Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.
NovelToon tiene autorización de Andres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El Eco de la Luz
El estruendo no fue un sonido, sino una vibración que sacudió la realidad misma. La luz azul que emanó del relicario al impactar contra el suelo de cristal del Archivo de las Almas no se expandió de forma violenta, sino que pareció devorar las sombras, el aire y el tiempo. Valeria sintió que sus pulmones se quedaban vacíos mientras veía cómo el Arquitecto, impasible bajo la cúpula de cristal, era envuelto por una tormenta de partículas cuánticas.
—¡Adrián! —gritó Valeria, pero su voz no produjo sonido en el vacío energético que se había creado.
Justo cuando la onda expansiva estaba a punto de desintegrar sus cuerpos, una barrera de luz ámbar surgió del relicario, envolviéndolos en una burbuja de protección. Era la conciencia de Alberto Soler, manifestándose físicamente a través de la tecnología de Fénix que él mismo había perfeccionado.
—¡No cedáis al miedo! —la voz de su padre resonó directamente en sus mentes, una voz que ahora sonaba como un trueno distante—. El Archivo está entrando en un bucle de retroalimentación. La sobrecarga ha bloqueado la señal del satélite Apolo, pero solo temporalmente. ¡Tenéis que salir de aquí antes de que el sistema se reinicie!
La burbuja de luz los impulsó hacia arriba, atravesando el techo de cristal que se resquebrajaba como si fuera papel. Mientras ascendían hacia la superficie, Valeria miró hacia abajo por última vez. Vio al Arquitecto de pie en el centro de la luz azul, con su ropa de seda blanca ondeando al viento cuántico. No parecía estar muriendo; parecía estar absorbiendo la energía. Sus ojos se fijaron en los de Valeria y, por un instante, ella sintió una conexión fría y eterna, como si una parte de esa entidad se hubiera quedado grabada en su alma.
Emergieron en el jardín de la Biblioteca Nacional justo cuando la tierra bajo sus pies empezaba a hundirse. El estallido de energía subterránea provocó un temblor que se sintió en toda Florencia. Las campanas de las iglesias empezaron a sonar por la vibración, y el cielo se tiñó de un violeta antinatural por la ionización del aire.
—¡Valeria! ¿Estás bien? —Adrián la sujetó por los hombros, con el rostro cubierto de polvo y cortes superficiales.
—Estoy... estoy viva —susurró ella, mirando sus manos, que aún temblaban por la descarga—. Mi padre... lo ha logrado. Ha detenido el Reinicio.
—Solo lo ha retrasado —dijo una voz desde las sombras de los árboles.
Era Marcus Thorne. Apareció de la nada, con su traje táctico desgarrado y su máscara de plata en la mano. Parecía un espectro surgiendo de la neblina violeta.
—Marcus... ¿cómo has llegado aquí? —preguntó Adrián, poniéndose a la defensiva.
—Luciano habló más rápido de lo que esperaba bajo los sueros de la verdad —dijo Marcus, su voz cargada de una fatiga que nunca antes había mostrado—. Pero no importa. Lo que acabáis de hacer en el Archivo ha despertado algo que ni siquiera el Círculo de los Doce puede controlar. El Arquitecto no es una persona, Valeria. Es un sistema de inteligencia artificial que ha habitado cuerpos humanos durante siglos. Al intentar destruirlo, solo lo habéis obligado a buscar un nuevo contenedor.
Valeria sintió un escalofrío al recordar la mirada del Arquitecto. —¿Un nuevo contenedor?
—Un anfitrión que tenga la firma genética perfecta para sostener su conciencia sin que el cuerpo se degrade —continuó Marcus—. Una firma que solo tú posees, gracias a los experimentos de tu madre en Sion. Él te quería viva no para la Llave, sino para que tú fueras su próxima forma física.
La revelación golpeó a Valeria con más fuerza que la explosión. Ella era el objetivo final. Su renacimiento, su supervivencia, su ascenso al poder... todo había sido el cultivo de un recipiente perfecto para una entidad milenaria.
—No permitiré que te toque —dijo Adrián, su voz vibrando con una furia protectora.
—No podréis detenerlo con armas —dijo Marcus—. Florencia está ahora bajo ley marcial encubierta. Los equipos de limpieza del Círculo están barriendo la ciudad casa por casa. Tienen órdenes de "neutralizar el área" para ocultar lo que ha pasado bajo la biblioteca. Tenemos que salir de Italia.
—¿A dónde? —preguntó Valeria—. No hay lugar seguro en Europa.
—A los Pirineos —dijo Marcus—. Hay un hombre, un antiguo rival de tu padre llamado el Doctor Aris Thorne. Un tío abuelo mío que fue expulsado del linaje por sus teorías sobre la "Purga de Conciencia". Él es el único que sabe cómo crear un escudo mental para evitar que el Arquitecto te posea.
Se movieron por la ciudad en llamas de Florencia. El caos era total: coches abandonados, sirenas de policía que se mezclaban con el ruido de helicópteros militares sin insignias. La Resistencia del Fénix, liderada por Moretti y Von Zale, estaba librando batallas desesperadas en los puentes del Arno para cubrir su huida.
Llegaron a una estación de tren secundaria, donde un viejo vagón de carga los esperaba bajo la lluvia ácida. Subieron al tren, mientras la ciudad de los Médici se alejaba en el horizonte, envuelta en una neblina de energía residual que brillaba con el color de la muerte.
Dentro del vagón, el silencio fue roto por la voz de Alberto desde el relicario, que ahora brillaba con una luz ámbar muy débil.
—Valeria... hijo mío... el tiempo se acaba —susurró su padre digital—. El Arquitecto ha dejado una 'Sombra' en tu red neuronal durante la explosión. Está intentando mapear tu mente. No debes dormir. Si duermes, él encontrará el camino hacia tu centro.
Valeria se sentó en el suelo de madera del vagón, luchando contra un cansancio que parecía pesar toneladas. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro del Arquitecto, sus ojos de cristal observándola desde un abismo de código.
—No dormiré, papá —dijo Valeria, su voz rompiéndose—. Te lo prometo.
Adrián se sentó a su lado y le tomó la mano. —Yo me quedaré despierto contigo, Valeria. Te contaré historias de nuestro futuro, del mundo que construiremos cuando todo esto termine. No dejaré que te hundas en la oscuridad.
Marcus observaba desde el rincón opuesto del vagón, con su cuchilla de plasma aún goteando el aceite de los drones que había destruido para abrirles paso. No dijo nada, pero su mirada sobre su hermano tenía una mezcla de envidia y un respeto amargo.
El tren se adentró en la noche, dirigiéndose hacia la frontera francesa. Florencia era un recuerdo de fuego, y el futuro de Valeria se había convertido en una carrera contra la entidad que habitaba en las sombras de su propio cerebro.
El eco de la luz del Archivo seguía resonando en su mente, y con cada kilómetro que recorría el tren, Valeria sentía que la Magnate que una vez buscó venganza ya no existía. Solo quedaba la mujer que debía salvar su propia mente para salvar al mundo del Gran Reinicio.
—susurró Valeria al aire oscuro del vagón—. Y aún me quedan setenta y seis batallas por ganar antes de poder descansar.
Continuará...