Voran, un ser de inmortalidad y fuerza inconmensurable, ha evitado el amor por siglos, temiendo que su inmenso poder destruya todo lo frágil y bello.
Él,un vampiro milenario forjado en la soledad y el poder, creía que su corazón estaba tan frío como las montañas que lo ocultaban. Hasta que sus ojos cayeron sobre Ginia, una joven humana cuya pureza y bondad eran un bálsamo en su oscura existencia.
Él la observa desde las sombras, temiendo que su propia naturaleza la destruya, pero incapaz de mantenerse alejado.... Una tormenta los une en un encuentro predestinado, un vínculo inquebrantable comienza a forjarse. Pero el amor entre la luz y la oscuridad tiene un precio, y la intimidad puede ser un acto tan peligroso como la guerra. El miedo a dañarla se cierne sobre cada roce,cada mirada, cada anhelo de intimidad¿Podrá Voran superar su miedo a dañar a la mujer que ha despertado su alma? Cuando lo imposible suceda, ¿podrá Ginia soportar el peso de un amor que desafía la vida y la muerte!?
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ENTRE EL DESEO Y EL MIEDO
En cuanto Bastian desapareció, Voran salió de entre los árboles de al lado. Había escuchado todo, y se acercó despacio, con esa mezcla de tristeza y alivio que siempre lo acompañaba cuando estaba con ella. En cuanto Ginia lo vio, sintió que todo el enojo se le iba de golpe, reemplazado por esas ganas inmensas de correr a sus brazos y no soltarlo nunca más.
Él se paró frente a ella, tan cerca que podían sentir el calor del otro, y la miró con esos ojos oscuros que a ella la desarmaban por completo.
—Escuché todo… —le dijo él bajito, con la voz ronca de la emoción—. Me duele saber que las puso en peligro, me duele saber que sufrieron por culpa de todo esto. Pero me alegra el alma que hayan visto quién es él de verdad. Gracias por confiar en mí, mi vida. Más que nada en el mundo, gracias.
Ginia no pudo aguantarse más y le agarró las manos, apretándoselas fuerte contra su pecho, sintiendo cómo su piel le quemaba de una forma deliciosa.
—No tenés que agradecerme nada —le contestó ella, mirándolo fijo a los ojos, con todo el deseo que le tenía—. Yo sé quién sos vos. Sé lo que sos capaz de hacer por mí. Y cada día que pasa, te quiero más, Voran. Te deseo más. Y me canso de tener que contenerme, de tener que esperar… en mis sueños sos mío, ahí no hay miedos ni barreras, ahí nos amamos hasta no poder más. ¿Por qué en la vida real tiene que ser tan difícil?
Voran cerró los ojos un segundo, tragando duro, porque escucharla decir esas cosas era lo que más le gustaba y a la vez lo que más le costaba aguantar. Le acarició la cara despacio, rozando sus labios con el dedo, con una ternura infinita, pero con una pasión que se le notaba en cada movimiento.
—Amor mío… —le susurró, acercando su boca tanto que casi la tocaba—. ¿Sabés lo que me cuesta a mí? ¿Sabés cómo me quemás por dentro cada vez que te tengo cerca? Cada vez que te veo, tengo que hacer un esfuerzo tan grande que me duele el alma entera, para no tomarte y besarte hasta dejarte sin aire, para no hacerte mía como lo deseo con cada parte de mi ser. Te deseo más que a mi propia vida, Ginia. Pero te amo tanto, tanto… que tengo que cuidarte hasta de mí mismo. Mi fuerza es inmensa, y si me dejo llevar, si pierdo el control un solo segundo… podría lastimarte sin querer, y eso sería el fin de todo para mí.
Ginia se paró de puntitas y le rozó los labios con los suyos, apenas un roce, pero que hizo que los dos temblaran enteros.
—No me importa nada de eso —le dijo ella, suplicante, mirándolo con ojos brillantes de amor y deseo—. Confío en vos más que en nadie. Sé que me amás, sé que me cuidás. Y lo que sentimos es más fuerte que cualquier fuerza, más fuerte que cualquier peligro. ¿No te das cuenta? El vínculo que tenemos nos une el alma… nada malo puede pasar si estamos juntos.
Voran la abrazó de golpe, apretándola contra su cuerpo con fuerza, escondiendo la cara en su cuello, respirando su olor, disfrutando ese contacto que tanto necesitaba. Ella le pasó los brazos por el cuello y se pegó más a él, sintiendo cada parte de su cuerpo contra el suyo, sintiendo cómo el corazón le latía desbocado.
—Te amo… te amo tanto… —repetía él en su oído, con voz rota—. Haría cualquier cosa por vos. Y tenés razón, todo esto que está haciendo Bastian nos está demostrando que nada puede contra lo nuestro. Él cree que puede separarnos, cree que puede tenerte… pero no sabe que vos ya sos mía. Que desde antes de que naciéramos, ya éramos uno solo.
Se separó un poquito solo para mirarla a los ojos, y le acarició la boca con el pulgar, con una mirada llena de promesas.
—Llegará el momento, mi amor. Te lo juro. Y cuando ese momento llegue, no voy a contenerme más. Te voy a dar todo lo que soñás, todo lo que te merecés. Y vamos a ser tan fuertes juntos, que ni él ni nadie en el mundo va a poder tocarnos. Y vamos a terminar con todo esto de una vez, para que podamos ser felices, para que podamos amarnos sin miedos, sin peligros, tal como lo merecemos.
Ginia sonrió, feliz, y volvió a pegarse a él, sabiendo que, aunque todavía faltaba camino y peligros, lo que tenían era más fuerte que todo. Y sabía también, en lo más profundo de su ser, que cada día que pasaba, estaban más cerca de ese momento en que por fin serían totalmente suyos, sin que nada ni nadie pudiera separarlos jamas.
Después de que se fue Bastian, el ambiente entre Ginia y Voran se volvió más intenso que nunca. Estaban parados ahí, cerca el uno del otro, y no había palabras que alcanzaran para decir todo lo que sentían. Lo que acababa de pasar les había demostrado una vez más que lo que tenían era mucho más grande que cualquier peligro, que cualquier trampa o mentira que quisieran ponerles por delante.
Ginia lo miraba, y cada vez que lo hacía, sentía que el corazón se le salía del pecho. Todavía le ardía un poco la rabia por lo que les había hecho ese hombre, pero esa rabia se mezclaba con unas ganas inmensas de estar con él, de decirle todo lo que le tenía guardado, de que por fin supiera hasta dónde llegaba su amor.
—Voran… —le dijo ella, bajito, con la voz suave pero firme—. Lo que él hace, lo que él dice… todo es mentira. Lo único que es verdad es lo que sentimos nosotros. ¿Vos lo sentís también? ¿Sentís que estamos ligados, que no hay nada que nos pueda separar?
Él la miró a los ojos, y en su mirada se reflejaba todo lo que él sentía: amor, deseo, lealtad y una seguridad tan grande que a Ginia le daba paz solo con verlo. Se acercó un poquito más, lo justo para que ella sintiera el calor de su cuerpo, y le tomó la cara entre sus manos, con mucha ternura pero a la vez con una fuerza que la hacía sentir protegida como nunca.
—¿Cómo no lo voy a sentir, amor mío? —le respondió él, con esa voz grave que le sonaba tan bien al oído—. Vos sos mi vida, sos mi todo. Desde que te conocí, todo cambió. Antes yo caminaba solo, sin saber por qué estaba acá, sin tener nada que me importara de verdad. Y apareciste vos, y de golpe supe que tenía un motivo para estar en este mundo, supe que tenía algo que cuidar, algo que amar más que a nada. Nada, ni nadie, va a poder separarnos. Ni él, ni nadie en este universo. Porque lo que tenemos no es solo algo que se hace con las manos o con los sentimientos… es algo que viene de muy lejos, de antes de que existiéramos. Estamos hechos el uno para el otro, Ginia. Y eso no se rompe nunca.
Ella sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas de felicidad, y se acercó más todavía, hasta que sus frentes se tocaron.
—Yo también lo siento así —le dijo, casi en un susurro—. Yo te busqué toda mi vida, sin saberlo. Y ahora que te encontré, no quiero soltarte nunca. Me da tanta rabia tener que esperar, me da tanta rabia que haya barreras entre nosotros… pero me da más fuerza saber que lo que sentimos es más fuerte que todo.
Voran cerró los ojos un segundo, luchando contra ese deseo que lo quemaba por dentro, porque cada vez que ella estaba así, tan cerca, tan suya, le costaba un mundo no hacer lo que su corazón le pedía. Le rozó los labios con los suyos, apenas un roce, y ella sintió que todo su cuerpo se le ponía de punta.
—Lo sé, mi vida… lo sé —le susurró él, con la voz rota—. Y yo también lo siento. Cada día que pasa, te deseo más. Cada vez que te toco, que te miro, que te escucho hablar… siento que me muero por tenerte totalmente mía. Pero te juro que cada esfuerzo que hago, cada vez que me controlo, lo hago por vos. Porque quiero que todo sea perfecto para cuando llegue ese momento. Quiero que sea algo que recordemos por siempre, algo que sea tan hermoso como lo que sentimos.
En ese momento, Linda se acercó a ellos, sonriendo, y rompió un poquito esa tensión que los envolvía.
—Bueno, bueno… ya se están mirando como si nadie más existiera —dijo ella riendo—. Pero tienen razón, lo que tienen es muy fuerte. Y van a ver que Bastian no va a poder con nada de esto. Ahora lo que tenemos que hacer es estar alerta, porque seguro que va a intentar algo más para separarlos.
Voran asintió, pero sin quitarle la vista de encima a Ginia.
—Tenés razón, Linda —dijo él—. Y por eso vamos a estar más cuidados que nunca. Pero también vamos a estar más unidos que nunca. Y quien quiera hacernos daño, va a ver que se equivocó de camino.
Ginia sonrió, y tomó la mano de Voran, entrelazando sus dedos con los de él, sintiendo que nada malo podía pasarles mientras estuvieran juntos. Sabía que todavía habría peligros, que todavía tendrían que pasar cosas difíciles, pero ahora sentía que podía con todo, porque sabía que él estaba ahí, y que lo que tenían era más grande que cualquier obstáculo.