¿Puede un corazón de hielo derretir una maldición de sangre?
Devil lo tenía todo: una belleza insultante, una estatura imponente de 1.87 m y unos ojos violetas que eran la perdición de cualquier mujer en la capital. Pero su arrogancia lo llevó a cruzar el jardín equivocado. Tras un desafortunado encuentro con una hechicera, el joven seductor despierta atrapado en el cuerpo de un gato negro. La condena es simple pero devastadora: no recuperará su humanidad hasta que alguien lo ame de verdad.
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capítulo 24
El Palacio de Ashford no era como la Mansión Blackwood. Aquí, los pasillos no olían a polvo y nostalgia, sino a incienso caro, cera de abejas y el poder latente de la magia del Duque. Para Devil, la transición de ser el "rey de la cocina" a un habitante de un palacio monumental estaba siendo un ejercicio de humildad forzada, sazonado con una dosis insoportable de realidad.
Las Lecciones de los Soberanos
Una tarde, mientras la nieve comenzaba a cubrir los jardines de cristal, el Duque y Suseth llamaron a Devil al gran salón. El Duque estaba sentado en su trono de obsidiana, con Suseth a su lado, luciendo un vestido de seda violeta que hacía juego con los ojos del gato.
—Escucha bien, Devil —dijo el Duque, entrelazando sus largos dedos pálidos—. Rose te ha perdonado a medias, pero tu posición es precaria. Estás en un palacio lleno de hombres jóvenes, apuestos y, sobre todo, humanos. Si quieres recuperar tu lugar y, eventualmente, tu piel, debes dejar de actuar como un animal herido.
Suseth se inclinó hacia delante, con su sonrisa de dagas.
—Un caballero, incluso en cuatro patas, no suplica, Devil. Domina. Si Rose ve que cualquier lacayo con un uniforme limpio puede hacerla reír más que tú, habrás perdido la partida. La caballerosidad no está en las manos que no tienes, sino en la intención de tus actos. Protege su honor, pero hazlo con la elegancia de un Ashford, no con los celos de un callejero.
—Y recuerda —añadió el Duque con una frialdad mística—, la magia que te envuelve se alimenta de tu voluntad. Si te rindes a tus instintos más bajos, te quedarás en esa piel para siempre.
La Guerra de las Libreas
Devil salió de la audiencia con la cabeza alta, decidido a seguir los consejos de sus "mentores". Pero al llegar a la zona de servicio, su resolución se hizo añicos.
El Palacio de Ashford contaba con un ejército de empleados. Entre ellos destacaba Julian, el jefe de lacayos, un hombre de unos veintitantos años, con un cabello rubio perfectamente peinado y una sonrisa que parecía tallada en mármol. Julian no perdía oportunidad para acercarse a Rose.
—Señorita Rose —decía Julian, bloqueando el paso de la criada en el pasillo con una galantería ensayada—, he traído estas flores de los invernaderos del ala este. Dicen que solo florecen para las mujeres que tienen el sol en la mirada.
Rose, que aún se sentía un poco abrumada por el tamaño del palacio, se sonrojaba y aceptaba las flores. Devil, observando desde una repisa alta, sentía que la sangre (o lo que fuera que corría por sus venas felinas) le hervía. Intentó recordar el consejo de Suseth: “Elegancia, no celos de callejero”.
Sin embargo, cuando vio que Julian intentaba ponerle una mano en la cintura a Rose para "ayudarla" a cargar una bandeja de plata, Devil no pudo más. No saltó a morderlo; eso sería vulgar. En su lugar, usó su cola para derribar un jarrón decorativo justo en el momento en que Julian se inclinaba. El estruendo hizo que el lacayo saltara del susto, tropezara con sus propios pies y terminara desparramado en el suelo, mientras las flores quedaban aplastadas bajo sus botas.
—¡Vaya, Julian! —dijo Rose, conteniendo una risa—. Parece que el palacio es más resbaladizo de lo que pensabas.
Devil le lanzó una mirada de triunfo al rubio, una mirada que Julian captó perfectamente. El lacayo frunció el ceño; había comprendido que el gato negro era su rival más encarnizado.
El Problema Mayor: El Despertar de la Calicó
Pero mientras Devil lidiaba con sus celos humanos hacia Julian y los demás empleados, un problema biológico y mucho más urgente comenzó a gestarse en las sombras del palacio.
Mimi había estado inusualmente silenciosa durante los últimos dos días. Sin embargo, esa tarde, cuando Devil regresó a la habitación que compartían cerca de la cocina, notó un cambio drástico. El aire estaba saturado de un aroma denso, dulce y embriagador que Devil no reconoció de inmediato, pero que hizo que sus instintos felinos despertaran con una violencia aterradora.
Mimi no estaba dormida. Estaba estirada sobre una alfombra, moviéndose con una languidez que Devil nunca le había visto. Emitía un maullido largo, agudo y vibrante, una nota que parecía taladrar el cerebro de Devil.
—¡Devil! ¡Mi rey! —maulló Mimi, arrastrándose hacia él con las pupilas completamente dilatadas, negras como pozos—. Te he estado esperando... ¿Por qué hueles a otros humanos? Ven aquí... hace mucho frío.
Devil sintió un escalofrío que le recorrió toda la columna. Su parte humana gritaba de horror, pero su cuerpo de gato respondía a las feromonas de Mimi con una intensidad incontrolable. Su corazón latía a mil por hora y sentía una urgencia primitiva de acercarse a ella, de responder a ese llamado ancestral que ignoraba la lógica, la caballerosidad y la decencia.
—¡Mimi, detente! —intentó maullar Devil, pero lo que salió fue un gemido ronco que lo asustó a él mismo.
Las feromonas de la calicó estaban nublando su juicio. Mimi se restregaba contra sus patas, ronroneando con la fuerza de una tormenta, rodeándolo con su cola y buscando su contacto con una desesperación que Devil encontraba fascinante y repulsiva al mismo tiempo.
“¡Soy un hombre! ¡Soy un aristócrata de la capital!”, se repetía Devil mentalmente, intentando aferrarse a la imagen de Rose o a los consejos del Duque. Pero el olor de Mimi era como una droga que atacaba directamente su sistema nervioso.
El Escape Desesperado
En un arranque de voluntad que le costó cada gramo de su energía, Devil saltó por la ventana abierta de la habitación hacia el jardín nevado. El frío extremo del invierno de Ashford golpeó sus sentidos, ayudándole a disipar un poco la niebla mental provocada por el celo de Mimi.
Se quedó allí, temblando en la nieve, mirando hacia la ventana donde Mimi seguía maullando rítmicamente, llamando a su compañero. Devil comprendió que este era el "último problema" del que el Duque no le había advertido: la lucha final entre su mente humana y los ciclos biológicos del cuerpo que habitaba.
—Si no salgo de esto pronto —susurró Devil para sí mismo, su voz perdiéndose en el viento gélido—, Mimi terminará por borrar lo último que queda de mi humanidad.
Desde el balcón superior, el Duque de Ashford observaba la escena, sosteniendo una copa de vino tinto. Sus ojos rojos brillaban en la oscuridad.
—Ah, la naturaleza —comentó el Duque a Suseth, quien se asomaba tras él—. Es el examen final para nuestro amigo. Si puede resistir al llamado de la sangre, estará listo para el siguiente paso. Si no... bueno, tendremos una camada de gatitos negros y calicós muy interesantes en primavera.
Suseth soltó una risa maliciosa.
—Pobre Devil. Entre los celos por Rose y el acoso de Mimi, no sé qué terminará por volverlo loco primero. Pero admito que es el entretenimiento más exquisito que hemos tenido desde la boda.
Devil, solo en la nieve, miró hacia la luna plateada. Sabía que no podía volver a esa habitación mientras Mimi estuviera en ese estado. Pero tampoco podía quedarse fuera para siempre. Tenía que encontrar a Rose, tenía que buscar un refugio donde su humanidad fuera protegida, o arriesgarse a perderse para siempre en el instinto de la bestia.
La forma en que transmites las emociones del personaje son tan reales y el crecimiento emocional que vemos en ellos WOW ¡¡Es fascinante!! La estructura de los acontecimiento, el orden con el que se desarrollan
...espero, deseo y agradezco que sigas compartiendo con nosotras historias tan magnificas como estas....🥰🤩😍