⚠️ADVERTENCIA DE CONTENIDO⚠️ Está novela cuenta con acoso severo, violencia física y emocional...
Un amor de la infancia destruido por el control despiadado de mi hermano. Mi amado Adán no solo perdió nuestros preciados recuerdos esa noche, también perdió la sensibilidad de sus piernas gracias a una persona desquiciada. Con la culpa creciendo dentro de mí desde niña me puse un propósito en mente. Esta vez yo lo cuidaré, lo protegeré, me convertiré en su esposa y cumpliré nuestras promesas olvidadas. Aunque su desconfianza me destroce el corazón, aunque su indiferencia me desgarre el alma, me quedare a su lado. Romperé esta jaula que me mantiene encerrada y volare tan alto que ya nadie más me podrá volver a enjaular.
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No me rendiré.
Camila se apresura a ayudarme, sus manos superándome con fuerza hasta que logró recuperar la estabilidad.
— ¿Estás bien? Que grosera resultó ser esa mujer.
— Estoy bien, gracias. Ella cree que me odia porque no logró casarse con mi hermano, pero en realidad nunca existió esa oportunidad.
— Hablando de eso —dice Camila, con un brillo en los ojos— Tenemos que organizar una cena para que nuestras familias se conozcan y así organizar la boda.
Oh no. Ese es lo último que puede pasar. Si Robinson sabe de esto, me matará.
— Mis padres casi nunca vienen al país —digo, buscando las palabras con prisa— Todas sus empresas son extranjeras, y mi hermano está muy ocupado en este momento.
— ¿Cómo se te ocurre casarte sin nadie de tu familia presente? —pregunta Camila, frunciendo el ceño— Además, hay que hablar de cosas importantes, arreglar todo.
— Voy a intentar ver si alguien puede asistir a la cena —susurro, con el corazón latiéndome a mil por hora.
Genial. No pensé muy bien este asunto. Creí que esta mujer quedaría satisfecha con saber que soy dueña de mi propio negocio, que entendería que no tengo nada que ver con mi familia. ¿Qué hago ahora? Mamá y papá no vendrán, nunca lo hacen, y Robinson... Lo mejor que nos puede pasar es no volver a verlo. Tampoco puedo alquilar una familia estas personas conocen los rostros de todos ellos. Maldición. Tengo que encontrar una solución rápida.
Mientras busco mi bolso, veo a Adán todavía leyendo su libro. Ya no aguanto más las ganas de acercarme a él.
— ¿Es muy interesante? —pregunto, con la voz más suave que puedo poner.
Adán no levanta la mirada, pero una voz suave y a la vez aguda me sorprende. Llevaba tantos años sin escucharla que no me puedo creer que sea la misma que guardo en mi memoria.
— Al menos es más interesante que lo que pasa aquí.
— ¿No quieres casarte, verdad? —susurro, sin pensar.
— ¿Tú sí quieres hacerlo?
— Sí quiero hacerlo —respondo, con toda la emoción que llevaba dentro— No veo la hora de por fin ser tu esposa.
Sus manos aprietan con fuerza el libro, hasta que sus nudillos se ponen blancos. Creo que fui demasiado entusiasta.
— Espera, no me malinterprete — respondo rapido — No es por lo que piensas.
— ¿Qué es lo que pienso, según tú?
— Que soy una aprovechada que busca ventaja. Porque te aseguro que no es así. No sé si recuerdas la fiesta de años atrás, pero en esa ocasión yo sí te vi, y desde entonces sabía que quería estar a tu lado, Adán.
— Escúchame bien —dice, finalmente levantando la mirada. Sus ojos me miran con frialdad— No me importa lo que estés buscando con este matrimonio, siempre y cuando no me molestes y te mantengas alejada de mí. Todo estará bien. No creas que porque mi mamá lo permitió, yo no voy a divorciarme en el futuro.
— Lo entiendo —susurro, y las palabras me duelen como puñaladas. Pero ¿como culparlo? Adán ya no confía en nadie.
Me doy la vuelta lista para irme, pero antes le doy una sonrisa, una sonrisa que cuesta mucho esfuerzo mantener.
— No puedo prometer nada... Porque no puedo rendirme cuando se trata de ti.
Me alejo a pasos lentos y dolorosos, dejando su silueta atrás.
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Esta chica de verdad no piensa retroceder. Pero esa determinación no le durará mucho, más cuando tenga que vivir al lado de alguien como yo. En la primera oportunidad saldrá corriendo, como todos siempre lo hacen.
— Me quiero ir a casa — ordeno, cerrando el libro con fuerza.
— Ahora mismo, joven —responde mi ayudante, acercándose a mi.
Alondra Muscari... Recuerdo perfectamente la fiesta de la que hablas. ¿Cómo no notarte si estabas luciendo ese vestido azul que te hacía resaltar de entre la multitud? Pero a pesar de eso, hay algo que me molesta mucho.
— Es bonita, no crees, Adán —pregunta mamá, mirando el jardín.
— Si te digo que no, de todas formas seguirás con tu circo, madre —respondo, con desdén.
— Yo solo quiero que vivas una vida normal, que tengas a alguien con quien pasar tus días.
— No soy normal, por si todavía no lo notas —grito, y el dolor en mi voz es palpable.
— No digas eso —susurra ella— Le he dado un voto de confianza porque la viste. Por primera vez alzaste la mirada a alguien. Así que sé que al menos algo en ella te llama la atención.
¿Porque alce la mirada en ese momento?... Es algo que ni yo mismo sé. Pero su voz tan segura me llamó la atención. Lo peor es que mamá lo notó, y ahora no tengo escapatoria de lo que sucederá a continuación.