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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

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El Santuario de Hielo

El viaje a través de las fronteras europeas como sombras fue una prueba de resistencia que Valeria nunca habría imaginado en su vida anterior. Pasaron de pesqueros a camiones de carga, y finalmente a un tren nocturno que serpenteaba por los valles nevados de Suiza. Sin sus tarjetas de crédito, sin su estatus de magnate, Valeria se sentía más conectada que nunca con la realidad cruda de la supervivencia. Adrián, a pesar de su origen aristocrático, demostró una capacidad de adaptación que sorprendió a Valeria; era un hombre de recursos, no solo de fortuna.

Llegaron a la ciudad de Sion bajo una nevada que cubría los antiguos castillos de Valère y Tourbillon con un manto de silencio blanco. El frío era punzante, un recordatorio de que estaban en el territorio de las montañas eternas, lejos de la calidez artificial de las salas de juntas.

—Las coordenadas nos llevan más arriba —dijo Adrián, consultando un mapa físico que había comprado en la estación para evitar el rastreo digital—. Hacia el Val d'Hérens. Necesitaremos un guía o un vehículo que pueda subir por pistas no asfaltadas.

Caminaron por las calles empedradas hasta encontrar una pequeña taberna en las afueras. Allí, un hombre con el rostro curtido y una barba canosa los esperaba junto a un viejo todoterreno militar.

—¿El viento del norte? —preguntó el hombre, mirándolos con sospecha.

—Traigo la luz dentro de la sombra —respondió Valeria, mostrando discretamente el relicario.

El hombre asintió y les abrió la puerta del vehículo. —Súbanse. El camino es largo y las patrullas del Círculo han estado barriendo la zona con drones desde hace dos días. Parece que saben que alguien viene a casa.

El ascenso fue una danza peligrosa al borde de abismos profundos. El motor del todoterreno rugía mientras luchaba contra la pendiente y la nieve acumulada. Valeria miraba por la ventana las cumbres que se alzaban como gigantes dormidos. En algún lugar de esa inmensidad blanca estaba el secreto que había definido su vida, su muerte y su renacimiento.

—Hemos llegado —dijo el guía, deteniéndose frente a una pared de roca sólida que parecía no tener salida—. El resto es a pie.

Bajaron del coche y caminaron unos cien metros hasta una fisura natural en la roca. Detrás de un saliente, casi invisible a simple vista, había una pequeña consola de metal integrada en la piedra. Valeria sacó el relicario y lo acercó al sensor.

El cristal negro pulsó con una luz azul intensa. Un escáner biométrico invisible barrió el rostro de Valeria.

—*Acceso reconocido. Bienvenida, Proyecto Fénix 01* —dijo una voz sintética que hizo que a Valeria se le erizara la piel. Era la voz de su madre.

La pared de roca se deslizó hacia un lado con un susurro hidráulico, revelando un túnel iluminado por luces LED de tono cálido. Al entrar, la puerta se cerró tras ellos, sellándolos en un mundo de silencio y tecnología avanzada.

Caminaron por el túnel hasta llegar a un inmenso laboratorio subterráneo. Era el verdadero "sótano de los secretos". No era una oficina vieja, sino una instalación científica de vanguardia que parecía sacada de un futuro que el mundo exterior aún no conocía. Había tanques criogénicos, servidores que emitían un zumbido constante y paredes cubiertas de pantallas con datos genéticos y neuronales.

—Valeria... mira esto —susurró Adrián, señalando una pantalla central.

En la pantalla había un diagrama del cerebro humano, pero con una serie de puntos de luz que formaban una red compleja. El título en la parte superior era: *Transferencia de Conciencia Cuántica - Protocolo Reencarnación*.

Valeria se acercó a la mesa principal. Había un cuaderno de notas, pero este no era de su padre. Era de su madre, Elena Soler. Al abrirlo, Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

*"14 de mayo de hace veinticinco años. El Círculo ha decidido que la tecnología de Inmortalidad Neural es demasiado poderosa para ser compartida. Quieren usarla para crear una élite eterna. Alberto y yo hemos decidido que si no podemos destruirla, debemos esconderla en el único lugar donde no pueden tocarla: en el código genético de nuestra propia hija."*

Valeria pasó las páginas con desesperación, sus ojos devorando cada palabra.

*"Valeria es el contenedor. Ella lleva la Llave en su ADN. Si ella muere de forma prematura debido a la interferencia del Círculo, el Protocolo Fénix se activará automáticamente. Su conciencia no se perderá; será proyectada hacia un punto en el pasado cercano, usando el entrelazamiento cuántico de sus propios recuerdos. No es un milagro, es ciencia. Es mi regalo de despedida para ella, para que tenga una segunda oportunidad de ganar la guerra que nosotros estamos perdiendo."*

Valeria cayó de rodillas, las lágrimas fluyendo sin control. —No fue un milagro... no fue una segunda oportunidad del destino... fue ella. Mi madre me salvó antes incluso de que yo supiera que iba a morir.

Adrián se arrodilló a su lado, abrazándola con fuerza. —Ella te dio la ventaja definitiva, Valeria. El conocimiento de lo que vendría. Pero el Círculo lo sabía. Julián fue enviado para asegurarse de que murieras de la forma 'correcta', para que pudieran capturar tu conciencia durante la transferencia.

—Pero algo falló —dijo Valeria, secándose las lágrimas con rabia—. Mi padre me dio el relicario. El relicario actuó como un ancla, impidiendo que el Círculo interceptara mi señal. Por eso desperté tres años antes. No pudieron capturarme.

En ese momento, una de las pantallas se iluminó con una imagen de video. No era un registro antiguo. Era una transmisión en directo.

En la pantalla apareció una habitación blanca, similar a una celda de hospital de lujo. En el centro, sentada en una silla de ruedas y mirando por una ventana que mostraba las mismas montañas suizas, estaba una mujer mayor, con el cabello canoso pero con los mismos ojos que Valeria veía cada mañana en el espejo.

—¿Mamá? —susurró Valeria.

La mujer en la pantalla no se giró, pero su mano se movió ligeramente sobre el reposabrazos.

—*Sabía que vendrías, hija mía* —dijo la voz de la mujer a través de los altavoces del laboratorio. No era la voz sintética de antes; era una voz cansada, llena de años de soledad, pero cargada de un amor infinito.

—¿Estás viva? —gritó Valeria hacia la pantalla—. ¿Dónde estás? ¡Iremos por ti!

—*Estoy en el corazón de Sion, Valeria. Pero no soy una prisionera del Círculo... soy el precio que tu padre pagó por tu seguridad. Yo me quedé aquí para que ellos creyeran que el Proyecto Fénix había muerto conmigo.*

De repente, la transmisión se llenó de estática. El rostro de Luciano Soler apareció en una pequeña ventana secundaria en la esquina de la pantalla.

—Qué emotivo —dijo Luciano, su voz sonando distorsionada pero clara—. Realmente habéis hecho un gran trabajo encontrando el santuario. Nos habéis ahorrado semanas de excavaciones.

Valeria se levantó, su mirada volviéndose de acero. —Luciano. ¿Qué has hecho con ella?

—Tu madre es una invitada de honor del Círculo, Valeria. Pero su tiempo se agota. La tecnología que mantiene su cuerpo con vida depende de la energía del laboratorio en el que estás ahora. —Luciano sonrió, una sonrisa que era puro veneno—. Si no activas la transferencia total de los datos de Aether Neural a nuestros servidores en los próximos diez minutos, el sistema de soporte vital de Elena Soler se apagará.

—¡No te atreverás! —gritó Adrián—. Si ella muere, pierdes la clave para entender el Proyecto.

—Ya no necesito la clave —dijo Luciano—. Porque ahora tengo a Valeria. Ella es la clave viva. Así que, ¿qué eliges, prima? ¿La vida de la madre que acabas de encontrar, o el secreto que tu padre dio su vida por proteger?

Valeria miró a su alrededor. Vio las consolas, los servidores, la historia de su vida escrita en códigos y luces. Vio a Adrián, el hombre que la amaba y que estaba dispuesto a morir por ella. Y vio, en la pantalla que parpadeaba, la silueta de la mujer que se había sacrificado por ella hacía veinticinco años.

—Tienes diez minutos, Valeria —repitió Luciano—. El reloj de arena está corriendo. Y te aseguro que el Círculo de los Doce no acepta devoluciones.

Valeria miró a Adrián. Él asintió, su mano buscando la de ella.

—Haremos lo que tengamos que hacer, Valeria —susurró Adrián—. Pero no dejes que te rompa. Tú eres el Fénix. Y el fénix siempre encuentra una forma de arder sin consumirse.

Valeria se acercó a la consola central. Sus dedos acariciaron el metal frío. Recordó su muerte anterior, el veneno en su garganta, la risa de Julián. Y recordó su despertar, la luz de la mañana, la segunda oportunidad.

No era solo su vida lo que estaba en juego. Era el futuro de la humanidad, el derecho a que la ciencia no fuera propiedad de unos pocos "elegidos" del Círculo.

—Luciano —dijo Valeria, su voz sonando con una autoridad que hizo que incluso la imagen del hombre en la pantalla parpadeara—. Tú crees que tienes el control porque tienes a mi madre. Pero te olvidas de una cosa: yo ya sé cómo termina esta historia.

Valeria empezó a teclear, pero no era el código de transferencia. Era algo diferente. Algo que había visto en los archivos ocultos del diario de su padre, un protocolo llamado *Gambito de la Reina*.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Luciano, su tono perdiendo la arrogancia—. ¡Detente! ¡Ese no es el código de acceso!

—No, Luciano. —Valeria lo miró directamente a la cámara—. Es el código de liberación. Si mi madre muere, Sion se autodestruirá contigo dentro. Pero si me dejas hablar con ella, tal vez te cuente el secreto que te permitirá ser el número uno del Círculo.

Luciano dudó. La ambición, ese rasgo que Valeria conocía tan bien, empezó a nublar su juicio. Él no solo quería el Proyecto; quería el poder absoluto sobre los otros once miembros del Círculo.

—Tienes un minuto —dijo Luciano—. Habla con ella. Pero si intentas algo, apretaré el botón.

Valeria se giró hacia la pantalla principal. La imagen de su madre se aclaró.

—Mamá... escúchame bien —susurró Valeria, usando un dialecto local que su padre le había enseñado de niña, un código que el Círculo no podría traducir de inmediato—. El fénix no necesita nido para volar. La sombra es el camino.

Elena Soler levantó la cabeza. Por primera vez, miró directamente a la cámara. Sus ojos brillaron con un entendimiento súbito. Asintió casi imperceptiblemente.

—*Entiendo, Valeria. Ve. Haz lo que debas.*

En ese momento, Valeria pulsó la tecla 'Enter'.

Las luces del laboratorio se volvieron rojas. Una sirena de alarma empezó a sonar.

—¡¿Qué has hecho?! —gritó Luciano—. ¡El sistema se está bloqueando!

—He iniciado la transferencia, Luciano —mintió Valeria, mientras le hacía una señal a Adrián para que corriera hacia la salida trasera—. Pero la transferencia es tan pesada que ha sobrecargado el nodo central de Sion. Tienes que salir de ahí si no quieres que el sistema te fría el cerebro.

—¡Maldita seas, Valeria! —Luciano desapareció de la pantalla.

Valeria y Adrián corrieron hacia el final del laboratorio, donde una puerta de emergencia conducía a una galería de hielo natural.

—¿A dónde vamos? —preguntó Adrián, jadeando por la falta de aire en la altura.

—A por ella —dijo Valeria—. El código que introduje no era una autodestrucción. Era un protocolo de liberación de todas las puertas magnéticas de Sion. Mi madre ya no está encerrada. Y nosotros vamos a sacarla de allí antes de que el Círculo se dé cuenta de que el "Gambito de la Reina" era solo un farol.

Salieron a la noche alpina, con la nieve azotándoles el rostro. Detrás de ellos, la montaña vibraba por la energía del laboratorio. Delante de ellos, en un complejo de edificios ocultos por la bruma, estaba la mujer que Valeria había creído muerta durante veinticinco años.

La guerra contra el Círculo de los Doce acababa de subir de nivel. Ya no se trataba de empresas o de dinero. Se trataba de recuperar a su madre y de evitar que la ciencia de la reencarnación cayera en las manos de los tiranos.

Y Valeria Soler, con el relicario brillando en su cuello, sentía que por fin, después de dos vidas, estaba completa.

Continuará...

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