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En Esta Vida No Te Amaré

En Esta Vida No Te Amaré

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Timetravel / Viaje En El Tiempo / Omegaverse / ABO / Reencarnación / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: biely

Murió amando a quien nunca lo amó.

Noar Wil, el joven omega más brillante del Reino de Solaria, lo apostó todo por un amor que resultó ser una trampa cuidadosamente tejida por las manos del hombre al que idolatraba. Años de humillación, traición y dolor terminaron en el silencio de un cuarto vacío — su corazón demasiado roto para seguir latiendo.

Pero entonces algo imposible ocurre.

Noar despierta diez años atrás, con todos sus recuerdos intactos, en la noche en que su historia con Léo estaba a punto de comenzar. Esta vez, sin embargo, conoce el precio de ese amor.

Esta vez, elige diferente.

En lugar de seguir los pasos que lo llevaron a la destrucción, acepta el compromiso que siempre rechazó: casarse con Maximiliano Ferom, el temido Archiduque del Extremo Norte. Un hombre de hierro y silencio, cuyas feromonas huelen a nieve pura y cuyas palabras pesan como sentencias. Un hombre que, desde el primer momento en que sostiene a Noar en sus brazos, hace una promesa que no tiene intención de romper.

Estás a salvo. Y nadie te hará daño mientras estés conmigo.

Lo que Noar esperaba era solo un matrimonio de conveniencia — posición, protección, distancia del pasado. Lo que no esperaba era que ese hombre frío pudiera derretirse tan despacio, tan profundamente, tan irrevocablemente.

Y no esperaba que su propio corazón, tan convencido de que nunca más amería, fuera precisamente el primero en traicionarlo.

NovelToon tiene autorización de biely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Archiduque

Habían pasado algunos días desde el banquete y el anuncio oficial del compromiso de Noar.

El Ducado de Wil estaba en plena agitación, preparándose para el día en que el Archiduque vendría a buscar a su futura Archiduquesa para llevarla al Norte.

En la mansión, criados y sirvientes trabajaban sin descanso para que todo estuviera en perfecto estado. Cada pasillo era pulido, cada tapiz ajustado, cada detalle revisado con extremo cuidado.

Aun así, una parte de la mansión permanecía extrañamente en silencio.

No había tazas rotas, ni gritos, ni llanto de cierto joven señor mimado. Hasta los tutores estaban confundidos con el cambio repentino: su alumno, antes indisciplinado, ahora estudiaba con diligencia, prestaba atención a las clases de historia y se dedicaba con empeño a las lecciones de etiqueta — sobre todo las que trataban sobre el Extremo Norte.

Noar siempre había sido un joven omega mimado. Solía escapar de las clases y no le gustaba aprender, pues creía que, siendo un omega destinado al matrimonio, su futuro marido se encargaría de todo. Para él, bastaba con ser un bello esposo.

Pero su vida pasada le había enseñado demasiado.

Ahora, Noar se había vuelto menos agitado. No gritaba sin motivo, no lloraba ni hacía berrinches. Había en él una madurez silenciosa, casi melancólica. Pasaba la mayor parte del tiempo en el jardín, leyendo un libro o simplemente observando el cielo despejado de Solaria.

Sus padres notaron el cambio — y se preocuparon.

Incluso su hermano mayor, que estudiaba en la Academia Real, regresó al enterarse de que el "pequeño diamante" de la familia estaba demasiado callado.

— Papá… ¿crees que Noar está triste por el matrimonio con el Archiduque? — preguntó Nero al padre omega, con tono contenido.

El hombre suspiró, la mirada cargada de preocupación.

— Le pregunté… pero Noar dijo que está bien. Solo dijo que ya no quiere ser tan mimado… ni tan ignorante — respondió, con el corazón encogido.

Nero, un alfa fuerte y el hermano mayor de Noar, sentía inquietud. Su hermanito siempre había sido mimado, sí, pero también profundamente amado por toda la familia.

Suspiró.

El día de la llegada del Archiduque se acercaba, y Noar seguía extrañamente tranquilo — como si ya estuviera listo para cualquier destino que lo aguardara.

El día señalado, el duque Wil preparó una elegante merienda para recibir al ilustre invitado.

El jardín estaba impecable: mesas bien ubicadas, tazas alineadas con perfección, flores y jarrones distribuidos con armonía. Los nobles conversaban animadamente. El día era fresco, el cielo azul, y una brisa suave recorría el ambiente, como si todo estuviera en perfecto orden.

Noar acompañaba a su hermano mayor a saludar a los invitados.

Estaba hermoso.

Vestía ropas claras y elegantes, adornadas con joyas delicadas. Sus cabellos dorados caían en ondas suaves, y su porte recordaba al de un joven tranquilo, brillante y distante — alguien que ya no pertenecía del todo a ese lugar.

Los nobles murmuraban. Los cuchicheos recorrían el jardín, todos comentando el cambio repentino del joven señor Wil.

— Hermanito, espera un momento. Voy a saludar a unos compañeros de la Academia — dijo Nero.

— Está bien, hermano. Te espero cerca del lago — respondió Noar, con una pequeña sonrisa contenida.

— De acuerdo — dijo Nero, alejándose.

Noar siguió tranquilamente por el sendero de piedras hasta el lago.

A medida que se acercaba, divisó una figura de espaldas, parada a la orilla del agua, observando el reflejo del cielo.

Sus pasos se detuvieron solos.

Era Léo Liz.

Por un instante, Noar pensó en volverse. Su cuerpo llegó a moverse, listo para retirarse en silencio, pero entonces escuchó una voz suave.

— Joven señor Wil…

Noar notó entonces la presencia de otro joven agachado cerca del lago, jugando distraídamente con las flores de loto.

Al girarse, vio a un omega de cabello rojizo y ojos verde esmeralda. El joven tenía una mirada inocente, pero había en él algo difícil de descifrar — una inquietud escondida detrás de la dulzura.

Claro que Noar sabía quién era.

Nike.

El sirviente de quien Léo estaba enamorado. El mismo joven que había recibido el patrocinio del padre de Léo para ingresar a la Academia Real.

Noar no dijo nada. Solo inclinó levemente la cabeza en saludo y se giró para retirarse.

— Joven señor Wil… — llamó Léo, girándose por completo, los ojos fijos en la espalda de Noar, como si temiera verlo huir.

Noar se detuvo.

Se giró despacio, la mirada tranquila, distante, casi indiferente.

— Joven señor Liz — respondió, con una reverencia educada.

El silencio que siguió era pesado.

Noar quería irse.

Mirar a Léo era demasiado sofocante.

En el momento en que estaba a punto de girarse y marcharse, escuchó la voz de Nike.

— He oído que su prometido vendrá a Solaria a buscarlo. Le deseo toda la felicidad… — dijo Nike, con una sonrisa demasiado pura.

— Gracias, joven señor Nike… — respondió Noar, forzando una sonrisa.

Noar no sabía qué intención tenía Nike al decir eso, pero sintió un frío recorrerle la espalda al enfrentarse a aquella sonrisa. Era como una advertencia silenciosa.

Léo, al escuchar la palabra prometido, sintió un profundo malestar. Una rabia amarga se apoderó de su pecho — como si fuera él, y no otro, quien debiera ocupar ese lugar. Cuando estaba a punto de decir algo, una oleada de calor lo atravesó.

Se le amargó la boca.

Sus feromonas se descontrolaron.

Era como si Léo hubiera entrado abruptamente en un ciclo de celo de alfa.

Tambaleándose, se llevó la mano a la cabeza, el cuerpo inestable.

Nike, siendo un omega, sintió de inmediato el olor intenso de las feromonas de Léo. Con una sonrisa de lado, le lanzó una mirada rápida a Noar y se acercó a Léo.

— Léo… ¿qué pasó? ¿Estás bien? — preguntó, con una inocencia ensayada, sujetándole los brazos.

— No te acerques, Nike… — dijo Léo, intentando apartarlo con cuidado, luchando contra su propio cuerpo.

Pero en ese instante…

Cuando Noar percibió las feromonas de Léo, ese olor específico, algo dentro de él se rompió.

Los recuerdos de su vida pasada, que tanto había intentado enterrar, afloraron con violencia.

El olor.

El mismo olor.

El cuerpo de Noar se tensó. Su mente fue invadida por los recuerdos de Léo usando sus feromonas para torturarlo, asfixiándolo, tratando su cuerpo como un juguete desechable. Ese aroma quedó grabado no solo en su mente, sino en su alma.

Miedo.

Asco.

Desesperación.

Su cuerpo reaccionó antes de que su conciencia pudiera escapar.

La nariz de Noar comenzó a sangrar. La respiración se volvió entrecortada, corta, como si el aire le hubiera sido arrancado de los pulmones. Su cuerpo entró en colapso.

Más tarde, descubriría que ya no toleraba las feromonas — ni siquiera las propias. Para Noar, ese olor era sinónimo de muerte.

Sin saber qué hacer, empezó a agitarse, desesperado. Quería correr, salir de allí, gritar por su hermano — lo que fuera. Pero su cuerpo no respondía.

Entonces…

Con los ojos cerrados, Noar sintió que su cuerpo era envuelto por una brisa helada. Un aire frío, limpio, con olor a nieve blanca y pura.

Una feromona dominante, pero gentil.

Transmitía seguridad.

— ¡Noar! — gritó Nero, sosteniendo a su hermano en los brazos.

En el instante en que reconoció la voz de su hermano mayor, Noar sintió que el alivio se derrumbaba sobre él. Se aferró a Nero y comenzó a llorar, como un niño agraviado.

— Todo está bien… tu hermano está aquí — murmuró Nero, dándole golpecitos suaves en la espalda.

— ¿Qué está pasando aquí? — dijo una voz grave y desconocida.

Noar alzó la mirada por encima del hombro de Nero.

Frente a ellos había un hombre alto, vestido de negro. Un manto pesado cubría sus anchos hombros, y en la cintura, un cinturón sostenía una espada de hoja brillante.

Su cabello era negro como la noche.

Sus ojos, oscuros como el abismo.

Era como si Noar estuviera mirando al vacío — y el vacío le devolviera la mirada.

Fue entonces cuando lo comprendió.

Las feromonas que habían disipado el olor de Léo…

Que lo habían protegido…

Eran de ese hombre.

El hombre notó la mirada de Noar y extendió la mano hacia él.

— Ven — dijo, con voz firme.

Nero miró a su hermano y habló en voz baja:

— Este es el Archiduque Maximiliano Ferom… tu futuro marido.

Noar quedó paralizado un instante.

Luego, sin resistencia, extendió su pequeña mano temblorosa y sostuvo la de Maximiliano.

Max sintió la mano suave y frágil encajar en la suya. Sin dudar, atrajo a Noar hacia sí, lo envolvió con el manto y lo alzó en brazos como a un niño.

El pequeño cuerpo de Noar tembló, pero no intentó apartarse.

Max se giró para salir.

— Llamen a los guardias. Quiero una explicación — ordenó, con frialdad, antes de partir con Noar en brazos.

— Sí, señor — respondieron varias voces.

Hombres vestidos de negro surgieron como sombras, rodeando el lugar.

Nero lanzó una última mirada a Nike y a Léo, los ojos cargados de furia.

— Espero que el joven señor Liz tenga una excelente explicación… por atacar a mi hermano con feromonas — dijo, antes de girarse y seguirlos.

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