Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.
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La Danza de las Serpientes
La casa de seguridad de Orión —o lo que quedaba de su red de búnkeres— era ahora el centro de mando de Valeria y Adrián. Estaban ocultos en el sótano de una antigua fábrica de textiles en la periferia de la ciudad, un lugar donde el ruido de las máquinas de coser arriba ocultaba el zumbido de los servidores abajo. El "Registro Físico de los Doce" estaba abierto sobre la mesa, iluminado por una lámpara de escritorio solitaria.
—Es una jerarquía de sombras, Valeria —dijo Adrián, señalando las firmas en el libro—. Luciano Soler figura como el "Número Nueve". Su familia siempre ha tenido ese asiento, pero los registros muestran que su poder ha disminuido en los últimos años. Por eso estaba tan desesperado por el Proyecto Fénix. No era solo por la inmortalidad; era por recuperar el estatus perdido frente a los otros once.
Valeria asintió, sus dedos recorriendo las páginas. —Él ha estado ocultando sus movimientos al resto del Círculo. Si los otros once se enteran de que Luciano intentó asesinar a la "Pieza Central" —yo— sin su consentimiento, las reglas de honor de los Doce se activarán en su contra.
—¿Y cómo se lo hacemos saber? —preguntó Adrián—. No es como si pudiéramos enviarles un correo electrónico.
Valeria sonrió, una sonrisa cargada de la astucia que solo el conocimiento del futuro podía otorgar. —No necesitamos enviarles un correo. Solo necesitamos activar la señal de emergencia de la "Llave de Fénix" de una manera que solo los Doce puedan detectar. Según el diario de mi padre, cada familia del Círculo tiene un sensor pasivo de la frecuencia cuántica de Fénix. Si la señal aparece en un lugar que no ha sido aprobado por la junta, sabrán que Luciano les ha mentido.
—Es un juego arriesgado, Valeria —advirtió Adrián—. Si activamos la señal, todos sabrán exactamente dónde estamos.
—Solo la activaremos durante tres segundos —dijo ella—. Suficiente para que los Doce reciban la ubicación y el mensaje cifrado que Orión está preparando: "El Nueve ha traicionado el acuerdo. El Fénix está bajo su custodia ilegal".
—Eso hará que el Círculo envíe a sus propios equipos para "recuperar" la pieza —concluyó Adrián—. Luciano se encontrará luchando en dos frentes: contra nosotros y contra sus propios aliados. Una danza de serpientes donde el que muerda primero ganará el derecho a seguir viviendo.
Mientras Orión trabajaba en la codificación de la señal, Valeria se retiró a un rincón oscuro de la fábrica. Sentía una opresión en el pecho que no podía explicar. Su renacimiento, que al principio le pareció una bendición para la venganza, se estaba revelando como el cumplimiento de una profecía que ella no quería protagonizar.
—Valeria... —la voz de su padre, Alberto, surgió de su auricular inalámbrico. Su conciencia digital se había estabilizado en los servidores de Thorne—. *Debes saber que Luciano ya no es tu mayor preocupación. El Círculo ha autorizado el "Protocolo de Reparación" para Julián Reyes.
Valeria sintió un escalofrío. —¿Reparación? Lo dejamos en cortocircuito en el taller de Orión.
—Sus implantes no eran solo electrónicos, Valeria. Eran biotecnología adaptativa de Volkov. Sus células se están regenerando a una velocidad acelerada por el dolor. Se ha convertido en algo que ya no es humano, ni siquiera un cyborg. Es un organismo de combate puro. Y su obsesión contigo se ha vuelto la frecuencia dominante de su nuevo cerebro.
—¿Dónde está ahora? —preguntó Valeria, su voz apenas un susurro.
—*Está en la Torre Soler. Luciano lo está usando como su "perro de presa" personal para encontrarte antes de que el Círculo llegue a ti. Julián no necesita radares, Valeria. Él puede "sentir" el rastro de la Llave de Fénix porque fue el hombre que estuvo más cerca de ti durante años. Tu firma biológica está grabada en él.*
En ese momento, el suelo de la fábrica vibró ligeramente. No era el ruido de las máquinas de arriba. Era algo más profundo, como el latido de un motor inmenso acercándose por los túneles subterráneos.
—¡Valeria! —gritó Adrián, corriendo hacia ella—. ¡La señal térmica! ¡Algo inmenso está subiendo por el conducto de ventilación central!
Un estruendo ensordecedor sacudió el edificio. El techo del sótano colapsó bajo el peso de una figura que cayó como un meteoro de metal y carne. El polvo se asentó, revelando a un Julián Reyes irreconocible. Su piel era ahora de un tono gris metálico, sus ojos eran dos hendiduras de luz roja pulsante, y su brazo derecho había sido sustituido por una estructura mecánica que terminaba en una cuchilla de plasma vibrante.
—Valeria... —la voz de Julián era ahora una vibración gutural que hacía temblar las paredes—. El Círculo... me ha dado... un nuevo corazón. Un corazón que solo late... por tu fin.
Julián se lanzó hacia ellos con una velocidad que desafiaba las leyes de la física. Adrián intentó disparar su bastón táctico, pero Julián lo detuvo con un solo movimiento de su brazo mecánico, rompiendo el arma en dos como si fuera de madera.
—¡Corre, Valeria! —gritó Adrián, lanzándose contra Julián en un intento desesperado de frenarlo.
Valeria no corrió. Tomó el relicario y lo activó al máximo. —¡Orión, activa la señal ahora! ¡No esperes más!
Orión pulsó la tecla. Un pulso de energía azul emanó del relicario, iluminando todo el sótano. Julián se detuvo en seco, sus sensores internos entrando en conflicto con la frecuencia cuántica pura de Fénix.
—*¡Señal emitida!* —gritó Orión—. *¡Los Doce ya tienen la ubicación!*
A pocos kilómetros de allí, en la Torre Soler, Luciano Soler recibió una alerta en su terminal privada. Sus ojos se abrieron de par en par al ver que la señal de Fénix estaba siendo transmitida en abierto hacia los otros once miembros del Círculo.
—¡Maldita sea! —exclamó Luciano—. ¡Me ha vendido a los demás!
Pero Luciano no tuvo tiempo de reaccionar. Las pantallas de su oficina se volvieron negras, y el rostro de Isabella Volkov —quien aparentemente ya no estaba bajo custodia, sino que había sido "liberada" por una facción superior del Círculo— apareció con una sonrisa de desprecio.
—Luciano Soler... —dijo Isabella—. El Número Nueve ha sido declarado "inapto para la supervivencia". Tu intento de ocultar la Pieza Central al Círculo es una violación del Artículo 1. Disfruta de tus últimos segundos como miembro de los Doce.
Fuera de la Torre Soler, cuatro helicópteros de ataque sin insignias aparecieron en el cielo. No eran de la policía, ni de Thorne. Eran los ejecutores del Círculo. Empezaron a disparar contra las plantas superiores de la torre, donde Luciano se escondía. La danza de las serpientes había comenzado de la forma más violenta posible.
De vuelta en la fábrica, Julián recuperó la compostura. El dolor de la señal de Fénix parecía haberlo hecho aún más furioso. Levantó su cuchilla de plasma para asestar el golpe final a un Adrián malherido en el suelo.
—¡Julián, mírame! —gritó Valeria, caminando hacia él, con el relicario brillando en su mano abierta.
Julián se detuvo, su mirada roja fija en el cristal.
—¿Quieres esto? —preguntó Valeria, su voz tranquila y llena de una autoridad que parecía emanar de la propia Llave—. Si me matas, la Llave se bloqueará para siempre. Solo yo puedo darte la inmortalidad que te prometieron. Solo yo puedo apagar el dolor que sientes ahora mismo.
Julián vaciló. El conflicto entre sus órdenes de exterminio y su instinto de supervivencia biológica, amplificado por la tecnología de Volkov, estaba desgarrando su psique.
—Dámelo... —gruñó Julián, extendiendo su mano metálica.
—Ven a buscarlo —dijo Valeria, y en un movimiento rápido, lanzó el relicario hacia el pozo del conducto de ventilación por donde Julián había entrado.
Julián, movido por un instinto ciego de recuperación del tesoro, se lanzó tras el objeto. Valeria no había lanzado el relicario real; había lanzado un cebo señuelo que Orión había preparado con la misma firma térmica.
—¡Ahora, Orión! —gritó Valeria.
Orión activó la carga explosiva que habían colocado en el conducto. Una explosión masiva de nitrógeno líquido inundó el túnel justo cuando Julián entraba. El metal de sus implantes y la carne regenerada de su cuerpo se congelaron en microsegundos, inmovilizándolo en una estatua de hielo y acero en las profundidades de la fábrica.
Valeria corrió hacia Adrián y lo ayudó a levantarse. Estaban cubiertos de polvo y sangre, pero estaban vivos.
—¿Ha funcionado? —preguntó Adrián, respirando con dificultad.
—La señal ha sido enviada —dijo Valeria—. Luciano está siendo atacado por sus propios aliados ahora mismo. Y Julián estará congelado durante el tiempo suficiente para que salgamos de la ciudad.
—¿A dónde vamos ahora? —preguntó Orión, empacando sus servidores portátiles con manos temblorosas.
Valeria miró hacia el cielo, donde las explosiones en la Torre Soler iluminaban la noche. —A la base del "Alquimista" en la costa. Mi madre dijo que allí está el proyector que necesitamos para traer a mi padre de vuelta. Si el Círculo va a luchar entre ellos, nosotros usaremos ese tiempo para completar el equipo que los detendrá a todos.
Salieron de la fábrica mientras las patrullas del Círculo empezaban a pulular por el distrito. La danza de las serpientes apenas estaba comenzando, y Luciano Soler era solo la primera baja en una guerra civil que amenazaba con consumir a los Doce.
Valeria Soler, con el relicario real oculto bajo su gabardina, sentía que por fin estaba un paso por delante de su destino. Pero en el fondo de su mente, la voz de su padre le recordaba una verdad amarga: "En una danza de serpientes, Valeria, la única forma de no ser mordido es convertirte en el dragón que las devora a todas."
Y Valeria estaba lista para arder.
Continuará...