Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la
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Capítulo 14: El Acuerdo de Paz
Después de la reunión en el salón de artes, el grupo bajó las escaleras en silencio. La lluvia había parado, dejando un olor a tierra mojada que llenaba los pasillos de la Escuela Normal. Valeria sentía que el peso en sus hombros era menor; tener a sus amigos originales con ella cambiaba toda la ecuación.
—Escuchen —dijo Julián, deteniéndose antes de llegar al patio central—, no podemos pasar el festival deportivo peleando. Si seguimos así, nos vamos a perder lo mejor de nuestro último año.
Valeria lo miró, sorprendida por su tono.
—¿Qué sugieres, Julián? Elena y Lucas no van a dejar de molestarnos solo porque se lo pidamos.
—No se lo pediremos —intervino Valkra, que caminaba detrás de ellos con las manos en los bolsillos—. Yo hablé con el tío de Lucas hace un rato. Le recordé que un festival tranquilo es mejor para todos. El fraude ya está en manos de quien debe estar, ahora que la justicia haga su parte. Nosotros... nosotros solo somos estudiantes.
Valeria suspiró aliviada. Por primera vez en semanas, no había una misión secreta ni un dato que ocultar.
—¡Eso significa que puedo usar mis técnicas secretas de atletismo sin miedo a que me saboteen las zapatillas! —exclamó El Chino, haciendo un movimiento de calentamiento exagerado que casi golpea a Daniel.
Daniel soltó una risita nerviosa, acomodándose los lentes.
—Y yo podré tomar los tiempos sin que me tiemble la mano, Chino. Aunque, siendo honesto, con tu velocidad, igual voy a necesitar un calendario en vez de un cronómetro.
—¡Oye! Eso dolió, Daniel —respondió El Chino, fingiendo estar ofendido mientras Sofía grababa la escena con su cámara, riendo.
Caminaron hacia la cafetería, donde la atmósfera había cambiado drásticamente. Camila y Lucas estaban en su mesa de siempre, pero ya no tenían esa mirada de "dueños del mundo". Elena estaba sentada con ellos, pero cuando sus ojos se cruzaron con los de Julián, ya no hubo odio, solo una profunda melancolía. Ella asintió levemente hacia Valeria, un gesto silencioso de tregua.
—Parece que el mensaje llegó —susurró Sofía—. Mañana el festival deportivo será lo que debe ser: una competencia de quién corre más rápido y quién mete más goles, no de quién tiene más poder.
Se sentaron todos juntos en una mesa larga. Valeria sacó su cuaderno, pero no para anotar fórmulas de química, sino para organizar las apuestas de quién ganaría el torneo de ajedrez (donde todos apostaban por Julián) y quién llegaría de último en la carrera de relevos (donde todos, incluido el propio Chino, apostaban por El Chino).
Julián se sentó al lado de Valeria. Sus brazos se rozaron por un instante, y ella sintió esa chispa que nada tenía que ver con la ciencia.
—¿Estás lista para divertirte un poco, Val? —le preguntó él con una sonrisa que la hizo olvidar todos sus informes.
—Creo que sí —respondió ella, cerrando el cuaderno—. Creo que es hora de ser una estudiante normal por una vez.
Valkra se despidió con un gesto, alejándose hacia la salida. Su trabajo como "escudo" había terminado por ahora. Mateo llegó poco después, todavía con el uniforme de entrenamiento, y se unió a la risa general cuando El Chino empezó a explicar su teoría de por qué los carbohidratos de la pizza de la cafetería le darían "superpoderes" al día siguiente.
El Capítulo 14 terminaba con el sol saliendo entre las nubes, iluminando la escuela. Los problemas graves se habían disipado, dejando el escenario listo para los gritos de la grada, los nervios de los atletas y, sobre todo, para que el amor empezara a ganar sus propios partidos. A partir de mañana, la única estrategia sería conquistar el corazón del otro.