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QUIERO VOLVER A VERTE

QUIERO VOLVER A VERTE

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lina Garizao

Sandra, una joven diseñadora floral con un pasado que la persigue, se aferra a la idea de reencontrarse con Guillermo, su primer amor. La vida los separó abruptamente años atrás, dejándola con un vacío y preguntas sin respuesta. Ahora, el destino los cruza de nuevo en la vibrante escena artística de la ciudad. Guillermo, un exitoso arquitecto, carga con sus propias cicatrices y la culpa de una partida inesperada. A medida que sus caminos se entrelazan, el deseo de revivir su pasión es innegable.

NovelToon tiene autorización de Lina Garizao para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

Sandra llegó a la cafetería del centro a la hora acordada, con el corazón latiéndole con fuerza. Había dudado mucho antes de aceptar su invitación; Leondra le había dicho que tuviera cuidado, que no se dejara llevar por las emociones. Pero la curiosidad, y esa parte de ella que nunca había dejado de querer respuestas, terminaron por imponerse.

Guillermo ya estaba allí, sentado en una mesa apartada, mirando por la ventana. Al verla entrar, se levantó inmediatamente, y por un instante Sandra creyó ver en su mirada la misma admiración que le dedicaba años atrás.

—Gracias por venir —dijo él, mientras ella se sentaba frente a él.

—No lo hago por gusto, Guillermo —respondió ella directamente—. Lo hago porque dijiste que me contarías todo. Así que empecemos.

El camarero llegó y tomó el pedido. Mientras esperaban, el silencio se hizo pesado, lleno de palabras no dichas y recuerdos que amenazaban con salir a la luz. Cuando quedaron solos de nuevo, Guillermo se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.

—Sandra... no tienes idea de cuánto he lamentado todo lo que pasó. Cada día que pasé lejos de ti fue un castigo para mí. Te amaba, te amo todavía, y tener que irme fue la decisión más dolorosa que he tenido que tomar en mi vida.

Sandra lo miraba fijamente, buscando en sus ojos cualquier señal que le permitiera distinguir la verdad de la mentira.

—Eso ya me lo dijiste —respondió ella con impaciencia—. Quiero los detalles. ¿Qué pasó realmente? ¿Por qué no pudiste contarme nada? ¿Qué eran esas "alianzas" y "compromisos" de los que hablaste?

Guillermo desvió la mirada, jugando con la cuchara de su café. El arrepentimiento que sentía era genuino, Sandra podía verlo, pero había algo más: miedo, vacilación, como si cada palabra que iba a pronunciar le costara un esfuerzo sobrehumano.

—Fue una situación muy complicada —empezó él, con voz entrecortada—. Mi familia... mi padre tenía el control absoluto de todo. Cuando llegaron los problemas, me dio opciones que no dejaban espacio para elegir lo que yo quería. Me vi obligado a seguir un camino que nunca había deseado. Todo lo que construimos juntos... tuve que dejarlo atrás para proteger lo que quedaba.

—¿Protegerlo? —repitió Sandra, sintiendo cómo la frustración crecía dentro de ella—. ¿Proteger qué, Guillermo? ¿Tu fortuna? ¿Tu estatus social? ¡Yo creía que éramos un equipo! Que en los momentos difíciles nos apoyaríamos mutuamente. ¡Pero tú decidiste por los dos, sin ni siquiera preguntarme!

—¡Lo hice por ti! —exclamó él, levantando la vista con ojos llenos de dolor—. Si me hubiera quedado, las cosas habrían sido mucho peores. No podía permitir que te vieras envuelta en todo ese caos. Preferí que me odiaras a que te hicieran daño.

—¿Que me hicieran daño? —Sandra arqueó las cejas, confundida—. ¿De qué estás hablando? ¿Quién me iba a hacer daño?

Guillermo se quedó callado. Sus labios se cerraron como si alguien los hubiera cosido. Miró a su alrededor, como si temiera que alguien los estuviera escuchando, y luego volvió a mirarla, con una expresión que mezclaba dolor y desesperación.

—No puedo decirte más, Sandra. Créeme, si pudiera te lo contaría todo. Pero hay cosas que siguen siendo peligrosas, que siguen afectando mi vida hoy en día. Solo puedo decirte que lo que hice lo hice pensando en ti. Que nunca dejé de quererte, y que cada segundo de estos años ha sido un arrepentimiento constante.

Sandra se quedó en silencio, mirándolo. Sentía que estaba en medio de un mar, sin brújula ni rumbo. Él le decía que lo hacía por ella, que sufría y que se arrepentía, pero se negaba a darle las explicaciones que realmente necesitaba. Las piezas del rompecabezas no encajaban, y las respuestas que le daba solo generaban nuevas preguntas.

—Entonces no me has dicho nada nuevo —concluyó ella, levantándose de la silla—. Sigues ocultándome la verdad, Guillermo. Y sin la verdad, todo esto no vale nada. Tu arrepentimiento, tus sentimientos... son solo palabras vacías.

—¡Sandra, por favor! —él también se levantó, intentando detenerla—. Dame tiempo. Necesito encontrar la forma de contártelo todo sin que esto termine en un desastre.

—Ya he esperado siete años —respondió ella con voz temblorosa, pero firme—. No voy a esperar más.

Y sin decir otra palabra, salió de la cafetería, dejando a Guillermo solo con sus secretos y su dolor, mientras ella se alejaba con más dudas que cuando había llegado.

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