Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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ALMUERZO INTERROGANTE
NARRADOR
Aquella mañana de jueves fue un día que no anunciaría nada fuera de lo normal para alguien como Victoria. Ella solamente debía ir a trabajar y volver a casa. Nada más. Su jefe no recibiría visitas sexuales en la oficina. Todo parecía seguir acorde a una rutina establecida con precisión.
Trevor sabía que habría otro viaje de negocios y que debía ser el día lunes. Su sumisa le había dicho que acababa de llegar su período, por lo tanto la visita del lunes se reprogramaría para otro día de la misma semana como ocasión excepcional.
Él llamó a Victoria a su oficina para darle una orden clara.
--Señorita Pérez, hoy almorzará conmigo. Tenemos que reorganizar la agenda porque el día lunes debemos viajar por negocios-- Ordenó con autoridad
--Si señor, ¿Qué le apetece almorzar?-- Ya sabía el restaurante al que tenía que ir, por lo que preguntó con educación y obediencia
Victoria salió de la empresa. Nuevamente, llevaba su bolso más usado dónde guardaba su novela. Lo protegía celosamente.
Mientras estaba esperando la comida, su teléfono timbró. Tenía una llamada entrante de un número desconocido. Atendió con dudas. No quería malas noticias ni que Christina le recordara su acuerdo.
La voz de una mujer la sorprendió. Le comunicó que los primeros quinientos ejemplares de su novela fueron impresos y que estarían en distribución a algunas librerías la próxima semana.
Victoria colgó la llamada con una sensación de plenitud. Su sueño se haría realidad en cuestión de días. Esperaba ver su novela en algunas vidrieras pronto. Con mucha suerte quizás ganaría dinero también. La fama era lo que menos le importaba.
Cuando recibió su pedido, lo hizo con una sonrisa genuina. Llegó a la empresa minutos después con una sonrisa imborrable.
Trevor, notó el cambio de actitud en su secretaria.
Él esperó en silencio a que su empleada desinfectara el escritorio antes de colocar la comida sobre él. Finalmente, había entendido que ese era un hábito en ella, ya que no era lunes.
--Señorita Pérez. Estoy satisfecho con su trabajo. Durante el viaje anterior se desempeñó sin errores-- Él halagó respetuosamente evaluando su actitud
--Me alegra saberlo, señor-- Ella ordenó su comida y se sirvió refresco sin mirarlo a los ojos
--¿Es tan ordenada siempre? ¿Es ese algún tipo de hábito?-- Indagó. Victoria pensó una respuesta que pudiera dar. Trevor la observó tensar sus hombros
--No siempre lo fui, pero cuido los detalles ahora-- Respondió pretendiendo no delatar la verdadera razón
--Es un hábito interesante. No tengo problemas con él-- Ella se relajó lo suficiente para que su jefe lo notara
Los dos comieron en silencio. Victoria concentrada en su comida. Su jefe estaba mirando todo lo referente a ella con atención nueva. Era bueno leyendo entre líneas, encontrando respuestas. Si Christina había cometido errores, una mujer asustadiza como Victoria debería detalarse sin problemas.
--¿Cómo era su trabajo anterior, señorita Pérez?-- Victoria levantó la mirada de su porción y lo observó comer con elegancia sin prestarle atención
--Era recepcionista, señor. Un trabajo sencillo con un sueldo acorde a sus funciones-- No debió pensarlo demasiado
--¿Usted era muy cercana a mi esposa? En sus funciones me refiero... suplió a su secretaria tal vez-- Victoria volvió a mirarlo. No parecía nervioso. Tan solo pretendía una conversación, quizás...
--No, señor. La señora Christina no suele tratar con sus empleados, al menos no con cuáles no son cercanos-- Trevor sonrió para sus adentros
--Es llamativo que ella la haya recomendado para este trabajo si no eran cercanas y que parezca interesada en usted, ¿No lo cree?-- Victoria se tensó, nerviosa
--No lo se. Desconozco los intereses de su esposa. ¿No debería saberlos usted?-- Aquello logró que el esbozara una pequeña sonrisa. Él sabía que su secretaria era una mujer que reprimía sus emociones y era divertido cuando mostraba un poco de carácter
--Señorita Pérez, yo se demasiadas cosas. Me gusta tener el control en todos los aspectos de mi vida-- Ella volvió a sentirse incómoda. Automáticamente pensó en las sumisas
--Creo que lo entiendo, pero no logro identificar el rumbo de esta conversación- El notó el temblor en las manos de Victoria
--¿No puede relajarse? Parece nerviosa y no hay motivos para eso. No quise inmiscuirme en su vida privada ni pretendo hacerlo ahora. También comprendo que usted seguramente firmó para Christina un contrato de confidencialidad- Agregó sin modificar su tono de voz
--Es correcto, señor
--Pero existe algo curioso. Le mencioné a mi esposa el incidente con ese hombre desconocido y ella supo que se trataba de su ex prometido. Según ella escuchó un rumor, pero dudo que así sea porque usted no socializa con otros compañeros laborales a menos que sea estrictamente necesario-- Victoria lo miró
--Señor, todos tenemos secretos, incluído usted mismo. Su esposa no mintió, pero mi relación pasada no me trae gratos recuerdos para traerla a esta conversación-- Él supo que algo ocultaba, aunque desconocía cuánto
--Usted conoce mis sucios secretos. Lo único que espero es que su lealtad me pertenezca. El acuerdo me respalda por si decide romperlo- Allí estaba la advertencia
--Soy leal, señor. Hice cada diligencia y acepté cada orden que me dio sin cuestionar ni tampoco divulgar información. Lo único que pretendo es que...- Hizo un breve pausa- no me ponga en aprietos. Con los dos yo firmé un contrato de confidencialidad que no pienso ni quiero romper
Él procesó todo lo que ella le dijo. Tenía la gran sospecha de que Victoria ocultaba algo que Christina quería. Tal vez su propia esposa tenía algo que ocultar y por eso decidió cambiarla de trabajo.
--Señorita Pérez lo único que espero es que usted no me mienta. Soy muy bueno descubriendo engaños y traiciones, ¿Lo entiende?
Victoria sintió la amenaza y la aceptó. Estaba preocupada por las consecuencias de aquel secreto. Si Trevor se enterara que Christina la acercó a él para seducirlo no quería ni podía imaginar lo que él podría hacer.
Trevor intuía que algo escondían esas dos mujeres. Estaba decidido a averiguarlo.
--¿Podemos continuar trabajando, señor?-- Él hizo un gesto afirmativo
--Por supuesto, señorita Pérez. Tenemos aún una agenda que organizar y un viaje que planear-- Ella lo sabía e intuía que ese viaje laboral sería demasiado intenso y esperaba estar a la altura de la circunstancia
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta