Diego Román siempre fue un hombre demasiado consciente de su belleza. Coqueto, encantador y famoso entre las mujeres, disfrutaba de la atención como si hubiera nacido para recibirla. Nunca tuvo novia fija porque prefería divertirse, hablar bonito y robar sonrisas donde fuera.
Pero toda su vida termina absurdamente cuando el teleférico en el que viajaba se desploma hacia el vacío.
Y la muerte… no fue el final.
Cuando despierta otra vez, ya no está en su mundo ni en su cuerpo.
Ahora es Liana Duar, la hija de una familia noble humana destinada a convertirse en la esposa del temido Rey de los Insectos, una criatura mitológica que gobierna un reino oculto lleno de seres venenosos, mariposas gigantes y monstruos alados.
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Capitulo 18 — Pertenezco aquí.
La noticia sobre la caída de Seraphel se extendió por Elyndor más rápido que cualquier incendio.
El enorme palacio floral estaba completamente desordenado.
Y en el centro de todo eso…
El cuerpo marchito del príncipe de las rosas.
Las flores que antes crecían elegantemente sobre su piel ahora estaban secas, quebradas y oscuras. Sus piernas seguían deteriorándose lentamente desde los talones mientras varios nobles observaban horrorizados la escena.
Porque aquello confirmaba algo imposible.
El heredero de Elyndor había sido derrotado.
Y por una humana.
Liana seguía de pie junto a Aster mientras intentaba recuperar el aire después de todo lo ocurrido.
Tenía el vestido roto, el cabello completamente desordenado y manchas de sangre floral sobre las manos.
Sinceramente, parecía más peligrosa que elegante.
Y eso estaba asustando muchísimo a los nobles florales.
Aster permanecía a su lado con una expresión fría mientras varias raíces destruidas seguían esparcidas por el jardín. Una de sus alas continuaba dañada y parcialmente rota, pero incluso así nadie se atrevía a acercarse demasiado al Rey Mariposa.
No después de ver cómo prácticamente destruyó medio jardín central solo por tocar a Liana.
El silencio pesado terminó rompiéndose cuando uno de los sirvientes florales cayó de rodillas frente a ellos.
Temblando.
—Su majestad… por favor…
Aster lo observó sin emoción.
—Habla.
El hombre tragó saliva mirando brevemente el cuerpo de Seraphel.
Y luego confesó todo.
Cómo el príncipe había asesinado lentamente a los antiguos reyes cortando sus tallos reales.
Cómo llevaba años controlando Elyndor mediante miedo y experimentos.
Cómo obligó a varios nobles a guardar silencio mientras creaba venenos florales y soldados modificados usando raíces especiales.
Mientras el sirviente hablaba, el rostro de varios nobles empezó a cambiar lentamente.
Porque muchos sospechaban cosas horribles sobre Seraphel.
Pero jamás imaginaron hasta dónde había llegado.
Liana observó alrededor en silencio.
Por primera vez desde que llegaron, Elyndor daba más pena que miedo.
Porque incluso sus propios habitantes parecían aterrados del monstruo que habían tenido gobernando.
Uno de los nobles florales habló finalmente.
—¿Qué sucederá ahora con Elyndor…?
Todos miraron a Aster.
El rey permaneció quieto unos segundos antes de responder tranquilamente:
—El reino queda bajo mando de Noctis.
Varios nobles tensaron el cuerpo inmediatamente.
Pero nadie protestó.
Porque no tenían rey.
Ni ejército capaz de defenderse.
Ni estabilidad.
Y después de lo ocurrido…
Tampoco tenían autoridad para negociar demasiado.
Aster continuó hablando con la misma calma peligrosa.
—Hasta reorganizar Elyndor, el Reino Mariposa supervisará el territorio y eliminará cualquier resto de los experimentos de Seraphel.
Nadie discutió.
El Rey Mariposa acababa de salvarlos de una guerra interna todavía peor.
Liana soltó lentamente un pequeño suspiro mientras observaba el jardín destruido.
Y entonces algo llamó su atención.
Una pequeña rosa blanca creciendo entre los restos marchitos del suelo.
Intacta.
La joven caminó lentamente hasta ella ignorando las miradas confundidas de todos alrededor.
Luego se agachó cuidadosamente.
Aster la observó acercarse a la flor.
—¿Qué haces?
Liana tomó la pequeña rosa con delicadeza.
—Llévenla al palacio.
Varios nobles parpadearon confundidos.
Uno de ellos habló inmediatamente.
—¿…Una rosa blanca?
Ella asintió tranquilamente.
—Quiero que la planten en una maceta grande y la cuiden bien hasta que nos vayamos.
Aster levantó apenas una ceja.
—¿Para qué?
Liana lo miró como si la respuesta fuera obvia.
—Porque Elyndor necesita un gobernante de su propia especie.
Los nobles quedaron completamente quietos.
Y ella continuó hablando mientras observaba la pequeña flor entre sus manos.
—Seraphel fue criado mal desde el principio. Si este reino va a seguir existiendo, necesita alguien mejor.
Aster la observó en silencio.
Liana levantó apenas una ceja.
—¿Qué?
—Estás pensando como una verdadera reina.
Ella sonrió apenas.
—Aprendo lo que puedo.
Aquello terminó impactando más a los nobles que cualquier batalla.
Porque esperaban venganza.
Castigo.
Destrucción.
No compasión.
Mucho menos de la humana que casi había muerto por culpa de Elyndor.
Uno de los nobles florales bajó lentamente la cabeza.
Luego otro hizo lo mismo.
Y después varios más.
Liana notó aquello y se incomodó inmediatamente.
—Ok, no hagan eso que me da vergüenza.
Aster soltó una pequeña risa baja a su lado.
Y varios nobles quedaron todavía más sorprendidos.
Porque jamás habían visto al Rey Mariposa relajarse de esa manera frente a alguien.
Días después, cuando finalmente regresaron a Noctis, el reino entero ya conocía la historia.
La reina humana había salvado personalmente al rey.
Había derrotado al príncipe de las rosas. Y había protegido las alas del Rey Mariposa.
Las noticias prácticamente explotaron dentro del reino.
Cuando el carruaje real atravesó nuevamente las calles de Noctis, millones de mariposas luminosas llenaban el cielo mientras los habitantes observaban emocionados.
Liana miró aquello desde la ventana completamente confundida.
—¿Por qué me están viendo así?
Vael, que cabalgaba junto al carruaje, soltó una pequeña risa.
—Porque ahora das miedo.
Ella lo miró indignada.
—¡Eso no ayuda!
El hombre avispa sonrió apenas.
—Antes te veían como un problema. Ahora te ven como alguien capaz de proteger al rey.
Liana quedó callada unos segundos. Jamás imaginó escuchar algo así.
Aster, sentado junto a ella, tomó tranquilamente una de sus manos.
—Te lo ganaste.
Liana giró apenas la cabeza hacia él.
Luego miró nuevamente las enormes calles iluminadas de Noctis.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…
Sintió que realmente pertenecía ahí.
Mejor quedate calladita