En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .
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Capitulo 18: La verdad enterrada
El silencio dentro del despacho fue absoluto.
La noticia cayó como un golpe seco sobre todos.
Alessia sintió que el aire se le quedaba atrapado en el pecho.
—¿Qué… dijiste? —preguntó lentamente.
Yuri sostuvo el teléfono todavía en la mano.
—Encontraron el vehículo cerca de los acantilados del norte.
Vittorio se puso de pie de inmediato.
—¿Confirmaron que es ella?
—Sí.
Alessia permaneció completamente inmóvil.
Valentina Bellandi estaba muerta.
Después de todo.
Después de la traición.
Después de la guerra que había provocado.
Muerta.
Y aun así algo no encajaba.
Mikhail fue el primero en hablar.
—¿Cómo murió?
Yuri dudó un segundo.
—Un disparo en la cabeza.
La expresión de Mikhail se endureció.
—Ejecución.
No accidente.
No enfrentamiento.
Ejecución.
El mensaje era claro.
La organización estaba eliminando cabos sueltos.
Treinta minutos después, varios vehículos avanzaban por la carretera húmeda hacia los acantilados del norte.
La lluvia finalmente había parado, pero el cielo seguía oscuro y pesado.
Alessia observaba el paisaje desde la ventana sin decir nada.
Mikhail iba sentado frente a ella.
Silencioso.
Pero atento a cada movimiento suyo.
Porque desde que Yuri dio la noticia, Alessia había cambiado.
Estaba demasiado callada.
Y eso le preocupaba más que verla furiosa.
—No tienes que bajar si no quieres —dijo él finalmente.
Ella levantó la vista lentamente.
—Sí tengo.
La respuesta salió firme.
Pero cansada.
Y Mikhail entendió que no iba a detenerla.
Las luces de los vehículos iluminaron la carretera vacía cerca del acantilado.
Guardias Bellandi ya estaban en la zona.
El auto negro de Valentina permanecía detenido a pocos metros del borde.
La puerta del conductor abierta.
Y el cuerpo cubierto con una sábana blanca.
Alessia sintió un nudo en el estómago.
Vittorio salió primero.
Su rostro era completamente ilegible.
Yuri habló rápidamente con uno de los hombres.
—No encontramos a nadie más en la zona.
Mikhail observó alrededor.
Oscuridad.
Viento fuerte.
Demasiado limpio.
Otra vez.
Alessia comenzó a caminar hacia el cuerpo.
Mikhail fue detrás de ella sin decir nada.
Uno de los guardias levantó lentamente la sábana.
Y allí estaba Valentina.
Hermosa incluso muerta.
El maquillaje corrido apenas por la lluvia.
Los ojos cerrados.
La herida limpia sobre la frente.
Alessia sintió el pecho apretarse.
Recordó inmediatamente las cenas familiares.
Las peleas tontas de adolescentes.
Las veces que compartieron secretos.
Y ahora todo terminaba allí.
Frío.
Vacío.
Mikhail observó el rostro de Alessia.
Notó el dolor silencioso que intentaba esconder.
Y por primera vez sintió algo incómodo dentro de él.
Ganas de acercarse.
De tocarla.
De decirle algo que la calmara.
Pero no lo hizo.
Porque hombres como Mikhail Orlov no sabían consolar.
Yuri revisaba el interior del vehículo mientras Vittorio hablaba con los guardias.
Entonces encontró algo.
—Aquí hay un sobre.
Todos voltearon.
Yuri sacó lentamente un sobre negro manchado con gotas de sangre.
El corazón de Alessia se aceleró.
Mikhail lo tomó inmediatamente.
No tenía nombre.
Solo el símbolo.
La corona atravesada por la serpiente.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había varias fotografías.
La primera hizo que el rostro de Vittorio cambiara por completo.
Alessia frunció el ceño.
—¿Qué es eso?
Mikhail observó la imagen unos segundos antes de responder.
—Una fotografía vieja.
La tomó lentamente.
En la imagen aparecía Vittorio Bellandi… mucho más joven.
Y junto a él había otro hombre.
Alto.
Rostro frío.
Ojos claros.
Mikhail quedó completamente inmóvil.
Porque conocía esa cara.
—No puede ser…
Yuri levantó la vista rápidamente.
—¿Qué pasa?
Mikhail sostuvo la fotografía con fuerza.
—Lo conozco.
Alessia sintió el corazón acelerarse.
—¿Quién es?
El silencio se volvió pesado.
Mikhail levantó lentamente la mirada hacia Vittorio.
Y entonces habló.
—Es Alekséi Volkov.
El nombre cayó como una bomba.
Incluso Yuri cambió la expresión.
Vittorio cerró los ojos un segundo.
Demasiado tarde.
Ya había confirmado todo sin hablar.
Alessia dio un paso atrás.
—¿Quién demonios es Alekséi Volkov?
Nadie respondió enseguida.
El viento golpeó con fuerza el acantilado.
Y finalmente fue Yuri quien habló.
—El fundador de la organización.
La sangre se le heló.
Alessia giró inmediatamente hacia su padre.
—¿Tú conocías al líder de esa gente?
Vittorio guardó silencio.
Error enorme.
Porque ahora ya no podía ocultarlo.
—Papá.
Él respiró lentamente.
El cansancio en su rostro parecía de años.
—Fue hace mucho tiempo.
—¡¿Cuánto tiempo?!
—Antes de que nacieras.
La rabia empezó a mezclarse con la confusión dentro de Alessia.
—¿Qué hiciste?
Mikhail seguía observando a Vittorio fijamente.
Esperando la respuesta.
Porque incluso él necesitaba escucharla.
Vittorio bajó la mirada hacia la fotografía vieja.
Y cuando habló, su voz salió más grave de lo normal.
—Cometí el peor error de mi vida.
El silencio se rompió cuando uno de los guardias apareció corriendo desde la carretera.
—¡Señor!
Todos giraron.
El hombre respiraba agitado.
—Encontramos esto cerca del acantilado.
Le entregó una cadena rota a Yuri.
Mikhail la reconoció inmediatamente.
Era de Alessia.
Ella llevó la mano al cuello por reflejo.
Vacío.
La había perdido.
Pero no recordaba cuándo.
Y entonces Mikhail entendió algo.
Alguien había estado cerca de ella esa misma noche.
Muy cerca.
El guardia tragó saliva antes de continuar.
—Y hay otra cosa.
—Habla —ordenó Vittorio.
El hombre dudó apenas.
—Encontramos huellas… de otra persona.
Mikhail entrecerró los ojos.
—¿Otra persona?
—Sí.
El guardia levantó lentamente la mirada.
—Parece que alguien estuvo observando todo desde arriba del acantilado.
El viento volvió a soplar con fuerza.
Y Alessia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Porque de pronto tuvo una sensación horrible.
Valentina no era el final.
Apenas era el comienzo.