✅️🔞Zane amó a Noah en silencio durante una década, protegiéndolo desde las sombras con una devoción obsesiva. Cuando el pasado regresa encarnado en Jessica, Zane decide romper todas las reglas. Entre las paredes de un estrecho monoambiente, la amistad se transforma en un deseo eléctrico que cambiará sus destinos para siempre.🔞✅️
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Otra ruptura
La etapa de la preparatoria trajo consigo un cambio drástico en el ecosistema del grupo. El cuarteto —Zane, Noah, Luke y Mauro— ya no eran solo los chicos altos del equipo de baloncesto; ahora eran el centro de atención de media escuela. Especialmente Noah. Con su piel morena, su amabilidad natural y esos hoyuelos que aparecían cada vez que ayudaba a alguien con la tarea, se había convertido en el objetivo de muchas chicas.
Noah, sin embargo, vivía en una burbuja. Seguía aferrado a los mensajes cortos y esporádicos que recibía de Jessica. Ella le contaba, con un inglés todavía tropezado, lo difícil que era estudiar en el extranjero y cómo pasaba noches enteras frente a los libros. Noah la esperaba, fiel y esperanzado, sin darse cuenta de que a su alrededor había un ejército de admiradoras.
Y luego estaba Zane. Zane Handrix, con su mirada azul acero y su metro ochenta y cinco de estatura, se había convertido en un guardián silencioso. No permitía que nadie perturbara la paz de Noah.
Una tarde, después del entrenamiento, Zane se quedó rezagado guardando los balones mientras Noah se adelantaba a las duchas con Luke y Mauro. Al salir del gimnasio, una chica llamada Ariana lo interceptó. Ariana era popular, bonita y tenía una determinación que a Zane le puso los pelos de punta de inmediato.
—¡Zane! Qué bueno que te encuentro solo —dijo ella, extendiendo un sobre de color rosa pastel que olía a perfume dulce.
Zane arqueó una ceja, sintiendo un nudo de irritación en el estómago.
—¿Qué es eso?
—Es para Noah —respondió Ariana con un brillo en los ojos—. Es una carta... y bueno, algo más. Como eres su mejor amigo, pensé que podrías dársela en un momento privado. Sé que él todavía piensa en esa chica que se fue, pero quiero que sepa que yo estoy aquí.
Zane miró el sobre rosa. En su mente, visualizó el sobre rompiéndose en mil pedazos y volando por el aire como confeti. La sola idea de que Noah leyera palabras de amor de otra persona, de que otra chica intentara ocupar el lugar en su corazón, le provocaba una náusea física.
"No puedes dársela", pensó Zane. "Noah se distraerá, dejará de estudiar, o peor... podría gustarle".
Se quedó mirando a Ariana. Ella era exactamente el tipo de chica que le gustaría a cualquiera. Y entonces, una idea retorcida y desesperada cruzó su mente como un rayo. Si él salía con ella, ella dejaría de buscar a Noah. Si él mantenía ocupadas a todas las chicas que miraban a su amigo, Noah seguiría siendo solo suyo, sin distracciones.
Zane bajó la mano que iba a tomar el sobre y, en su lugar, miró a Ariana con una intensidad que la hizo retroceder un paso.
—Ariana —dijo él, bajando el tono de voz para que sonara más profundo—. No creo que deba darle esto a Noah.
—¿Por qué no? —preguntó ella, confundida.
—Porque... —Zane tragó saliva, sintiendo que cometía una locura—, porque la verdad es que yo siempre he estado interesado en ti. Ver que le escribes a él... me duele un poco. ¿Por qué no me das una oportunidad a mí en vez de a Noah?
Ariana abrió los ojos de par en par. Sus mejillas se tiñeron de rojo al instante. Zane Handrix, el chico más codiciado de la escuela, le estaba pidiendo una oportunidad. El sobre rosa pareció perder toda su importancia en un segundo.
—¿En serio, Zane? ¿Tú... por mí? —tartamudeó ella.
—En serio —mintió él con una sonrisa perfecta que no sentía—. Olvida a Noah. Sal conmigo.
Ariana guardó el sobre en su mochila tan rápido que casi lo dobla.
—¡Sí! ¡Claro que sí, Zane!
Esa misma tarde, Zane acompañó a Ariana a su casa. Mientras caminaba a su lado, escuchándola hablar sobre cosas que no le interesaban, Zane sintió un vacío inmenso. Noah lo llamó tres veces, pero Zane no contestó. Tenía que cumplir con su "misión".
La relación con Ariana fue un desastre desde el primer día. Zane no quería besarla, no quería tomar su mano y, sobre todo, no soportaba cuando ella mencionaba lo tierno que era Noah.
—Tu amigo Noah es tan dulce, ¿viste cómo ayudó a esa señora hoy? —decía Ariana mientras merendaban en una cafetería.
Zane apretaba el vaso de plástico con fuerza.
—Sí, es un buen chico. Pero no hablemos de él, estamos en una cita, ¿no?
A las tres semanas, Ariana terminó con él.
—Eres muy guapo, Zane, pero siento que estás en otro planeta cuando estás conmigo —le dijo ella un poco decepcionada—. Siempre estás mirando hacia donde está Noah. Es raro.
Zane no se sintió triste. Se sintió liberado. Pero esa noche, acostado en su cama, la verdad le golpeó la cara como un camión a toda velocidad.
Se dio cuenta de que no había salido con Ariana porque ella le gustara. No había salido con ella por "protección" a la amistad. Había salido con ella por puro y físico egoísmo. Había usado a una persona solo para que no tocaran lo que él consideraba suyo.
—No es amistad —susurró Zane a la oscuridad de su habitación—. No soy su hermano.
Se llevó las manos a la cara, sintiendo el calor de la vergüenza y el descubrimiento. El corazón le latía con fuerza, el mismo salto que sintió en primer año cuando vio los hoyuelos de Noah por primera vez. No era un instinto protector de "mejor amigo". Era amor. Un amor posesivo, profundo y aterrador que lo consumía por completo.
Estaba enamorado de su mejor inseparable amigo. Estaba enamorado de Noah Brooks, el chico que todavía suspiraba por una novia que vivía a miles de kilómetros.
—Estoy en problemas —pensó Zane, cerrando los ojos con fuerza—. Estoy en un problema gigante.
A partir de ahí, el patrón se repitió. Cada vez que una chica se acercaba a Noah con intenciones románticas, Zane desplegaba sus encantos. Salía con una, luego con otra. Se ganó la fama de "rompecorazones" que cambiaba de novia cada mes, pero nadie sabía que cada una de esas citas era un sacrificio para mantener el mundo de Noah intacto.
Noah, por su parte, solo veía a su mejor amigo siendo el chico más popular del mundo.
—Vaya, Zane, otra ruptura —le dijo Noah un día en el vestidor, dándole un empujoncito en el hombro—. Algún día vas a encontrar a la indicada y vas a sentar cabeza, como yo con Jessica.
Zane lo miró, viendo cómo el sudor perlaba la frente morena de Noah y cómo su sonrisa brillaba bajo las luces fluorescentes.
—Sí, Noah —respondió Zane con una tristeza que Noah no supo leer—. Algún día.