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Lazos De Sangre Y Luna

Lazos De Sangre Y Luna

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Vampiro / Yuri
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.

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Capítulo 21: El Eclipse Eduard y Jacob

Bosque de Forks – 6:00 a.m.

Jacob corría.No como un humano. Corría como un lobo, a cuatro patas, con el pelaje marrón erizado y los colmillos expuestos. El eclipse lo había alterado. Su aroma se había intensificado de forma abrumadora, y todo a su alrededor cada árbol, cada roca, cada hoja parecía responder a él, como si lo llamaran.

—Jacob… —susurraba el viento—. Jacob…

No sabía qué hacer. No sabía hacia dónde ir. Solo sabía que no podía detenerse.

—Jacob… —irrumpió una voz en su mente—. ¡Jacob, detente!

Era Edward. Jacob lo reconoció al instante, por esa presencia fría y firme que siempre lograba alcanzarlo. Lo ignoró y siguió corriendo, con los pulmones ardiendo y los músculos tensos.

—¡Jacob, te lo ordeno! —la voz volvió, más fuerte, cargada de autoridad.

El cuerpo de Jacob reaccionó antes que su mente.

Se detuvo en seco, clavando las patas en el barro. Jadeaba, el corazón golpeándole el pecho con violencia.

—¿Qué quieres? —gruñó—. ¿Por qué no me dejas en paz?

Jacob se giró para mirarlo. Edward estaba de pie a unos metros de distancia,observándolo con una mezcla de preocupación y determinación. con el pelo revuelto. Llevaba puesta una camisa negra que se pegaba a su pecho y unos pantalones de cuero que resaltaban sus piernas largas y delgadas.

—Porque me importas —respondió con calma—. Y no voy a dejar que te pierdas así.

Jacob bajó ligeramente la cabeza, inseguro. Dio un paso, luego otro, acercándose despacio, con la tensión aún recorriéndole el cuerpo.

—No me soporto… —murmuró—. Siento que voy a romperme.

—No estás roto —dijo Edward, firme—. Solo estás sobrepasado. Y no tienes que pasar por esto solo.

Jacob se detuvo frente a él. Dudó un instante, pero finalmente inclinó el hocico hacia su mano cuando Edward la extendió. El contacto fue inmediato… distinto.

No ardía.

Calmaba.

Un alivio breve, pero real.

—No entiendo lo que me pasa… —admitió Jacob, con la voz quebrada—. Todo es demasiado.

—Lo sé —respondió Edward suavemente. — Te siento desde la mansión. El eclipse está intensificando todo. Tus instintos.Tu celo… tus emociones… todo está fuera de equilibrio.

Edward se arrodilló lentamente,manteniendo el contacto, sin invadir, sin presionar, sin apartar la mirada de Jacob. Extendió una mano, y Jacob acercó su hocico para que la acariciara. El contacto fue como un relámpago. Un calor que no quemaba, sino que sanaba.

—Escúchame —añadió—. Respira. Concéntrate en mí. Vuelve poco a poco.

Jacob cerró los ojos. Le costaba. Cada parte de su cuerpo luchaba contra ese intento de control.

—No puedo… —susurró—. Duele.

—Puedes —insistió Edward—. Estoy aquí.

Jacob vaciló. Volver a su forma humana durante el celo era doloroso, como desollarse vivo. Pero la voz de Edward era un ancla en medio de la tormenta de su instinto.

—Ayúdame —suplicó Jacob.

Edward se acercó más, rodeando al lobo con sus brazos. No lo abrazó. Lo rodeó, creando un círculo de protección con su cuerpo. Cerró los ojos y se concentró. No leyó la mente de Jacob, eso era imposible. Envió una calma. Un pulso de energía fría y serena que se filtró a través del pelaje de Jacob, apaciguando el calor que causaba el celo.

Jacob gritó. No fue un grito de lobo. Fue un grito de transformación. Sus huesos crujieron, su piel se estiró y se contrajo, y en cuestión de segundos, estaba arrodillado en el barro, desnudo, temblando y cubierto de sudor.

Edward se quitó la camisa negra y la acomodó con cuidado sobre los hombros de Jacob. El contacto de la tela fría contra su piel ardiente le arrancó un suspiro tembloroso, casi un alivio.

—Estoy contigo —murmuró Edward, rodeándolo con firmeza antes de incorporarlo con facilidad—. No te voy a soltar.

Jacob no respondió con palabras. Solo se aferró a él, escondiendo el rostro en su cuello, respirando hondo inhalando su olor a amenta,como si ese aroma se sentía como hogar, fuera lo único capaz de mantenerlo en pie.

Su cuerpo seguía ardiendo. Demasiado.

—Edward… —su voz salió quebrada, baja, cargada de una urgencia que ni él mismo entendía—. Por favor…

Edward tensó ligeramente la mandíbula, pero su mirada se suavizó al instante.

—Lo sé —susurró, más cerca, más firme—. Tranquilo… estoy aquí.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Lo llevó hasta un claro cercano, donde el musgo formaba una capa espesa y suave, como una alfombra natural. Lo recostó con cuidado, casi con reverencia, como si temiera que pudiera romperse entre sus manos. La luz del amanecer se filtraba entre las ramas, tiñendo la piel de Jacob de un tono tenue, entre gris y violeta.

Edward lo observó un momento en silencio, como si quisiera memorizarlo así.

—Eres hermoso —dijo al final, en voz baja, con una sinceridad que pesaba más que cualquier otra cosa—. Incluso ahora… sigues siéndolo.

Jacob dejó escapar una risa débil, sin fuerza, quebrada en los bordes.

—No lo soy —murmuró—. Soy un desastre… un lobo sin rumbo, perdiendo el control por completo…

Edward lo interrumpió sin dudar, su voz firme, casi cortante:

—No vuelvas a hablar así de ti.Se inclinó un poco más cerca, sosteniendo su mirada.—No eres un desastre. Eres Jacob. Y eso es más que suficiente para mí.

Hubo un segundo de silencio.

Luego, más bajo, más íntimo:

—Y yo te quiero.

Edward se inclinó y lo besó.Fue distinto al de la noche anterior. No había choque ni desafío en ese contacto. Era un beso lento, contenido… casi cuidadoso. Como si cada movimiento buscara reparar algo roto.

Sus labios fríos se deslizaron sobre los de Jacob con una delicadeza que lo desarmó por completo.

Jacob tembló… y, sin poder evitarlo, dejó que las lágrimas cayeran.

—No llores —murmuró Edward contra su boca, con una suavidad que contrastaba con la tensión en su voz—. No voy a hacerte daño.

—Ya me duele todo… —respondió Jacob, apenas audible, la voz quebrada—. Solo… quiero que pare.

Edward apoyó la frente contra la suya por un instante, cerrando los ojos.

—Lo haré —prometió en voz baja—. Confía en mí.

Se apartó lo suficiente para tomar aire, para recomponerse. Había algo contenido en sus movimientos, una lucha silenciosa entre lo que sentía y lo que debía controlar.

Jacob lo observó, la mirada nublada, perdida entre el cansancio y algo más profundo… algo que lo arrastraba hacia él sin resistencia.

—Dios… —susurró, sin terminar la frase, como si no encontrara las palabras.

No hacía falta.

Edward volvió a acercarse, más firme esta vez, pero sin perder la calma.

Sin romper ese cuidado que lo envolvía todo.

—Yo soy tu alfa —murmuró Edward, con la voz grave, cargada de una certeza que no admitía dudas—. Y tú eres mi omega… y es momento de que deje de contenerme.

Se quitó los pantalones y se recostó sobre Jacob, con el peso de su cuerpo sostenido por los antebrazos. El contraste entre su piel fría y el calor abrasador del cuerpo de Jacob le arrancó un gemido ahogado.

—Edward —gimió Jacob, y sus piernas se abrieron en una señal de invitación —. Por favor...

Edward no necesitaba más invitación. Guio su dureza hasta la entrada de Jacob, que ya estaba húmedo y listo para recibirlo. La presión del glande contra su anillo lo hizo gritar, un grito de placer puro y sin filtros.

—¿Estás listo? —preguntó en voz baja, rozando su frente con la de él—. ¿Seguro?

—Sí… —respondió Jacob, casi sin aire—. Siempre lo he estado.

El mundo pareció detenerse en ese instante.

Cuando Edward finalmente se unió a él, lo hizo con una lentitud casi reverente, dándole espacio, tiempo… permitiéndole adaptarse, sentir, confiar. Jacob se aferró a él, temblando, atrapado entre la intensidad de la sensación y la necesidad de no perderse en ella.

—Edward… —su voz se quebró, aferrándose a su nombre como a un ancla.

—Estoy aquí —susurró Edward, rozando su mejilla—. No te voy a soltar.

El movimiento comenzó despacio, medido, como si cada gesto tuviera significado. Pero poco a poco, la contención se fue rompiendo. El ritmo creció, se volvió más urgente, más profundo… más real.

Jacob lo siguió, dejándose llevar, respondiendo con la misma intensidad. El bosque a su alrededor desapareció; solo existían ellos, el calor, la conexión… ese vínculo imposible de ignorar.

—Más… Más duro...—pidió Jacob entre jadeos, aferrándose a su espalda—. Por favor…

Edward obedeció. Su ritmo se aceleró, sus embestidas se volvieron más profundas, más salvajes. El musgo se aplastaba bajo ellos, y los gemidos de Jacob se mezclaban con los gruñidos de Edward en una sinfonía de placer puro y sin filtros.Y Edward respondió.

—Mírame —susurró, obligándolo suavemente a abrir los ojos—. Quédate conmigo.

Y Jacob lo hizo.

Cuando el clímax llegó, lo hizo como una tormenta que arrasa con todo. Jacob se tensó contra él, perdiéndose por completo en la sensación, mientras su voz rompía el silencio del bosque.

Edward lo siguió poco después, con un suspiro profundo que parecía salirle del alma.Se vino dentro de él, marcándolo, reclamándolo con satisfacción.

Después… solo quedó el silencio.

Se quedaron así, abrazados, con el cuerpo de Jacob pesado sobre el de Eduard, con el amanecer bañándolos en una luz dorada.

—Eso fue… —murmuró Jacob, aún temblando levemente.— Maravilloso.

Edward apoyó la frente contra la suya, cerrando los ojos un instante.

—Lo sé —respondió—. Y no me arrepiento de nada.

Jacob dejó escapar una pequeña risa, cansada pero sincera.

—Yo tampoco.

Se miraron.Y se besaron, un beso suave esta vez, un beso de poscoito, de satisfacción, de amor.

—Te amó —dijo Jacob, y su voz era un susurro—. Te amó, Edward Cullen.

—Yo también te amó —respondió Edward con una sonrisa en sus labios—. Te amó, Jacob Black. Eres mi todo.

Y en ese momento, no eran un lobo ni un vampiro.

Eran solo dos personas que, en medio del caos, habían encontrado algo parecido a paz.

Continuará 🔥

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