Creció entre miedo y humillaciones, aferrándose a la ilusión de que algún día él sería su salvación.
Pero la verdad fue mucho más cruel: el corazón del hombre que amaba siempre le perteneció a otra.
Un embarazo inesperado los obligó a casarse, convirtiendo su matrimonio en una jaula hecha de silencios, desprecios y heridas. Cada día a su lado era una batalla perdida… hasta que un día decidió desaparecer.
Huyó con su hijo y dejó atrás una mentira perfecta: su propia muerte.
Lejos de él reconstruyó su vida desde las cenizas. Aprendió que merecía respeto, paz… y quizá incluso amor. Pero cuando alguien aparece dispuesto a darle todo lo que nunca tuvo, su corazón vuelve a temblar ante la posibilidad de confiar otra vez.
Entonces el pasado regresa.
El hombre que la destruyó ha descubierto la verdad… y está dispuesto a recuperarla a cualquier precio.
Pero esta vez ella no es la misma.
Porque ya no es la mujer que él rompió.
Y ahora será ella quien decida quién merece quedarse en su vida.
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Un cumpleaños triste.
Veo a Mati frente a las velas del pastel que debe soplar.
En la casa del abuelo de Rodrigo.
Hoy es su cumpleaños número 4 y el abuelo quiso festejarle su cumpleaños.
Hay una cantidad enorme de regalos, mi madre y su esposo están en una esquina.
La cara que tiene mi madre lo dice todo y yo la evito.
—¿Abuelo y mi papá?
Pregunta y el se acerca con su bastón.
—Para que queremos a ese amargado.....aqui está el abuelo y tú madre. Sabes que tu padre tiene muchos negocios que atender.
Le dice el revolviendo su cabello.
Y mi hijo asiente soplando la vela.
La puerta se abre y entra el asistente de Rodrigo.
Detrás de el los empleados llegan con varios regalos: carros de diferentes tamaños y colores, una bicicleta, y más cosas que evito ver, cada año es lo mismo, la primera vez Mati saltaba feliz pero ahora sabe lo que significa, su padre no vendrá.
Muerde el pastel para después bajarse de la silla y caminar hacia mi.
—Mami tengo sueño, ya me quiero ir a casa.
Dice y me acerco a despedirme del abuelo quien me abraza y se agacha para hablar con su nieto.
—Mi chófer te llevará.
Me dice y con mi hijo en brazos salimos pero no tardan en hablarme, mi madre.
Meto a Matías en el auto y le pongo su cinturón, cierro la puerta y camino hasta donde ella está parada esperandome, con mi madre estás conversaciones nunca suelen terminar bien.
—Sabes que es tu culpa que ese niño sufra, ¿verdad?
—¿Que?
Le pregunto y ella me agarra del brazo.
—Te le metiste a la cama a tu cuñado y con el embarazo creíste que lo ibas a atrapar, el ama a Olivia, hazle un favor al niño y habla con el anciano convencelo de que Rodrigo y tu se divorcien.
—Ya lo intente, no creas que no.
Le digo y es que ya lo intente, se lo suplique al abuelo justo hoy.
—No lo suficiente, si logra divorciarte te daré el 30% de todo los que tengo.
Me dice y es que siempre repite lo mismo, pero cada vez le baja más y eso no es lo que me interesa, claro que no, solo quiero la felicidad para mí hijo que en el amor y en un hombre no vuelvo a pensar.
—Señora Cecilia, el señor Rodrigo regresa mañana de su viaje de negocios, regrese a la propiedad ya que es noche para andar afuera.
Me dice y mi madre me suelta, regreso al carro donde mi hijo ya está medio dormido.
Le quitó el cinturón de seguridad y lo cargo, miro por la ventana y veo como sonríe feliz cuando el asistente le da un recado.
Regreso a casa de Rodrigo y hay veces que quiero salir corriendo, escapar con lo único que me importa.
Mi hijo.
Ya que no tengo dinero, cuando supe que estaba embarazada tuve que dejar de trabajar y mis planes de ser independiente se fueron a la basura.
Subo a mi hijo a su habitación decorada con colores vivos, eso es en otra cosa que pienso; el está acostumbrado a los lujos, cada semana le traen ropa de marcas, de moda. Tiene todo menos a su padre.
Le quitó los zapatos y dejo un beso en su frente.
Camino a la habitacion principal y busco mi pijama para dormir.
Entro al baño a darme un baño sin mojarme el cabello, me seco y pongo mi bata.
Salgo y me acuesto a dormir, cuando la puerta se abre de golpe y me levanto asustada, me giro viendo a Rodrigo en la puerta de la habitación, cruzado de brazos.
Sin corbata y su cabello revuelto, serio como siempre.
—Tan facil que es que te vayas, así mi abuelo tendrá que aceptar el divorcio.
Me dice y asiento con una luz de esperanza.
— Si está bien yo puedo hacerlo ahorita............—Digo pero el me interrumpe.
—Te vas sola, sin nada.
—No me interesa nada de aquí.—Le dejo claro, pero me interrumpe de nuevo.
—Sin Matias.
—¿Que?
—Así es, ¿tu crees que voy a dejar que te lo lleves y después me amenaces con el?
—Eso no pasará yo puedo firmar algo donde.......
—El no sale de está casa y si tú te atreves a llevártelo lo quitaré que es lo que debí hacer hace mucho tiempo.
Me dice cerrando la puerta de golpe.
Me siento en la cama con mis manos temblando, mis lágrimas corren por mi mejilla.
Intentó abrir la puerta, pero no puedo, le puso llave.
Golpeó la puerta una y otra vez.
—Señora el señor dejo claro que no se le habrá hasta mañana.
—Solo quiero ver a mi hijo.
—Su hijo esta en la habitación cálmese señora o lo despertara.
Escucho la voz de Rodrigo abajo llamando a la empleada.
Regreso a la cama y no se que tengo que hacer pero tengo que salir de aquí y por supuesto con mi hijo.