VOLVER A AMAR - TEMPORADA II
Ella creció creyendo que el amor era resistencia, ceder un poco más, esperar que las cosas mejoren. Durante años sostuvo una relación que hacia afuera parecía perfecta, pero puertas adentro la hacía dudar de sí misma. Él era encantador con el mundo y tormentoso en privado. Y ella, paciente, probablemente demasiado paciente.
Hasta que una noche, en medio de una cena donde entendió que nadie iba a defenderla, ni siquiera ella misma, respiró hondo y tomó la decisión más difícil y necesaria de su vida: irse.
Se fue con una maleta, con miedo, con incertidumbre, pero también con una extraña sensación de alivio.
Lo que no sabía era que marcharse no era el final, sino el comienzo. Que después de una relación que la apagó, podía existir un amor distinto, uno más sano, más ligero, uno donde no tuviera que disminuirse para quedarse.
Porque a veces perder una historia es la única manera de encontrarse con la que realmente está destinada a vivirse.
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CAPÍTULO 14
Esa misma noche le pedí a Leonardo hablar en mi departamento, pero antes de que pudiera decirle algo, él me tenía preparada una revelación peligrosa. Todas las piezas se estaban juntando, y me pregunté si acaso yo no hubiese llegado a la vida de Leonardo, nada de esto estaría sucediendo.
Nunca lo había visto tan serio. Su mirada no vagaba, estaba fija en mí como si estuviera a punto de soltar una verdad que podía cambiarlo todo. Cerró la carpeta que traía en la mano y la dejó sobre la mesa de mi sala, con un peso que no era solo de papeles. Era el peso de una historia enterrada por demasiado tiempo.
—Sabes que contraté a un investigador privado— me dijo al final, con esa calma engañosa que solo usaba cuando por dentro estaba hecho un torbellino.
El aire se espesó entre nosotros. Sentí un cosquilleo frío recorrerme la espalda, un presentimiento incómodo. Lo primero que pensé fue en Octavio, en aquel encuentro empresarial que me había dejado la sensación de que su aparición no era casualidad.
—¿Y qué encontraste?— pregunté, tratando de sonar firme, aunque mis manos se apretaban en mi regazo.
Leonardo suspiró, se pasó una mano por el cabello y me sostuvo la mirada con una mezcla de rabia contenida y dolor.
—No es sobre ti, Samantha. Es sobre mi familia. Sobre Emiliano— dijo Leonardo, y su voz se quebró apenas en la última palabra.
El nombre me golpeó en el pecho. Emiliano, su sobrino. Ese niño al que siempre había visto como la prueba de valentía de su hermana al decidir criarlo sola, sin dar explicaciones, con la frente en alto y gran amor en el corazón.
—El investigador descubrió quién es el padre— continuó Leonardo, y esta vez sí dudó antes de soltar la verdad. —Todo apunta a Octavio.
Tuve que sentarme. Octavio. El mismo que había reaparecido en mi vida después de varios años como si el tiempo no importara, el mismo que parecía interceptar mis pasos en cada espacio donde yo avanzaba. Ahora ese hombre estaba ligado a la sangre de Leonardo, a la inocencia de Emiliano.
Leonardo se inclinó hacia mí, como temiendo más mi reacción que la suya.
—Samantha, no sé qué pretende Octavio acercándose a ti justo ahora, pero no puedo dejar de pensar que todo está conectado. Y necesito que lo sepas antes de dar el siguiente paso— manifestó Leonardo.
El corazón me latía tan fuerte que casi me dolía. Por primera vez entendí que lo que estaba en juego no era solo nuestro noviazgo, sino el pasado que podía destruir la confianza de toda una familia.
Tomé aire, lo más lento que pude. Tenía que decirlo.
—Me crucé con Octavio en el evento— le confesé. —Dijo que "va a recuperar a su hijo" y, por descuido, dejó caer lo importante "y el dinero que su madre le dejó" Estoy segura que lo único que quiere es el dinero, es su único y verdadero interés.
Los ojos de Leonardo se entrecerraron.
—También mencionó que lo invitó Ricardo. Trabaja con la empresa de los padres de Alejandra. Y Alejandra estaba allí, mirándome como si todo fuera parte de un plan. Estoy segura de que no fue casual— dije sin poder dejar de mirarlo y perderme en sus ojos, yo ya lo amaba, aunque no lo dijera en voz alta.
Leonardo no me interrumpió. Solo apretó la mandíbula, el músculo tensándose como si luchara contra la necesidad de gritar.
—Bien. Gracias por decírmelo así, sin filtro— dijo finalmente, con un tono que era más resolución que alivio. —Eso nos da algo concreto, una motivación económica y una conexión con Ricardo Del Pino y con Alejandra.
Un silencio pesado nos envolvió. Ambos sabíamos que esa noche habíamos cruzado un punto de no retorno.
Leonardo se puso de pie, comenzó a caminar de un lado al otro de mi sala, como un león enjaulado. Yo lo miraba en silencio, esperando, porque sabía que estaba tomando una decisión.
—Octavio no puede ganar terreno— dijo finalmente, volviéndose hacia mí. —Si lo dejamos, va a usar a Emiliano como un peón. Y eso no se lo permito.
Su voz tenía un filo que rara vez le había escuchado.
—¿Qué piensas hacer?— pregunté, consciente de que lo que decidiera marcaría el rumbo de todo.
—Emiliano es el único heredero de su madre— explicó Leonardo, y noté cómo se le endurecía la mirada. —Eso lo convierte en un blanco fácil para Octavio y para cualquiera que quiera meter mano en lo que no le corresponde. Pero no van a tocar ni un centavo de lo que le pertenece, ni a él.
Me recorrió un escalofrío. No era solo el dinero, era la sensación de que Emiliano estaba en el centro de un tablero donde todos los movimientos eran peligrosos.
—Primero, voy a reforzar aún más la seguridad de Emiliano— añadió con determinación. —Y después… quiero que me acompañes".
—¿A dónde?— susurré, no me hubiera imaginado la respuesta siquiera.
—A mi casa, con mis padres— respondió con firmeza. —Ya es momento de que te conozcan, Samantha. No quiero que estés fuera de esto, ni de mí.
Me quedé inmóvil, con el corazón enredado entre miedo y ternura. Aquella invitación no era solo una presentación familiar. Era un paso más profundo, un lugar en su vida, más allá de cualquier amenaza.
Lo observé en silencio, grabándome cada línea de su rostro. Y entonces supe que, aunque la tormenta recién comenzaba, no pensaba dar un paso atrás.