Diego Román siempre fue un hombre demasiado consciente de su belleza. Coqueto, encantador y famoso entre las mujeres, disfrutaba de la atención como si hubiera nacido para recibirla. Nunca tuvo novia fija porque prefería divertirse, hablar bonito y robar sonrisas donde fuera.
Pero toda su vida termina absurdamente cuando el teleférico en el que viajaba se desploma hacia el vacío.
Y la muerte… no fue el final.
Cuando despierta otra vez, ya no está en su mundo ni en su cuerpo.
Ahora es Liana Duar, la hija de una familia noble humana destinada a convertirse en la esposa del temido Rey de los Insectos, una criatura mitológica que gobierna un reino oculto lleno de seres venenosos, mariposas gigantes y monstruos alados.
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Capitulo 15 — Reino de Elyndor.
Después de la boda, Aster dejó el reino temporalmente bajo el cuidado de nobles de absoluta confianza. Vael quedó encargado de supervisar el consejo junto a otros clanes leales mientras el rey desaparecía oficialmente de Noctis por primera vez en años.
Y sinceramente, medio reino seguía sin creer que Aster Vhalzair realmente se había casado.
Mucho menos enamorado.
El viaje hacia Elyndor duró varias horas.
Liana observó todo desde el enorme carruaje real mientras las tierras nocturnas iban desapareciendo lentamente detrás de ellos. Los bosques oscuros de Noctis fueron reemplazados por caminos cubiertos de flores gigantes, lagos transparentes y árboles tan altos que parecían tocar las nubes.
Y cuando finalmente cruzaron la frontera de Elyndor…
Liana entendió por qué ese reino era famoso entre todas las especies nobles.
Era hermoso.
Las flores crecían en todas partes; sobre edificios, caminos, fuentes y hasta alrededor de las ventanas. Pétalos luminosos flotaban lentamente por el aire como si fuera algo completamente normal y las personas de Elyndor parecían sacadas de una fantasía absurda.
Todos tenían apariencia humana.
Pero también detalles florales.
Algunos poseían pequeñas ramas creciendo entre el cabello, otros tenían pétalos mezclados entre sus pestañas o marcas suaves parecidas a flores sobre la piel.
Eran demasiado bonitos.
Liana observó a una mujer pasar cerca del carruaje con rosas blancas creciendo alrededor de su cuello.
—¿Cómo compiten ustedes contra esto?
Aster levantó apenas una ceja.
—¿Contra qué?
—Míralos. Parecen modelos creados por una persona obsesionada con la belleza.
El rey soltó una pequeña risa baja.
—Y aun así sigues llamando hermoso a un insecto.
—Porque tú haces trampa.
Aster giró apenas el rostro hacia ella.
—¿Trampa?
—Sí. Tienes cara bonita, voz bonita y alas gigantes. Eso es abuso visual.
El hombre terminó riéndose de verdad esta vez.
Liana seguía sintiéndose extrañamente satisfecha cada vez que lograba hacerlo reír.
Durante los primeros días recorrieron gran parte de Elyndor. Caminaban por mercados llenos de frutas extrañas y bebidas hechas con néctar floral, visitaban jardines gigantes iluminados por flores nocturnas y descansaban dentro de palacios cubiertos completamente de enredaderas luminosas.
Por primera vez desde que había llegado a este mundo…
Liana sentía tranquilidad. No había nobles observándola.
No existían reuniones eternas.
Nadie cuestionaba si merecía estar junto a Aster.
Eran simplemente ellos dos.
Y eso cambió muchas cosas.
Aster también parecía diferente lejos de Noctis.
Ahora la tocaba naturalmente frente a otros sin importarle quién estuviera mirando; una mano en su cintura mientras caminaban, dedos entrelazados durante cenas tranquilas o abrazos silenciosos cuando descansaban juntos en las noches.
Y Liana dejó de tensarse cada vez que él se acercaba demasiado.
Porque ya no sentía miedo.
Una noche, Liana observó el paisaje unos segundos antes de hablar.
—Esto parece demasiado perfecto.
Aster caminaba a su lado tranquilamente.
—¿Eso te molesta?
—Un poco. Siento que algo malo va a pasar.
—Estás acostumbrada al caos.
—Culpa tuya.
El rey la miró apenas divertido.
—La mayoría de tus problemas los provocas tú misma.
—Y aun así me quieres.
Silencio.
Aster bajó apenas la mirada hacia ella. A esas alturas ya no había duda de eso.
El hombre levantó una mano acomodándole suavemente algunos mechones rojos detrás de la oreja.
—Sí. Demasiado.
Seguía diciendo esas cosas con una tranquilidad peligrosa.
Liana desvió apenas la mirada sintiendo calor en el rostro.
Y Aster sonrió apenas al notarlo.
Aquella noche regresaron tarde a la habitación.
El enorme dormitorio estaba cubierto de flores blancas brillando suavemente entre las paredes y el aroma dulce del reino floral llenaba el ambiente.
Liana apenas alcanzó a quitarse algunos accesorios antes de sentir los brazos de Aster rodeando lentamente su cintura desde atrás.
—¿Otra vez nerviosa? —preguntó él cerca de su oído.
Ella soltó una pequeña risa cansada.
—Ya no tanto.
El rey apoyó lentamente el rostro cerca de su cuello.
—Mentira.
—Cállate.
Aster sonrió apenas.
Luego la giró lentamente hacia él.
Y esta vez…
Liana no retrocedió.
Porque ya estaba cansada de fingir que no lo deseaba también. Extrañamente lo deseaba.
Lo besó primero.
Y eso pareció romper completamente la paciencia del rey.
Aquella noche desapareció la distancia que todavía existía entre ambos desde que se conocieron. Ya no había nervios incómodos ni dudas escondidas detrás de bromas.
Aster yacía en la cama, cubriendo su piel desnuda con pétalos. Su corazón palpitaba con fuerza en su pecho, lleno de emoción y deseo por su recién esposa Liana. Aunque lo ocultaba con una risa perversa.
—Ven. Es hora de cumplir mi palabra y comerte.
—Oh... Era eso lo de aquella vez.
Liana se acercó a él, su cuerpo desnudo rozando el suyo. Podía sentir su piel suave y cálida contra la suya propia, enviando escalofríos por su columna. Sus alas de mariposa se abrieron automáticamente, moviéndose levemente con cada roce.
Ella se sentó a horcajadas sobre él, mirándolo con ojos llenos de lujuria y amor. Aster la recorrió con la mirada, adorando cada centímetro de su cuerpo. Sus manos se deslizaron por sus costados, sintiendo la curva de su cintura y la redondez de sus caderas.
Liana se veía segura de esto. Y lo está. Porque en su cabeza se repetía una y otra vez que no le dolería tanto.
Ella se inclinó hacia adelante, presionando sus pechos contra su torso. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, sus lenguas danzando juntas en una sinfonía. Aster podía saborear su dulzura, su esencia única que lo embriagaba.
Sus manos exploraron más, bajando por su espalda hasta llegar a su trasero. Lo agarró firmemente, apretando y masajeando mientras ella se frotaba contra él. Podía sentir su miembro presionando contra su estómago.
Algo que le hizo estremecer un poco. Creyó estar preparada. Se detuvo a medio beso.
—¿Que ocurre?
—Eh... esto... No. ¡Yo puedo!
—¿Liana?
Liana se levantó un poco, alineando su entrada. Se sentó lentamente, gimiendo cuando lo sintió entrar en ella.
El dolor era diferente. Ligado al masoquismo y placer.
Sí, era diferente a lo que pensó, pero no fue peor de lo que imaginó.
Aster soltó un gruñido de placer, deleitándose con la sensación de sus paredes apretadas envolviéndolo.
Liana respiró profundo. Comenzó a moverse, montándolo con un ritmo constante. Sus pechos rebotaban con cada embestida, fascinando a Aster. Se inclinó hacia adelante, atrapando un pezón entre sus labios y chupando con avidez.
Las manos de Liana se aferraron a sus hombros, sus uñas clavándose en su piel mientras se balanceaba sobre él. Podía sentirla tensarse, acercándose al clímax. Aceleró sus empujes, entrando y saliendo de ella con más fuerza y rapidez.
Con un grito agudo, Liana llegó al punto, su cuerpo estremeciéndose sobre el de él. Aster la siguió un momento después.
Aster la miraba con ojos oscurecidos por la lujuria, su cuerpo tenso y listo para tomarla de nuevo. Liana se estremeció ante la intensidad de su mirada.
La volteó sobre la cama, su pecho presionando contra el colchón mientras él se movía detrás de ella. Podía sentirlo por esa parte.
—Aster... espera podemos hacerlo en el siguiente turno... déjame prepararme mentalmente.
—Confia en mí.
Le levantó las caderas, alineando su entrada. Se deslizó dentro de ella de una sola embestida, llenándola por completo. Liana gritó ante la sensación, su cuerpo amoldándose a su alrededor.
Comenzó a moverse, sus estocadas largas y profundas mientras la tomaba por detrás. Una mano se deslizó debajo de ella, encontrando su intimidad y frotándolo en círculos lentos.
Liana podía sentir su cuerpo tensarse, su placer construyéndose rápidamente mientras él la tomaba de una manera nueva y excitante.
Aster se inclinó hacia adelante, sus labios rozando su oído mientras empujaba dentro de ella.
—Te sientes tan bien ¿no?— gruñó, mordisqueando su hombro.
Sus palabras enviaron escalofríos por la espina dorsal de Liana, su excitación aumentando a nuevas alturas. Se agarró a las sábanas, sus uñas clavándose en el material mientras él continuaba entrando y saliendo de ella.
Podía sentir su cuerpo acercándose al límite una vez más. Pero quería más, quería probar que podía darle tanto como él le daba a ella.
Así que aguanto más de los debido. Sus pechos rebotaban con cada descarga, el sudor corriendo por su piel mientras se entregaba al placer.
Aster dejó escapar un jadeo cuando sintió su cuerpo tensarse. Hasta que sus alas se desplegaron al llegar al límite junto con ella.
Luego Aster la envolvió en sus brazos, acunándola contra él mientras recuperaban el aliento.
Liana suspiró feliz, saboreando la sensación de su cuerpo unido al suyo. Se desplomaron juntos en la cama, acurrucados en los brazos del otro. Aster besó suavemente su frente, mirándola con amor y adoración.
Él dice contento.
—En cinco minutos lo haremos otra vez.
—¡¿Tan rápido?!
—Por supuesto. Hay que sacarle provecho a nuestra luna de miel.
Después de eso…
Todo cambió.
La manera en que Aster la miraba.
La forma en que Liana buscaba naturalmente su cercanía.
La tranquilidad que existía entre ambos incluso cuando no hablaban.
Ahora realmente parecían marido y mujer.
Y sinceramente…
Liana ya no podía imaginar su vida lejos de él.
Pasaron varios días más dentro de Elyndor antes de decidir regresar finalmente a Noctis.
El carruaje real avanzaba atravesando los últimos territorios florales mientras Liana descansaba apoyada contra uno de los asientos.
Aster estaba frente a ella revisando algunos documentos que Vael había enviado desde el reino.
Liana lo observó unos segundos.
—¿Sabes qué odio?
—Muchas cosas.
—Tu personalidad empeora cuando tienes razón.
El rey soltó una pequeña risa.
Y justo en ese momento…
El carruaje se detuvo violentamente.
El sonido de madera rompiéndose atravesó el aire.
Liana apenas logró sostenerse antes de sentir algo golpeando el vehículo desde afuera.
Entonces enormes tallos de rosas atravesaron el camino envolviendo completamente el carruaje real.
Los insectos gigantes comenzaron a alterarse inmediatamente.
Aster se levantó al instante.
Las motas moradas dentro de sus alas brillaron intensamente.
—Ven a mi lado, Liana.
La voz del rey cambió completamente. Liana sintió el ambiente tensarse en segundos.
Algo estaba muy mal.
Porque las especies florales jamás atacaban así.
El carruaje volvió a sacudirse violentamente.
Entonces gigantescos tallos atravesaron las puertas separándolos brutalmente.
—¡Aster!
Uno de los tallos atrapó el brazo de Liana jalándola hacia atrás mientras otros rodeaban completamente al rey.
Y antes de que pudiera reaccionar.
El carruaje terminó destrozándose alrededor de ellos.
Mejor quedate calladita