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Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta / Completas
Popularitas:641.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una niña perdida

El aire frío de diciembre le quemaba las mejillas mientras caminaba por Hollywood Boulevard, envuelta en su abrigo azul y la bufanda de colores que su madre le había tejido. Las luces de Navidad parpadeaban sobre los escaparates, reflejándose en los charcos que dejaba la lluvia reciente, y los villancicos sonaban desde los parlantes ocultos en cada esquina. Turistas y locales se mezclaban en la calle, apresurados, cargando bolsas con regalos y fotografías, ajenos a la pequeña desesperación de una joven que solo buscaba un trabajo que no aparecía.

Lucía llevaba ya varias horas caminando, entregando currículums y dejando su nombre en escaparates y cafeterías. Había ido de una entrevista fallida a otra, siempre con la misma respuesta: “La llamaremos”. Ninguna llamada llegaba, y el dinero para el alquiler y la comida se le escapaba de las manos como arena fina. Cada paso que daba le recordaba que su vida estaba llena de límites que no podía sobrepasar.

—Vamos, Lucía… un día más —se dijo a sí misma, apretando la bufanda alrededor del cuello. Sus dedos, enguantados, temblaban del frío y de la incertidumbre—. Solo un día más.

Avanzaba entre la multitud, esquivando familias con niños, parejas cargando bolsas de lujo, y los vendedores ambulantes que ofrecían desde guantes hasta gorros brillantes con luces parpadeantes. El bullicio de la calle, lleno de risas y murmullos, parecía ignorarla, como si su invisibilidad fuera total. Y, sin embargo, un sonido inesperado la detuvo.

Era un llanto agudo, desgarrador y solitario. No provenía de la multitud ni de un niño cualquiera que reclamara atención. Era un llanto que se sentía incluso por encima del ruido de los villancicos y los pasos apresurados. Lucía se detuvo en seco. Miró a su alrededor y, entre la marea de gente, vio a una niña pequeña, tal vez de unos cuatro años, sentada en el bordillo de la acera, abrazándose las rodillas, temblando del frío y del miedo.

—¿Quién pudo haber sido tan descuidado para dejarla sola?… —susurró Lucía, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco.

La niña lloraba. Aún asi nadie la miraba. Nadie la consolaba. Entre el bullicio de Hollywood Boulevard, con luces de neón y escaparates iluminados, la soledad de la pequeña era casi imposible de ignorar. La muchacha dejó sus bolsas en el suelo y se agachó frente a ella, manteniendo la distancia suficiente para no asustarla.

—Hola, bonita… —dijo suavemente—. ¿Estás bien?

La niña levantó la cabeza lentamente. Tenía los ojos grandes y húmedos, las mejillas rojas por el frío y un abrigo que claramente no era barato, aunque algo desordenado. No parecía abandonada… parecía perdida.

—¿Sabes dónde está tu casa? —preguntó Lucía, con cuidado.

La niña negó con la cabeza, luego asintió, luego volvió a negar. Sus labios se contrajeron en un puchero tembloroso.

—Papá trabaja mucho… —susurró por fin.

Lucía tragó saliva. No había apellido. No había dirección. No había manera fácil de ayudarla. Pero había algo que sí podía hacer. Se quitó la bufanda que llevaba puesta y la rodeó alrededor del cuello de la niña.

—No llores, muñeca —dijo, acariciando suavemente su espalda—. No estás sola. Vamos a buscar a tu familia, ¿sí?

La niña dudó, pero finalmente estiró la mano y la tomó. Lucía sintió cómo el peso de la responsabilidad se posaba sobre sus hombros. Y, al mismo tiempo, una determinación se encendía en su pecho: no permitiría que nada malo le pasara a esa niña.

Mientras las luces de Hollywood Boulevard parpadeaban a su alrededor, Lucía comprendió que, aunque no tenía un empleo, ni dinero, ni certezas, en ese momento tenía un propósito claro. Cuidar de esa niña, aunque fuera por unos minutos, era lo único que importaba. Caminaron juntas hasta una pequeña cafetería escondida, Lucía contó el dinero que llevaba y pidió un chocolate caliente para la pequeña.

—¿Cómo te llamas? —preguntó mientras esperaban el pedido.

—Emma —respondió la niña, sonriendo cuando vio a la mesera acercarse con el chocolate y una donna.

La joven sonrió, aunque por dentro se le estrujó el pecho.

—Tienes un nombre muy lindo, Emma. ¿Sabes dónde están tus papás?

La niña negó con la cabeza, luego asintió, luego volvió a negar, y Lucía comprendió que no sería tan fácil hallar a la familia de la pequeña Emma.

—Cuentame de tus padres, Emma —dijo mientras la ayudaba a beber un poco de su chocolate.

—Papá se va a enojar…—dijo la niña angustiada.

—No, muñeca —respondió ella con firmeza—. Papá y mamá se van a alegrar de encontrarte.

—No, mamá no está —dijo Emma. Y entonces Lucía comprendió por qué la niña solo había mencionado a su papá.

—Entiendo, entonces vamos a buscar a tu papá. —sentenció Lucía.

Mientras tanto en un edificio de oficinas a unas cuadras de allí el ambiente era tenso y la ira del Ceo comenzaba a desatarse.

—¡¿Cómo que no sabe donde está?! —rugió él, golpeando el escritorio.

La secretaria palideció.

—Señor… la niña salió con la niñera… pero, ella volvió sin Emma.

El corazón de Alejandro Ferrer dejó de latir por un segundo.

—¿Qué? ¿Dónde está la niñera? ¡La quiero aquí, YA!

—Alejandro terminó de hablar y una mujer de unos veintitantos años entró, con el rostro lleno de lágrimas y temblando, pero no de frío.

—¿Dónde está mi hija?

—Señor —balbuceó la mujer —Fuimos a oír los villancicos en Hollywood Boulevard, Emma me pidió una donna, me distraje unos segundos mientras la compraba y cuando me di vuelta la niña ya no estaba...

—¡¿Cómo es posible?! ¿Cómo pudiste perder a una niña de cinco años?

Alejandro se pasó la mano por el rostro lleno de impotencia mientras se armaba un despliegue extraordinario para encontrar a Emma.

La oficina se llenó de voces, llamadas cruzadas, órdenes desesperadas. Seguridad. Choferes. Policía privada. Nadie respiraba tranquilo.

En un rincón, Valeria, la hermana de la difunta esposa de Alejandro, lo observaba con el ceño fruncido.

—Te lo advertí, Alejandro —dijo, con tono contenido—.Esta mujer no está capacitada para cuidar de mi sobrina.

Alejandro no respondió.

No podía.

Porque la culpa y la angustia le estaban cerrando la garganta.

Mientras tanto Emma y Lucía salían de la cafetería, la muchacha había decidido ir con la pequeña hasta la delegación policial más cercana y esperar allí con ella hasta que apareciera alguien a buscarla.

La niña caminaba tomada de su mano como si fuera lo más natural, como si Lucía no fuera una extraña. Faltando un par de cuadras para llegar a su destino, Emma se cansó, y al notarlo Lucía la alzó en brazos y siguió caminando. De pronto un móvil policial se detuvo junto a ellas, la joven sintió un nudo en el estómago cuando uno de los oficiales le pidió que se detuviera.

—¿Usted encontró a la menor? —preguntó el oficial cuando estuvo fuera del coche.

Ella asintió, nerviosa.

—Sí… estaba sola en Hollywood Boulevard.—respondió Lucía —yo estaba por...

No tuvo tiempo de decir nada más.

Un auto negro, lujoso, frenó de golpe.

La puerta se abrió.

Y un hombre bajó como si el mundo se estuviera incendiando.

Alto, de cabello cobrizo. Impecablemente vestido. El rostro endurecido por la angustia.

—¡Emma!

La niña soltó la mano de la joven y corrió hacia él.

—¡Papá!

Alejandro levantó a su hija en brazos, apretándola contra su pecho como si fuera a desaparecer.

Fue entonces cuando sus ojos se encontraron.

Y todo cambió.

La mirada de él se volvió fría, desconfiada.

—¿Quién es usted? ¿Adonde iba con mi hija? —preguntó, sin soltar a la pequeña.

La joven tragó saliva.

—Yo… la encontré llorando. Estaba sola, iba a llevarla a la delegación.

Antes de que pudiera agregar algo más, una mujer elegante se acercó con paso decidido.

—¡Sí, como no! Seguramente pensabas la manera de beneficiarte por tu ayuda,después de todo se nota a la legua que Emma no es de tu mismo nivel —replicó Valeria.

La joven sintió el golpe de esa mirada. Evaluadora. Fría.

—¡Se equivoca señora! —dijo Lucía envarándose

—Hubiera hecho lo mismo por cualquier otro niño, sin importar su condición económica.

—¡Sí, como no! —insistió Valeria. —Ale, mejor dale algo a esta mujer y vamonos de aquí.

Alejandro metió la mano al bolsillo de su pantalón, pero Lucía negó con la cabeza.

—No necesita darme nada —dijo rápido—. Yo solo quise ayudar a Emma.

Luego dio un paso atrás.

—En ese caso, le agradezco —dijo él, con voz dura.

—¡No, papá!... —exclamó la pequeña estirando los brazos hacia la muchacha.

La joven levantó la mano, le hizo una caricia suave y sonrió con tristeza.

—Adios, princesa. Pórtate bien y no vuelvas a alejarte.

Y se marchó.

No vio cómo Alejandro se quedaba mirándola mientras se alejaba.

No vio la duda.

Ni el remordimiento.

—No puedes ser tan descuidado —le reprochó Valeria, ya dentro del auto mientras iban de regreso —. Si algo le hubiera pasado…

Alejandro no respondió. Su hija dormía contra su pecho, agotada.

Pero su mente estaba lejos.

En la joven de abrigo gastado, mirada limpia y sin malas intenciones que había ayudado a su hija.

En cómo Emma se había aferrado a ella.

—¿Será que Emma sabe su nombre? —preguntó a si mismo.

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué importa su nombre?

Alejandro apretó la mandíbula.

Sí importaba.

Esa noche, la joven llegó a su casa con el corazón revuelto. Su madre la miró desde la mesa.

—Llegaste tarde…¿ocurrió algo malo?

—Me crucé con algo… inesperado —respondió, sin saber cómo explicarlo.

Esa noche se acostó sin poder dormir.

Con la imagen de esos ojos oscuros mirándola como si fuera una intrusa.

No sabía que pronto…

ese mismo hombre…

volvería a cruzarse en su camino.

Porque la Navidad, a veces, no trae regalos.

Trae destino.

Y el suyo comenzó a reescribirse esa noche.

1
Celia Santiago
se pasa Lucia si Valeria ya está en la cárcel q le impide regresar a casa con Emma y Alejandro está siendo egoísta
Gladys Godoy
Hermosa historia...felitaciones escritora.
Elvia Ramona Barreto
Felicitaciones a la autora excelente trabajo,emocionante historia de amor lo disfruté mucho, gracias por compartir tu talento 👏👏👏
Elvia Ramona Barreto
A nadie se le ocurrió averiguar en el sanatorio donde estaba internada la señora?se les escapó un detalle, me parece
Ani España
por fin encontraron la felicidad y encantó la historia desde Lucy encontró a Enma en el parque una noche de navidad 🎄
Celia Santiago
muy bien comienzo ya me atrapó
Cliente anónimo
🥰
Clemencia Delci Casillas Ayala
que injusticia ,todo por una mentirosa y cobarde que es lucia ,alejandro no pueda disfrutar ,ni siquiera conocer a su hijo. como siempre los hijos pagando las estúpidas decisiones de quien dicen amarlos
Clemencia Delci Casillas Ayala
que injusticia ,todo por una mentirosa y cobarde que es lucia ,alejandro no pueda disfrutar ,ni siquiera conocer a su hijo. como siempre los hijos pagando las estúpidas decisiones de quien dicen amarlos
Candy Alonso
Excelente
Aleida Cortez Villarreal
ojalá y siguieran con la continuidad🥰 hubiera sido fascinante leer la historia de Emma y Alexander ❤️ ☺️ pero ya la autora sabe, excelente historia y éxito en tus próximos proyectos😍 felicidades
Maria Correa
Me hizo angustiarme pero me encantó .El hilo rojo nunca se rompe pase lo que pase se juntan sus puntas en algún momento
Ani España
si esa respuesta de Alejandro es para. ver caer a Valeria está bien que lo haga ojalá Miller la logre encontrar a Lucia y le den su merecido a Valeria 😡
Betty Saavedra Alvarado
Esa vale no se quedará quieta
Betty Saavedra Alvarado
Vale eres mala y cizañosa de Ale no dejo que nunca más veas a mi hija la conferencia de prensa es lo mejor para decir su verdad
Betty Saavedra Alvarado
Alejandro da una conferencia de prensa es su vida personal nadie tiene porque cuestionar sin mayores de edad solteros Valeria respira por la herida
Alejandra Barrenechea
muy buena novela me encantó muy bien escrita gracias por compartir y deleitarnos con tan lindo trabajo ❤
Aurora Rico
Esa mujer valeria no es digna de pisar el suelo de la casa de Alejandro. Espero que no recurra al secuestro o al asesinato de la madre de Lucía o de la misma Lucía.
Maria Riquelme
Más de dos meses y nunca vigilo a esa arpía de VALERIA, nunca hizo que la siguieran tal vez así la hubiese encontrado antes, y a lo mejor hasta a ELENA, la madre habrian encontrado viva
Maria Riquelme
Me pregunto por qué ALEJANDRO no investiga donde está VALERIA,. si él sabe que ella es la única enemiga que tiene LUCIA,. y la única que la amenazaba
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