Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.
NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 7: EL ASEDIO
Lía no se movió.
No podía.
Estaba frente a la ventana rota, con la lluvia golpeándole el rostro y el corazón latiéndole tan fuerte que parecía que iba a romperle el pecho.
Miró hacia abajo.
Y el mundo dejó de tener sentido otra vez.
Uno.
Dos.
Cinco.
Diez vehículos negros.
Alineados.
Perfectamente posicionados.
Como si hubieran estado esperando ese momento exacto.
Las puertas comenzaron a abrirse.
Al mismo tiempo.
Sin caos.
Sin prisa.
Hombres descendieron en silencio.
Altos.
Rígidos.
Coordinados.
No hablaban.
No dudaban.
Solo levantaban la mirada.
Directo hacia el edificio.
Directo hacia ella.
Lía sintió cómo algo dentro de su estómago se hundía.
—No… —susurró— no puede ser…
Pero lo era.
Detrás de ella, Kael se acercó.
Su presencia fue inmediata.
Sólida.
Real.
Miró hacia abajo.
Y su expresión cambió.
No había sorpresa.
Solo confirmación.
—Es una emboscada.
Lía giró hacia él.
—¿Qué hacemos?
Kael no respondió.
No todavía.
Inclinó ligeramente la cabeza.
Escuchando.
Y entonces lo sintió.
Pasos.
Muchos.
Subiendo.
Rápidos.
Demasiado rápidos.
Demasiado sincronizados.
Su mirada se endureció.
—Ya están dentro.
El pánico golpeó a Lía como una ola.
—¿Qué?
Un golpe resonó desde abajo.
Luego otro.
Madera rompiéndose.
Puertas cayendo.
Voces bajas.
Gruñidos.
Subían.
Kael se movió.
Tomó el rifle del suelo.
Revisó el cargador.
Vacío.
Lo arrojó sin pensarlo.
—No vamos a salir por la puerta.
Lía lo miró.
—¿Entonces cómo…?
Kael la tomó del brazo.
—Ven.
La llevó hacia la cocina.
Abrió la pequeña ventana lateral.
La lluvia entró con fuerza.
Fría.
Violenta.
Lía miró hacia abajo.
Tres pisos.
Un callejón estrecho.
Un contenedor metálico oxidado.
Su estómago se cerró.
—Ni se te ocurra…
Kael la miró.
—Vamos a saltar.
—¡Estás completamente loco!
Otro golpe.
Más fuerte.
La puerta del apartamento se astilló.
Una voz atravesó el espacio.
Suave.
Peligrosa.
—Kael…
Selene.
—No hagas esto más difícil.
El aire cambió.
Se volvió más frío.
Más pesado.
Kael no apartó la mirada de la ventana.
—Confía en mí.
Lía negó.
—No confío en ti.
Kael dio un paso hacia ella.
La miró.
Directo.
Sin suavizar nada.
—Entonces confía en que no voy a dejar que te toquen.
El siguiente golpe hizo que la puerta casi cediera.
No había tiempo.
No había opciones.
Kael rodeó su cintura.
Firme.
Seguro.
—¡Espera, espera—!
Saltó.
El aire desapareció.
El mundo giró.
Lía gritó.
El viento le golpeó el rostro.
Su estómago cayó.
Su cuerpo se tensó.
Y entonces—
Impacto.
El contenedor metálico retumbó con un estruendo brutal.
Kael absorbió la caída.
La sostuvo.
La protegió.
El metal vibró bajo ellos.
Lía se aferró a él sin darse cuenta.
Temblando.
Respirando con dificultad.
—¿Estás bien? —preguntó Kael.
—¡NO! —gritó ella— ¡Acabamos de saltar desde un tercer piso!
Pero él ya no la escuchaba.
Miraba hacia arriba.
Lía siguió su mirada.
Selene estaba en la ventana.
Inmóvil.
Elegante.
Impecable incluso bajo la lluvia.
Sonreía.
—Siempre tan dramático, Kael.
Y entonces…sombras.
Movimiento.
A ambos lados del callejón.
Figuras apareciendo.
Cerrando el paso.
Rodeándolos.
Lía sintió el pánico regresar.
Pero esta vez…más profundo.
Más real.
Kael saltó del contenedor.
La ayudó a bajar.
Su mano firme.
—Corre.
Y esta vez…
Lía no dudó.
Corrió.
El callejón era estrecho.
Oscuro.
Resbaloso.
La lluvia lo convertía en una trampa.
Sus pasos eran torpes.
Irregulares.
Pero no se detuvo.
No podía.
Detrás de ellos—
pasos.
Rápidos.
Demasiado rápidos.
Lía giró la cabeza.
Dos sombras venían.
No corrían como humanos.
Se movían con una fluidez antinatural.
Como depredadores.
—¡Nos alcanzan!
Kael frenó.
De golpe.
Lía casi chocó contra él.
—Sigue recto.
—¿Qué?
—Corre.
—¿Y tú?
Kael se giró.
Sus ojos brillaban.
Más intensos.
Más oscuros.
—Los detengo.
—¡No voy a dejarte!
Kael la miró.
Y en ese momento…no fue solo un hombre.
Fue un rey.
—Lía.
Su voz fue baja.
Pero imposible de ignorar.
—Corre.
Y algo en ella…obedeció.
Pero no se fue lejos.
No del todo.
Porque lo vio.
Los atacantes saltaron.
Kael interceptó al primero en el aire.
El impacto contra la pared fue brutal.
Ladrillos agrietándose.
El segundo fue hacia Lía.
Directo.
Sin dudar.
Demasiado rápido.
Lía retrocedió.
Pero no fue suficiente.
Una mano la tomó.
La apartó.
Kael.
Otra vez.
Siempre él.
El ataque pasó a centímetros.
Kael bloqueó la garra con el antebrazo.
La herida se abrió.
Sangre bajo la lluvia.
Lía sintió algo romperse dentro de ella.
—¡Te están lastimando!
Kael gruñó.
Y entonces…cambió.
No completamente.
Pero lo suficiente.
Su cuerpo se tensó.
Creció.
Se volvió más… peligroso.
Sus manos se transformaron.
Garras negras.
Sus ojos ardieron.
El atacante retrocedió.
Sabía.
Sabía lo que enfrentaba.
Kael levantó la mirada.
—Nadie la toca.
No fue una frase.
Fue una sentencia.
Se movió.
Rápido.
Violento.
Imparable.
El golpe lanzó al enemigo contra el suelo.
El segundo intentó huir.
Error.
Kael lo atrapó.
Lo levantó del cuello.
La lluvia caía sobre ambos.
—Dile al consejo…
Su voz bajó.
Más oscura.
—Que la cacería terminó.
Lo lanzó.
El cuerpo rodó.
Se levantó.
Y huyó.
Silencio.
Otra vez.
Pesado.
Cargado.
Kael respiraba con fuerza.
Giró hacia Lía.
Ella estaba quieta.
Mirándolo.
Con miedo.
Sí.
Pero no solo eso.
Había algo más.
Algo nuevo.
Algo que ya no podía negar.
Él dio un paso.
—Lía—
Frenos.
Un auto negro apareció.
Se detuvo frente a ellos.
La puerta trasera se abrió.
Selene descendió.
Lenta.
Elegante.
Dominante.
Miró la escena.
La sangre.
La destrucción.
Y sonrió.
—Perfecto.
Lía frunció el ceño.
—¿Perfecto qué?
Selene la miró.
Directamente.
Y esta vez…no había burla.
Había certeza.
—La luna ya eligió.
Pausa.
Sus ojos brillaron.
—Y ahora…miró a Kael.
—…todos lo saben.
El silencio cayó como un peso.
Porque eso cambiaba todo.
Ya no era un secreto.
Ya no era una coincidencia.
Era una declaración.
Una guerra abierta.
Y Lía…estaba en el centro.
Y no sabe si de esta situación va a salir con vida, porque ya el consejo sabqueue Lia fue elegida por la luna y eso la puede llevar a la muerte.
Porque en estos momentos cambiaron todos los planes que tenía el consejo.