*PRÓLOGO*
*Sonya Smith*
El “lo siento” de Noa sonó a disparo antes que el disparo.
Sonya no bajó el arma. No por él. Por Lucía, que estaba detrás, llorando como si no fuera ella quien había puesto el veneno en su café esa mañana. Amigas. Amantes. Traidores.
“Eran los mejores diez años de mi vida,” dijo Noa. Tenía el dedo en el gatillo. No le temblaba. A Sonya siempre le gustó eso de él.
“Fueron,” corrigió ella.
El estruendo reventó la habitación. Dolió menos de lo que pensó. El suelo estaba frío. El techo, blanco. Lucía se arrodilló y le sostuvo la mano mientras se iba. Qué detalle.
Sonya Smith, 30 años, la mujer que desarmó carteles y tumbó gobiernos, murió en el piso de su cocina por confiar en dos personas.
Lo último que pensó no fue en venganza. Fue en silencio.
Por fin, silencio.
Y luego, luz.
NovelToon tiene autorización de Pau Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
*CAPÍTULO 3* *Sangre en la Cena*
Sonya Smith mataba en silencio.
Elira Valemot aprendía a hacerlo hablando.
La duquesa Cristal había ordenado una cena. "Para celebrar el compromiso," dijo sin mirarla. "Darian insiste en que pasemos más tiempo juntos. Con Sofía, claro. Es como de la familia."
_Familia_. La palabra le supo a hierro. A sangre de nudillos rotos.
Elira pasó la tarde en la cocina. No cocinando. Observando.
Los sirvientes la ignoraban. Siempre lo habían hecho. Una duquesa rota no daba órdenes, no pedía té, no existía. Sonya Smith usó esa invisibilidad. Contó pasos. Memorizó rostros. Ubicó venenos.
No el arsénico. Demasiado obvio. No la belladona. Demasiado rápido.
Encontró lo que buscaba en la despensa de remedios: raíz de _sangreazul_. Dosis alta mata. Dosis baja arde. Quema la garganta, hace vomitar sangre por una hora, y luego pasa. No deja rastro en autopsia. Solo parece que comiste algo muy picante y tu cuerpo no lo toleró.
_Perfecto_, pensó. _No vengo a matar hoy. Vengo a educar._
Se guardó una pizca en el dobladillo del vestido azul. El mismo de ayer, ya lavado. El que le recordaba lo frágil que debía parecer.
*La cena.*
La mesa era larga, de roble, con candelabros que lloraban cera. Roderick Valemont a la cabeza. Cristal a su derecha, mirando la nada. Andrew y Samantha, uno frente al otro, lanzándole miradas de _no la cagues_.
Y en los asientos de honor, Darian Montclair y Sofía Lauren.
Sofía llevaba rosa otra vez. Un color que decía _inocencia_ y _no soy una amenaza_. Mentira. Sus ojos celestes recorrieron a Elira de arriba abajo cuando entró. Se detuvieron en sus manos vendadas.
“¡Elira! Cielo santo, ¿qué te pasó en las manos?” Corrió a su lado antes de que se sentara. Le tomó las vendas con esa delicadeza falsa. “¿Te caíste otra vez? Tienes que tener más cuidado. Darian se preocupa tanto.”
Darian no se levantó. Solo asintió desde su silla, la mandíbula cuadrada apretada en una sonrisa de político. “Mi prometida es muy... delicada. Hay que cuidarla.”
_Te cuidaré bajo tierra_, tradujo Sonya.
“Estoy bien,” susurró Elira. Bajó la mirada. “Soy torpe. Me corté... pelando fruta.”
Sofía ahogó una risita y le palmeó la mano. El contacto le dio náuseas. “Hay que enseñarle a la servidumbre a hacer eso por ti, tonta. Para eso están. Una Valemot no debería tocar un cuchillo.”
_Una Smith vive por el cuchillo._
Se sentaron. Sirvieron el vino. Copa dorada para Darian, copa de cristal tallado para Sofía, copa de plata para Elira. _Bien. Distintas. No hay confusión._
La conversación empezó. Sobre el clima. Sobre las donaciones de Sofía a los huérfanos. Sobre lo “generoso” que era Darian al aceptar un ducado con una heredera “tan frágil”.
Elira no comía. Picoteaba. Bebía agua. Esperaba.
Samantha fue la que le dio la apertura.
“Hermana, ¿no vas a brindar? Darian y Sofía vinieron por ti.” Su voz era miel con vidrio molido. “Sé educada.”
Todos la miraron. Roderick frunció el ceño. Cristal no levantó la vista de su plato.
Elira asintió. Tomó su copa de plata. Se puso de pie, torpe, como si las piernas le fallaran. Derramó un poco de agua en el mantel.
“Perdón,” murmuró.
Dio dos pasos hacia Sofía para “mantener el equilibrio”. Tropezó. Su mano libre cayó sobre el respaldo de la silla de Sofía. La otra, con la copa, se inclinó sobre la copa de cristal de Sofía.
Un segundo. Solo un segundo.
El dobladillo rozó el borde. La pizca de _sangreazul_ cayó. Se disolvió antes de tocar el fondo. Sin color. Sin olor. Sin sabor hasta que era tarde.
Nadie lo vio. Porque todos miraban el agua derramada, la duquesa torpe, el espectáculo patético que Andrew y Samantha habían fabricado por años.
“¡Por Darian y Sofía!” dijo Elira, con voz temblorosa. “Por... por la familia que me cuida tanto.”
Bebió agua. Sofía, encantada con el show, levantó su copa de cristal y bebió vino.
Un sorbo. Dos.
Darian la miraba con orgullo. _Su_ Sofía. _Su_ juguete. _Su_ cómplice.
Elira se sentó. Contó. _Uno. Dos. Tres._
A los veinte segundos, Sofía se llevó una mano al cuello.
A los treinta, sus ojos se abrieron, celestes y asustados.
A los cuarenta, tosió.
No un carraspeo. Un desgarro. Se dobló sobre la mesa, tirando la copa. El vino tinto manchó el mantel como una herida abierta.
“¿Sofía?” Darian se levantó tan rápido que la silla cayó. “¿Amor?”
_Amor_. Ahí estaba. La confesión. Delante del duque, de la duquesa, de los sirvientes.
Sofía vomitó. No comida. Sangre. Hilillos rojos, brillantes, que le mancharon el vestido rosa. El pastelito perfecto, arruinado.
El salón estalló. Roderick gritó por un médico. Cristal por fin levantó la vista, con asco. Andrew se quedó paralizado. Samantha chilló y se tapó la boca, pero Sonya vio el brillo en sus ojos. _Miedo. Por fin, miedo._
Elira hizo lo que se esperaba de ella. Se tapó la boca, abrió los ojos grises de par en par, y dejó que las lágrimas cayeran.
“¡Sofía!” gritó, con la voz rota. “¡Dioses, qué pasó! ¿Fue el vino? ¿Fue mi... mi torpeza? ¿Yo hice esto?”
Se abalanzó sobre Sofía, la abrazó por los hombros mientras la otra se ahogaba en su propia sangre. Acerca la boca al oído de Sofía, para que solo ella oiga, mientras todos piensan que la consuela.
El olor a jazmín de Sofía se mezcló con el hierro de la sangre.
“Esto,” susurró Elira, con la voz de Sonya Smith, fría y sin alma, “es por cada vez que dijiste ‘pobrecita’. La próxima vez, será en tu corazón. ¿Entendido?”
Sofía la miró. Por un segundo, el terror ahogó el dolor. Entendió. Supo que no fue un accidente. Supo que la muñeca rota tenía dientes.
Luego se desmayó.
Darian la cargó en brazos, fuera de sí. “¡Médico! ¡Ahora! ¡Si le pasa algo, juro por los dioses...!”
No terminó la amenaza. No podía. Porque mirara a quien mirara, la culpable era la duquesita torpe que lloraba en la silla, preguntando si había sido su culpa.
El médico llegó diez minutos después.
“Reacción alérgica,” dictaminó, confundido, mientras Sofía recuperaba el color en un sillón. “Algo en el vino. Especias, quizá. La joven Lauren es muy sensible. Debe descansar.”
No mencionó veneno. La _sangreazul_ ya se había ido de su sistema. Solo quedaba el ardor y el terror.
Darian se la llevó esa misma noche. No se despidió. Solo lanzó una mirada a Elira antes de irse. No era de preocupación. Era de cálculo. De sospecha.
_Bien_, pensó Sonya. _Que sospeche. Que no duerma. Que se pregunte si la inútil de su prometida acaba de declararle la guerra._
Cuando la casa quedó en silencio, Andrew arrinconó a Elira en el pasillo.
“¿Tú hiciste algo?” siseó, con la fusta en la mano. Pero no la levantó. Por primera vez, no la levantó. “Dime la verdad, Elira. ¿Tú...?”
Elira lo miró. Sin bajar la cabeza. Sin temblar. Solo un segundo. Lo suficiente para que él viera algo en sus ojos grises que no era de su hermana. Algo viejo. Algo muerto.
“¿Yo qué, hermano?” susurró. “¿Envenenar a la mejor amiga de mi prometido? Yo no podría ni pelar fruta sin cortarme, ¿recuerdas?”
Levantó las manos vendadas. Sonrió. La sonrisa no llegó a sus ojos.
Andrew retrocedió un paso.
Esa noche, Elira volvió a su ventana.
Sacó el cuchillo.
Hizo una muesca nueva. La trigésima octava. No por Darian. No por Sofía.
Por ella.
_Mensaje enviado_, pensó.
Afuera, un cuervo graznó dos veces.
Esta vez, sonó como una risa.
Quién se atraviese primero y por qué... Montclair o el trono.🤨😈😏😈🙎♀️