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La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

Status: Terminada
Genre:Mitos y leyendas / Maldición / Brujas / Completas
Popularitas:553
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

COMPLETA

Mudarse parecía la única salida.
Para Andrés, Lili y su hijo Santiago, dejar la ciudad no fue una decisión… fue una necesidad. Una casa barata en un pueblo olvidado les ofrecía algo que ya no tenían: tranquilidad.
Y al principio, eso fue exactamente lo que encontraron.
Silencio. Calma. Espacio para empezar de nuevo.
Pero hay silencios que no son normales.
Y hay lugares donde la oscuridad no solo oculta… sino que observa.
Cuando cae la noche, la casa cambia.
Los rincones se vuelven más profundos. Los pasillos más largos. Y lo que no se ve… comienza a sentirse.
No hay monstruos.
No hay presencias.
Solo algo mucho más peligroso:
La mente.
Porque en la oscuridad, cada pensamiento toma forma…
y lo que imaginas… puede volverse real.

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 – Lo que no debía ver

Salir ese día no fue una decisión fácil, pero tampoco fue discutida demasiado, Andrés lo dijo como si fuera algo necesario, casi urgente, como si quedarse dentro de la casa un momento más pudiera terminar de romperlos por completo, y Lili aceptó sin discutir, no porque creyera que salir iba a mejorar algo, sino porque necesitaba aferrarse a la idea de que aún existía algo diferente afuera, algo que no estuviera contaminado por lo que estaban viviendo. Santiago no dijo nada, pero tampoco se negó, caminó con ellos sin protestar, con el cuerpo pesado, con la mente llena, con esa sensación constante de que ya no había un lugar seguro, ni dentro ni fuera.

El pueblo era el mismo, las casas alineadas, los caminos de tierra, los ancianos en sus lugares de siempre, saludando como siempre, sonriendo como siempre, pero ya nada se veía igual, porque ahora Santiago notaba cosas que antes no quería ver, pequeños movimientos repetidos, miradas que duraban demasiado, gestos que no cambiaban, como si todos siguieran una rutina exacta, como si no fueran personas, sino algo más, algo que imitaba lo humano sin lograr hacerlo completamente bien.

Durante unos minutos caminaron juntos, sin hablar demasiado, como si cada uno estuviera atrapado en sus propios pensamientos, y por un instante Santiago pensó que tal vez eso era lo mejor que podían tener, un momento sin gritos, sin sombras, sin sueños, pero ese pensamiento no duró mucho, porque algo dentro de él comenzó a incomodarlo, una sensación extraña que no venía del entorno, sino desde su propio cuerpo, como una presión en el pecho, como un impulso que lo empujaba a moverse, a separarse.

No fue consciente del momento exacto en que dejó de caminar junto a sus padres, primero fueron unos pasos más lentos, luego un desvío leve, y cuando se dio cuenta ya no estaba con ellos, el sonido de sus voces había desaparecido, y el silencio lo rodeó completamente. No sintió miedo inmediato, lo que sintió fue algo peor, una especie de atracción, como si algo lo estuviera guiando, como si supiera a dónde debía ir.

Caminó sin pensar demasiado hasta que la vio.

La casa de los Herrera.

La puerta estaba entreabierta.

El aire era distinto.

Más pesado.

Más quieto.

Santiago se detuvo frente a la entrada, sintiendo un rechazo claro, su cuerpo no quería avanzar, pero al mismo tiempo no podía irse, algo lo retenía, algo lo obligaba a quedarse ahí, y sin darse cuenta, terminó empujando la puerta.

El interior estaba en silencio.

Demasiado silencio.

No había pasos.

No había voces.

Pero había algo.

Algo que no se veía directamente.

Santiago avanzó un poco más, y entonces lo vio.

Al principio no lo entendió.

Su mente tardó en procesarlo.

Porque no era una escena normal.

Los padres estaban frente a la niña.

Pero no como antes.

No como una familia.

Sus movimientos eran lentos, repetitivos, como si estuvieran siguiendo una acción que ya habían hecho muchas veces.

Sus manos estaban sobre la niña.

Presionando.

Santiago sintió cómo el estómago se le cerraba cuando la niña abrió los ojos y habló, no con confusión total, sino con algo más claro, con miedo consciente, como si ya supiera lo que estaba pasando, como si reconociera el patrón.

—Papá…

La voz fue débil.

Pero entendía.

Y eso lo hizo peor.

El padre temblaba.

La madre lloraba.

Pero ninguno se detenía.

No podían.

Era evidente.

Algo los controlaba.

El proceso no fue rápido.

Fue lento.

Insoportable.

Cada segundo se alargaba más de lo normal, como si el tiempo mismo estuviera siendo estirado, obligando a que cada detalle se sintiera completamente.

Santiago quiso apartar la mirada.

No pudo.

Algo lo mantenía ahí.

Obligándolo a ver.

A entender.

La niña intentó moverse.

Sus brazos pequeños sin fuerza.

Su respiración fallando.

Sus ojos buscando ayuda.

Y entonces…

terminó.

Silencio.

Un silencio que no alivió nada.

Santiago retrocedió.

Su respiración se desordenó.

Su cuerpo reaccionó.

Se inclinó y vomitó sin poder evitarlo.

Pero no tuvo tiempo de recuperarse.

Porque la realidad cambió frente a él.

La niña estaba otra vez en la cama.

Dormida.

Respirando.

Como si nada hubiera pasado.

Santiago negó con la cabeza, murmurando que no podía ser real, pero lo había visto, lo había sentido, y eso no desaparecía con solo mirar otra vez.

Y entonces ocurrió de nuevo.

Sin aviso.

Sin transición.

Los padres se movieron otra vez.

La niña abrió los ojos otra vez.

Esta vez lloró.

—Mamá… no…

La súplica fue clara.

Consciente.

Desesperada.

Y no importó.

El proceso se repitió.

Igual.

Lento.

Insoportable.

Santiago ya no pudo apartarse.

Las escenas comenzaron a superponerse.

Una encima de otra.

A veces era el padre.

A veces la madre.

A veces ambos.

A veces…

algo más movía sus cuerpos.

Pero la niña siempre era la misma.

Siempre consciente.

Siempre entendiendo.

Siempre muriendo.

Santiago intentó retroceder.

Salir.

Escapar.

Pero la casa no parecía responder.

El espacio se sentía cerrado.

Sin salida.

Como si estuviera atrapado dentro de esa repetición.

Entonces lo sintió.

No lo vio primero.

Lo sintió.

Una presencia detrás de él.

Pesada.

Profunda.

Antigua.

Como si la oscuridad misma estuviera ahí.

Respirando.

Observando.

Santiago se quedó completamente quieto.

El miedo lo paralizó.

Lentamente giró la cabeza.

No vio una forma clara.

No vio algo definido.

Pero fue suficiente.

Una silueta.

Oscura.

Más profunda que cualquier sombra.

Observándolo.

Sin ojos visibles.

Pero mirando.

Directamente.

A él.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Un miedo distinto.

Más directo.

Más real.

Y cuando volvió a mirar al frente…

todo se detuvo.

La casa estaba vacía.

Silencio total.

Como si nada hubiera pasado.

Santiago cayó de rodillas.

Temblando.

Respirando con dificultad.

Sin poder procesar.

Sin poder negar.

Pero entendiendo algo con total claridad.

Eso no era un sueño.

Nunca lo fue.

Y ahora que lo había visto…

ya no podía ignorarlo.

Porque algo…

lo había estado mirando de vuelta.

1
Rimuro Oquendo
nueva obra es de suspenso ☺️
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