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Ecos De Un Imperio Invisible

Ecos De Un Imperio Invisible

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / CEO / Romance
Popularitas:645
Nilai: 5
nombre de autor: Elvira Lovegoot Boot

Gael Eryx Valcázar lo tiene todo: poder, dinero y control absoluto sobre su mundo… hasta que ella aparece.
Naelith Corvane, una chica recién graduada con grandes sueños, entra a trabajar en la empresa equivocada… o tal vez en la correcta.
Lo que empieza como una simple oportunidad se convierte en un juego peligroso de secretos, ambición y emociones que ninguno puede controlar.
Porque en un mundo donde todo tiene un precio… enamorarse puede ser el error más caro.

NovelToon tiene autorización de Elvira Lovegoot Boot para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Lo que no se puede ignorar

El día siguiente no trajo respuestas, solo continuidad, y de alguna forma eso lo hacía más difícil de sostener, porque cuando las cosas no se resuelven, no desaparecen, simplemente se arrastran de un momento a otro, acumulándose en pequeños detalles que terminan siendo imposibles de ignorar. Naelith llegó a la oficina con la misma puntualidad de siempre, manteniendo su rutina intacta, como si nada en su interior hubiera cambiado desde la noche anterior, pero la realidad era otra, más silenciosa, más profunda, porque aunque su postura seguía siendo firme y su expresión controlada, sus pensamientos no estaban completamente en orden, y la imagen de Aurelia seguía presente, persistente, acompañada inevitablemente por la de Gael, como si ambos formaran ahora parte de una misma incógnita que no terminaba de resolverse.

Cuando lo vio entrar, no necesitó observar demasiado para notar la diferencia, porque aunque Gael mantenía esa presencia firme y controlada que lo caracterizaba, había algo más en él, algo que se había endurecido desde el día anterior, como si la distancia que ya existía se hubiera vuelto más marcada, más definida, menos accesible. No fue una impresión pasajera, ni una interpretación apresurada, fue una certeza que se confirmó a lo largo de la mañana, porque cada interacción entre ellos se mantuvo estrictamente dentro de lo profesional, medida, precisa, sin espacio para nada que no fuera necesario, como si ambos hubieran decidido, sin decirlo, que cualquier otra cosa debía mantenerse fuera de ese entorno.

Una reunión importante comenzó a media mañana, y desde el inicio dejó claro que no era un encuentro común, porque el nivel de exigencia era alto, las decisiones que se discutían tenían peso real, y cada intervención debía ser precisa, calculada, sin margen para errores. Naelith cumplía con su rol de forma impecable, aportando cuando era necesario, manteniendo su atención en cada detalle, pero incluso dentro de ese contexto tan estructurado, había algo que no terminaba de alinearse completamente, porque a pesar de la concentración, a pesar del esfuerzo consciente por mantenerse dentro de los límites correctos, las miradas entre ella y Gael se cruzaban.

No eran constantes, ni evidentes para los demás, pero estaban ahí, ocurriendo en pequeños momentos que parecían insignificantes desde fuera, pero que dentro de ese contexto adquirían un peso distinto. Eran instantes breves, casi accidentales, en los que sus ojos coincidían por apenas un segundo más de lo necesario, lo suficiente para reconocer algo que ninguno estaba dispuesto a nombrar. Ninguno sostenía la mirada por demasiado tiempo, porque ambos parecían entender que hacerlo implicaría cruzar una línea que no debía cruzarse en ese lugar, en ese momento, pero evitarlo por completo tampoco era una opción.

Hubo un momento específico en el que el ritmo de la reunión se relajó ligeramente, una pausa natural entre intervenciones que permitió que el ambiente se aligerara apenas, y fue entonces cuando sus miradas se encontraron de forma más directa, sin intermediarios, sin distracciones. No hubo palabras, no hubo gestos, pero el tiempo pareció ralentizarse lo suficiente como para que ambos reconocieran lo mismo, que algo había cambiado, que ya no estaban en el mismo punto que antes, y que ignorarlo no lo haría desaparecer. Gael fue el primero en apartar la mirada, no de forma brusca, sino controlada, como todo en él, pero ese pequeño gesto fue suficiente para marcar una distancia, un límite que ambos entendieron sin necesidad de explicaciones.

La reunión continuó sin interrupciones, con la misma precisión que la había definido desde el inicio, y terminó sin que nadie más percibiera lo que realmente había ocurrido bajo la superficie. El resto del día siguió el mismo patrón, trabajo constante, interacciones necesarias, silencio medido, pero la sensación no desapareció, porque cuando algo cambia a ese nivel, no vuelve a su estado anterior con facilidad. Naelith se mantuvo enfocada en sus tareas, cumpliendo con todo lo que se esperaba de ella, pero con una conciencia más aguda de cada detalle, de cada presencia, de cada pequeño instante que antes habría pasado desapercibido.

Cuando finalmente llegó la hora de salida, el día no se sintió realmente terminado, porque había algo pendiente, algo que no tenía forma clara, pero que seguía presente. Naelith recogió sus cosas con calma, sin prisa, siguiendo su rutina habitual, y caminó hacia el elevador sin pensar demasiado, como si ese trayecto fuera simplemente parte de su día, sin anticipar lo que estaba a punto de ocurrir. Cuando presionó el botón y las puertas se abrieron, el momento fue inmediato, directo, pero segundos antes de que las puertas se cerraran, apareció Gael

El silencio se instaló en el instante en que sus miradas coincidieron, no como algo incómodo, sino como una pausa cargada de significado, una en la que ninguno parecía dispuesto a hablar primero. Gael dudó apenas un segundo antes de entrar, pero lo hizo manteniendo la compostura, ubicándose a un lado sin invadir su espacio, sin exagerar la distancia, como si todo fuera completamente normal, aunque no lo fuera.

Las puertas se cerraron, aislándolos del resto del mundo, y el descenso comenzó con una suavidad casi imperceptible, pero dentro de ese espacio reducido, todo se sentía más intenso, más presente, como si cada pequeño detalle se amplificara. El silencio no era vacío, estaba lleno de cosas no dichas, de pensamientos contenidos, de una tensión que no era negativa, pero que tampoco podía ignorarse.

Fue entonces cuando ocurrió, sin aviso, sin lógica clara, simplemente sucedió. Sus corazones comenzaron a latir con fuerza, no de forma sincronizada, pero sí con una intensidad que ambos pudieron sentir, como si la cercanía, el silencio y todo lo que no se había dicho durante el día se concentrara en ese instante. Naelith mantuvo la mirada al frente, intentando sostener la calma, pero su respiración cambió apenas, lo suficiente para que ella misma lo notara, mientras que Gael permanecía inmóvil, controlado en apariencia, pero igualmente consciente de lo que estaba ocurriendo.

Ninguno habló, ninguno hizo un movimiento innecesario, pero eso no significaba que no estuviera pasando nada, porque a veces el silencio contiene más que cualquier palabra, y ese era uno de esos momentos. Cuando el elevador finalmente se detuvo y las puertas se abrieron, el sonido marcó el final de ese instante suspendido, devolviéndolos a la realidad de forma abrupta, como si todo lo que había ocurrido dentro de ese espacio quedara atrapado ahí.

Naelith salió primero, sin apresurarse, sin mirar atrás, pero con la sensación aún presente, mientras que Gael salió después, manteniendo la misma calma de siempre, aunque algo en su interior ya no estaba completamente en su lugar. Porque había cosas que podían ignorarse una vez, tal vez dos, pero no indefinidamente.

Y ese momento…

Había dejado claro que esto…

Ya no podía seguir siendo ignorado.

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Luisa Fernanda Leon Barahona
por que demoran tanto en subir los capitulos 😂
Lala Lovegoot Boot: disculpaaaaa
total 1 replies
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