nunca hay que mentirse a uno mismo
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Las despedidas formales habían tenido lugar la noche anterior . Ninguno de los dos quería la humillación de un adiós público en el vestíbulo de un hotel o las lágrimas contenidas en la pista de despegue . Creían, ingenuamente, que adelantar el golpe haría que doliera menos . Habían pasado esas últimas horas en el penthouse con una intensidad casi desesperada, como si cada beso pudiera estirar el tiempo y cada caricia pudiera borrar el océano que pronto los separaría. Al amanecer, ella se había marchado en silencio, dejando la cama fría y la promesa de no mirar atrás.
Pero el autocontrol de Vincent Salvatore era una fortaleza de naipes que el viento de la realidad había derribado.
Por eso, esa tarde, el jefe de la mafia italiana se encontraba en el aeropuerto internacional de Florencia . Estaba allí de incógnito, con una gorra oscura, gafas de sol y el abrigo con el cuello alzado, camuflado entre la multitud de turistas y ejecutivos . Dante Marconi observaba desde unos metros atrás, manteniendo la distancia, sabiendo que su jefe necesitaba ese espacio para romperse en secreto . Vincent se apostó cerca de un ventanal del segundo piso, desde donde tenía una vista perfecta del mostrador de la aerolínea y, más allá, de las puertas de la zona de abordaje.
La encontró de inmediato. Carmín destacaba sin esfuerzo entre el mar de gente común. Llevaba unos pantalones cómodos para el vuelo y una chaqueta de mezclilla que abrazaba sus famosas curvas . A su lado, Nina caminaba a paso veloz, cargando las maletas de mano y gesticulando mientras hablaba por teléfono, probablemente coordinando su llegada.
Vincent apretó los dientes, sintiendo un nudo asfixiante en la garganta. Verla moverse, verla reír débilmente ante un comentario de Nina, era una tortura voluntaria. Estaba a solo unos cientos de metros de distancia. Podía bajar las escaleras, ordenar a sus hombres que detuvieran el control de seguridad y arrastrarla de vuelta a su vida de sombras. Podía ser el monstruo que Dante le había sugerido ser . Pero se quedó inmóvil, recordando que el amor, a veces, es el acto de cobardía más noble: dejar ir para no manchar la pureza del otro .
Vio a Carmín entregar su pasaporte. Vio cómo la empleada de la aerolínea le devolvía el pase de abordar con una sonrisa . Y justo antes de cruzar la línea del detector de metales, Carmín se detuvo en seco. Giró sobre sus talones y barrió la terminal con la mirada, como si su instinto mexicano le soplara al oído que los ojos del italiano la estaban escoltando. Vincent contuvo la respiración tras sus gafas oscuras . Por un segundo eterno, las miradas de ambos parecieron cruzarse en la distancia. Carmín no lo vio, pero suspiró, acomodó el bolso en su hombro y cruzó la puerta de embarque, desapareciendo de su vida.
Vincent se dio la vuelta de inmediato. El aire del aeropuerto le pareció de pronto insoportable. Regresó al auto en silencio, ignorando la mirada compasiva de Dante. Durante todo el trayecto de vuelta a la mansión, el capo no articuló una sola palabra. El silencio en el vehículo era pesado, fúnebre.
Al llegar a su despacho, Vincent se quitó el abrigo con brusquedad y lo arrojó sobre el sofá de cuero . Fue entonces cuando un crujido de papel llamó su atención. En el bolsillo interior del saco, justo al lado del lugar donde guardaba su arma de fuego, había un trozo de papel cuidadosamente doblado. Un papel que desprendía un sutil, pero inconfundible aroma a vainilla.
Carmín se lo había dejado allí la última noche, en un descuido de su vigilancia, mientras él dormía con la guardia baja tras la faena .
Con las manos temblorosas por primera vez en su vida adulta, Vincent desdobló la nota. La caligrafía de Carmín era firme, elegante y llena de esa personalidad arrolladora que lo había conquistado:
"Se quién eres, Vincent. O al menos, sé que no eres un simple empresario que vende propiedades en la Toscana. Vi las miradas de los hombres en el club, vi el respeto que te tienen y vi la cicatriz en tu sien que no se hace en una oficina . En mi mundo, los hombres como tú no existen. Pero en este mes, no me importó.
Gracias por no hacerme preguntas. Gracias por adorar mis curvas cuando alguien más me hizo sentir que no cabía en el mundo . Gracias por sonrojar te con mis piropos y por aguantar un piano en la cama . Me voy con el corazón curado y con el recuerdo de un italiano que me devolvió la vida.
No me busques, bombón. Déjame quedarme con el recuerdo del hombre que intentaste ser para mí . Cumplí el trato: fue solo placer, pero qué rico placer. Adiós, mi Salvatore."
Vincent apretó la nota contra su pecho, cerrando los ojos mientras una lágrima solitaria corría por su mejilla, perdiéndose en la barba de tres días. Ella lo sabía. Lo había sabido siempre y, aun así, lo había elegido para quemarse a su lado El jefe de la mafia sonrió con amargura, comprendiendo que el ángel con curvas no solo se había llevado su cordura, sino que le había dejado el regalo más peligroso de todos: la esperanza de que, en alguna otra vida, él pudiera ser el hombre que ella merecía tener.
no se vale