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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Preludio 3: Después de la reunión

La sala de juntas se había ido vaciando con la parsimonia de quienes no tienen prisa por abandonar el poder. El sonido de las sillas de cuero rozando el suelo, el murmullo de las voces apagándose en el pasillo y el eco de los pasos alejándose crearon un vacío que, de repente, se sintió demasiado pequeño.

Stefan se acomodó el saco y miró a Chloe.

—Señorita Chloe, ¿me da cinco minutos? Tengo los requerimientos para la nueva campaña en mi oficina.

Chloe cerró su tablet y se levantó.

—Sí, claro. Vamos. Salió detrás de Stefan.

Molly recogió sus carpetas con calma. Sus manos temblaban apenas un milímetro, no por miedo, sino por esa adrenalina residual que le provocaba tener a Axel Brunner a menos de tres metros. No tenía intención de quedarse; su plan era salir de allí, arrastrar a Chloe a la cafetería más cercana y desahogarse durante dos horas.

Pero cuando levantó la vista, se encontró con que el camino estaba bloqueado por una presencia imponente.

Axel estaba allí. No se había movido. Estaba apoyado ligeramente contra la mesa de nogal, con una mano en el bolsillo de su pantalón y la otra jugueteando con un bolígrafo de plata. Su postura era relajada, pero sus ojos la estudiaban con una intensidad que resultaba… irritante.

—¿Siempre haces eso? —preguntó él, con una voz que vibró en el aire silencioso.

Molly cerró su carpeta con un "clac" mucho más sonoro de lo que pretendía.

—¿Hacer qué exactamente, señor Brunner? ¿Ser eficiente o sobrevivir a sus ataques de cafeína?

—Entrar en una sala, insultar sutilmente al dueño de la empresa y luego fingir que eres completamente profesional, como si no hubieras querido lanzarme el tintero.

Molly lo miró. Fue una mirada lenta, de esas que recorren al interlocutor desde los zapatos de diseño hasta el nudo perfecto de la corbata, terminando en sus ojos.

—Depende —respondió ella, inclinando ligeramente la cabeza.

—¿De qué? —Axel dio un paso corto hacia ella.

—De cuán idiota haya sido la persona con la que trato. Si el nivel de estupidez es alto, mi profesionalidad tiene que esforzarse el doble.

Silencio. Axel asintió una sola vez, procesando la respuesta. No parecía ofendido; al contrario, parecía que estaba disfrutando de un juego cuyas reglas acababa de descubrir.

—Entonces ayer me gané el título con honores, ¿verdad?

—Con mención honorífica—replicó Molly, cruzando los brazos sobre su pecho.

Un segundo. Dos. Y entonces, ocurrió algo que Molly no esperaba. Una mínima curva apareció en los labios de Axel. No era una mueca de suficiencia, era casi una sonrisa. Y eso, maldita sea, lo hacía mucho peor. Lo hacía humano.

—No suelo derramar café sobre desconocidas —dijo él, bajando un poco el tono—. Realmente no está en mi manual de operaciones.

—Qué alivio. Por un momento pensé que era tu forma estándar de romper el hielo con los proveedores.

—Fue un accidente, Señorita Dumont.

Ella soltó un suspiro, bajando un poco la guardia.

—Lo sé.

Axel arqueó una ceja, sorprendido por la concesión.

—¿Ah, sí?

—Sí —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Sigues siendo un torpe de cuidado cuando estás al teléfono, pero no parecía que tuvieras un plan maestro para arruinar mi blusa de seda. Solo eres… descuidado cuando crees que nadie te mira.

Axel soltó una pequeña risa. Fue una risa baja, genuina, que resonó en el pecho de Molly. Ese sonido la descolocó más que cualquier desplante corporativo.

—Me alegra saber que al menos tengo redención parcial ante tus ojos —dijo él, con una chispa juguetona.

—No te emociones. Que no seas un villano de película no significa que te haya perdonado la tintorería.

El silencio volvió a caer, pero ya no era denso. Era distinto. Era como ese aire cargado de electricidad antes de una tormenta de verano. Axel la observó con más atención, como si ahora, sin la mesa de por medio y sin ejecutivos alrededor, la estuviera viendo por primera vez.

—No te había visto antes por aquí —comentó él, con una curiosidad que parecía real.

—Eso es porque no estabas mirando. Estabas demasiado ocupado siendo importante.

Punto. Otra vez. Axel se enderezó, abandonando su postura relajada.

—Tienes una respuesta para todo, ¿verdad? Es agotador y fascinante al mismo tiempo.

—Es un talento natural. Viene con el pack de "mujer que sobrevive a CEOs distraídos".

—¿Y ese talento también incluye saber aceptar disculpas?

Molly lo pensó. Lo pensó de verdad, mirando el brillo de sus ojos grises.

—Depende de cómo las den. No acepto disculpas protocolarias.

Axel dio otro paso. Ahora estaba lo suficientemente cerca como para que Molly pudiera oler de nuevo esa fragancia a madera y lluvia. Se quitó la máscara de hierro. No había sarcasmo, no había defensa.

—Lo siento —dijo él. Fue simple. Directo—. Arruiné tu día. Y probablemente tu ropa favorita. Aunque no lo creas, me sentí como un imbécil el resto de la tarde.

Molly bajó la mirada un instante, desarmada por la honestidad. Luego volvió a conectar con sus ojos.

—No era mi favorita —mintió ella con una media sonrisa—. Pero sí… fue un mal día. Muy malo.

—Déjame compensarlo —soltó él, sin rodeos.

—¿Cómo?

—Cena. Esta noche.

Ella negó con la cabeza, tomando su bolso y preparándose para salir. Se sentía como si estuviera caminando sobre una cuerda floja, y la vista desde arriba era aterradora y emocionante a la vez.

—Lo voy a pensar —dijo, empezando a caminar hacia la salida.

—Eso no es un no —gritó él a sus espaldas.

—Tampoco es un sí, Brunner. No te hagas ilusiones.

—Me sirve para empezar.

Molly se detuvo justo antes de salir. Giró apenas la cabeza, con una chispa de travesura en los ojos.

—Nos vemos… señor distraído.

Dio un paso hacia el pasillo, pero la voz de él la detuvo una última vez.

—Axel.

—¿Qué?

—Mi nombre. Es Axel.

—Molly —respondió ella, simplemente.

Se miraron un segundo más. Un segundo donde el contrato, los números y el café derramado ya no importaban. Solo importaba ese "algo" nuevo que acababa de nacer.

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Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
total 2 replies
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