En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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Furia de alquimista
El aire en la biblioteca se volvió denso, cargado con una electricidad que hacía que el vello de los brazos de Karl se erizara. Selene no solo había roto las cadenas; las estaba reclamando. Los fragmentos de plata que alfombraban el suelo comenzaron a levitar, girando alrededor de ella como un enjambre de avispas metálicas.
-¡Atrás!- rugió Karl a sus hombres, que emergían de las sombras con rifles cargados de munición bendita.
Karl disparó su ballesta. El perno de cristal voló con precisión quirúrgica hacia el hombro de Selene, pero antes de impactar, una cinta de plata líquida surgió de la mano de ella, interceptando el proyectil en el aire y pulverizándolo.
-Ya no soy tu presa, Karl- la voz de Selene sonaba distorsionada, como si miles de susurros antiguos hablaran a través de ella.
Con un movimiento fluido, Selene extendió los brazos. La plata suspendida salió disparada hacia los cazadores. No buscaba matarlos, sino desarmarlos. Las armas de los Venatores fueron envueltas por el metal líquido, fundiéndose instantáneamente en sus manos. Gritos de dolor y sorpresa llenaron el recinto mientras los cazadores retrocedían ante una fuerza que no comprendían.
Alex, recuperado del aturdimiento, intentó acercarse a ella -¡Selene, detente! Estás quemando el oxígeno de la sala. Si sigues así, colapsarás-
Pero Selene no podía oírlo. El poder de los Argentum era como un río helado que inundaba sus venas, barriendo cualquier rastro de humanidad. Sus ojos de mercurio se fijaron en Karl, quien, desesperado, sacó un antiguo relicario de plata pura de su cuello.
-¡Si eres una de ellos, entonces arde con esto!- gritó Karl, abriendo el relicario, que emitió una luz blanca insoportable, una frecuencia diseñada para desintegrar la esencia de los alquimistas.
La luz del relicario chocó contra el aura de Selene, creando una explosión de energía que lanzó a Leo y Alex contra las estanterías, sepultándolos bajo toneladas de libros antiguos.
Selene cayó de rodillas, sintiendo por primera vez que su propio poder se volvía en su contra. La plata a su alrededor comenzó a volverse negra, corrompida por la luz del relicario de Karl. Su piel empezó a resquebrajarse como porcelana fina, revelando un brillo plateado debajo de la epidermis.
-¡Es el fin de tu estirpe, "Llave"!- Karl avanzó, sacando un cuchillo de combate cuya hoja estaba grabada con runas de contención -Tu sangre servirá para ungir a una nueva generación de cazadores-
Justo cuando Karl levantaba el arma para asestar un golpe no letal pero incapacitante, una sombra enorme y peluda saltó desde el techo. Un chico transformado parcialmente, con su forma de lobo emergiendo en un estallido de pelaje gris y garras, interceptó a Karl, derribándolo contra una mesa de lectura.
Al mismo tiempo, Alex apareció al lado de Selene. Sus ojos eran completamente negros, su velocidad de vampiro llevada al límite. Ignorando el dolor abrasador que la piel de Selene le causaba al contacto, la tomó en sus brazos.
-¡Tenemos que sacarla de aquí!- gritó Alex a Leo -¡Su energía está atrayendo a más de ellos!-
-¡Vayanse!- rugió el chico, forcejeando con Karl, quien le clavaba los dedos en las heridas abiertas -¡Yo los alcanzaré!-
Selene, en un momento de lucidez entre el dolor y el éxtasis del poder, extendió una mano hacia el chico. Una pequeña chispa de su plata fluyó hacia el licántropo, cubriendo su pelaje como una armadura invisible que lo hacía inmune a las quemaduras de las armas de Karl.
-Corran...- susurró Selene antes de que la oscuridad la reclamara por completo.
Alex saltó a través de uno de los ventanales altos, llevando a Selene hacia la noche lluviosa, mientras detrás de ellos, la biblioteca de la Academia Nocturna comenzaba a arder en llamas plateadas, un incendio que no se apagaría con agua, sino con el fin de una era.