La desesperación la llevan a tratar de vender lo más valioso que tiene sin imaginar las consecuencias que eso le traería
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feliz noche de bodas
Con la gran casa vacía Sebastián se dirigió a su despacho, había sido un día largo, en toda la noche no había podido quitar la vista de su pequeña, se veía perfecta, era simple lujuria contenida, o eso es lo que elegía pensar.
Camila se encontraba en su habitación, comenzó a quitarse el vestido hermoso que había lucido toda la noche, cuando un pensamiento cruzó por su mente, de inmediato camino hacia su clóset, comenzó a buscar entre su ropa, había visto un conjunto de lencería demasiado atrevido, lo saco y lo observo por unos segundos, se traba de un conjunto rojo, de encaje completamente transparente con ligas que se ajustaba a sus piernas.
Hoy haría caso a sus impulsos, necesitaba sentir nuevamente a Sebastián, necesitaba sentir la complicidad que sentía cuando sus pieles se tocaban, su cuerpo lo deseaba, su corazón lo necesitaba.
Tomo el conjunto y comenzó a colocarlo sobre su blanca piel, haciendo un contraste perfecto que llamaba a la lujuria, su cabeza le gritaba que era una locura, pero su cuerpo ardía de una manera que opacaba la razón.
Soltó su cabello que cayó sobre su espalda, tan largo, hermoso y tan oscuro como la noche, lo acomodo de manera sexy, se observó en el espejo, apenas se reconocía, ya no veía a la niña se veía como toda una mujer llena de deseo, tomó una bata a juego y decidida salió de la habitación.
con una seguridad que pocas veces se dejaba ver en ella, entró a la habitación de Sebastián, aún se encontraba vacía y en completa obscuridad, sin embargo, eso no la desanimó, con su autoestima renovada y su corazón latiendo a mil por hora se recostó sobre la cama de la manera más sexy que pudo encontrar.
Pasaron unos minutos cuando unos pasos se escucharon a lo lejos, de pronto la seguridad de Camila flaqueó qué rayos estaba haciendo pensó, su corazón comenzó a latir mucho más rápido, sus manos comenzaron a sudar.
A su mente vinieron las imágenes con las que cada noche fantaseaba y que se habían vuelto su adicción antes de dormir, su confianza regresó de inmediato camuflada de un deseo que necesitaba apagar.
Sebastián entró a su habitación y lo que vieron sus ojos lo dejó sin palabras, su inocente pequeña había sido sustituida por una mujer qué llamaba a la lujuria, al deseo y al mismo diablo, se encontraba acostada en su cama con una mano sosteniendo su cabeza y la otra estaba sobre su muslo parecía el deseo encarnado con una lencería que poco dejaba a la imaginación.
- que haces- pregunto Sebastián acercándose un poco más con el deseo marcado en su voz.
- SSH, no hables solo toma lo que por ley hoy te pertenece -dijo Camila con una confianza palpable.
Camila se puso de pie frente al hombre, y lentamente con la mirada fija en los bellos ojos de Sebastián comenzó desabotonar su camisa tomo cada botón con sutileza uno a uno se fueron abriendo hasta que pudo liberarlo de ella dejando al descubierto el tonificado y trabajado torso de su ahora esposo.
El roce de sus manos con su torso desnudo se sentía como pólvora a punto de explotar, cuando de pronto las manos de Camila bajaron lentamente hasta el cinturón de Sebastián liberando completamente de él, seguido de su botón y el cierre del pantalón.
Ante la mirada de Sebastián Camila se colocó en cuclillas liberando por fin lo que buscaba de Sebastián que se encontraba tan duro y firme que parecía que iba a explotar con el solo tacto. Camila lo envolvió con sus pequeñas manos cubriendo una pequeña parte de su eje y ante la mirada atenta de Sebastián comenzó a introducirlo en su boca, Camila era inexperta, actuaba por instinto, solo quería intentar complacer a su esposo como él lo hacía con ella.
Sebastián gemía al sentir el aliento caliente de Camila rozando las partes sensibles, de pronto comenzó a subir y bajar sus pequeñas manos mientras succionaba la punta como si de caramelo se trataba, su inexperiencia lo excitaba más, jamás había sentido tanto placer, ella lo volvía loco, Camila aceleró de pronto sus movimientos, los gemidos del hombre cada vez eran más intensos.
- oh me voy a ahh- alcanzo a decir Sebastián tratando de separar a Camila, pero ella se aferró y de pronto la semilla del hombre se derramó completamente en su boca, tragando por completo su recompensa.
Los ojos de Camila ardían de deseo, Sebastián la levantó y envolvió sus piernas en su cintura, comenzó a devorarlo de una manera hambrienta como si su aliento alimentará su propio cuerpo, Sebastián la sujetaba de sus glúteos, como si su vida dependiera de eso y ella fuera su ancla.
Despacio Sebastián comenzó a recostarla sobre la cama, separando sus labios que se reclamaban como el día a la noche y comenzó a desnudarla, de una manera hambrienta y desesperada su deseo sobrepasaba a la razón, esto estaba cruzando todos los límites, pero como negar que la deseaba más que a cualquier otra cosa, todo en ella era perfecto.
Comenzó a desnudarla y a devorar cada centímetro del pequeño cuerpo de la mujer, de su mujer, hoy se sellaba un nuevo trato invisible entre los dos, que podía ser peligroso y sin saberlo también su condena.
Cuando Camila llegó a su clímax Sebastián se posicionó entre sus piernas con su miembro erecto y comenzó a penetrarla con intensidad, Camila sentía que con cada embestida la destrozaba, pero a la vez le causaba un placer tan intenso que sentía que su alma escapaba de su cuerpo, Camila gritaba pidiendo más, sin reconocer siquiera su voz que salía tan embriagada de deseo, el cuerpo de Sebastián se tensó acelerando aún más sus movimientos y con una última estocada su semilla se comenzó a derramar dentro de la mujer, quien se encontraba temblando alcanzando su segundo orgasmo mucho más intenso que el primero.
Sebastián retiró su miembro de su nuevo lugar favorito, no había tiempo de pensar mucho, solo acuño a Camila pegándola a su cuerpo, acariciando su rostro y acomodando su cabello que caía sobre su cara con una delicadeza que hace unos minutos no existía, las palabras no existieron, mientras sus miradas se encontraban diciéndose todo lo que necesitaban.
El resto de la noche continuo con nuevas posiciones, muchos orgasmos, cada uno más intenso que el anterior.
- Feliz noche de bodas- dijo Camila un poco somnolienta derrotada por la intensidad de la noche.
- feliz noche de bodas - le contesto Sebastián atrayendo la un poco más a él.
Finalmente, ambos cayeron completamente rendidos aferrados el uno del otro, como si sus cuerpos fueran salvavidas que los aferraba a la superficie.