casa de cenizas, cuando la preparatoria apareció como una promesa de cambio. Aitana, sedienta de atención, de ser mirada con algo que no fuera lástima o indiferencia, decidió empezar a entrenar el mismo deporte que su padre. Buscaba su aprobación, buscaba un lugar en su mundo. Lo que no sabía era que en esa búsqueda de amor encontraría a alguien que convertiría su soledad en una cadena de hierro.

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1
Sakura
y si no hablas nunca vas a volver a tener tu casa para ustedes dos
Sakura
hablar mija
Sakura
por dios niña cuando vas a soltarte tienes que dejar de pensar así y abrirte hablar con un sicólogo que te ayude por que vas a venir perdiendo a tu pareja
Mary Ney
Hasta cuando
Sakura
por diós mujer si sigues como vas lo vas a peder
Mary Ney
Aitana deja que la luz envuelva tu oscuridad ama Julian estudia en linea ocupa tu espacio ☺️
Sakura: tienes que empezar a soltarte querida a darte la oportunidad más con el sienta que lo quiere la palabra amor no es algo que va a salir a la primera es algo que se empieza a sentir con el tiempo con la convivencia tienes que abrirte más si miedo se Por todo lo que a pasado pero es tiempo de sanar tanto tu cuerpo alma y a ti misma
total 1 replies
Mary Ney
Que encuentre su amor hasta ser viejitos 🤭
Mary Ney
Que bueno que encontró su nido
Sakura
eso es poco a poco
Sakura
ahora te toca a ti empezar a sentir y no pensar ni deja que el miedo te controles ya es hora de que seas feliz y sin miedo
Sakura
que bueno es hora de soltar el pasado
Mary Ney
Ojalá Julian sea indicado y le de amor y la familia de Julian la quiera como una hija, pueda dejar todo atrás y tener una familia y ya no se rompa más. Todos merecemos una oportunidad siempre queremos que aunque llueva mucho vuelva salir el sol 🥰☺️
Sakura
eso así es es hora de despertar y ser feliz por primera vez tener esa felicidad que te hab negado
Mary Ney
Si sigue así no la llevan si no a una tragedia, se levanta ella se retira del mundo 😭😭
Sakura
cuando vas a despertar
Sakura
enserio de nuevo
Sakura
😭
Mary Ney
Que horible su vida los adolescentes se quintana la vida los padres no se dan cuenta que ellos llevan a ese destino 😭😭😭😭
Mary Ney
Qué dolor su hermana tampoco un apoyó , los padres terrible y ni siquiera madre 😭😭😭más capítulos
Sakura
que asco de padres te toco
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